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Mostrando entradas de marzo, 2012

EL MACHO

Me he despertado muy fatigado, eran las cuatro y media de la madrugada, los somníferos no hacen ya el más mínimo efecto. A las 6 de la mañana he de levantarme, coger el camión, ir a almacén y escuchar atentamente las indicaciones del patrón, me entrega una hoja de ruta con los pueblos y lugares donde he de entregar la mercancía. Cada mañana la misma historia. Mi mujer duerme muy relajada. Mis dos niños parecen dos muñecos en sus camas recién compradas. Aún no ha amanecido. La calle, silenciosa y deshabitada.
A las diez o las once de la mañana el bullicio por las aceras es más intenso, es cuando entonces empiezo a actuar: bajo la ventanilla de la cabina y grito algún piropo, para que todo el mundo me oiga, a alguna moza de culo respingón y de buenas tetas. Unas veces suena un poco cursi y meloso, otras demasiado convencional – esta palabreja la aprendí hace poco -, quiero decir que está muy visto. Procuro esforzarme en que sean algo vulgares, soeces- otra -, pero que no ofendan  a la s…

LA EJECUCIÓN

Nos encontrábamos todas las reclusas en fila india. Muy, muy apretaditas caminábamos por un estrecho túnel, íbamos avanzando con lentitud, los pies descalzos fueron amarrados con grilletes, eso creo, la oscuridad era total, los pasitos se hacían pues a la par. Durante una temporada estuvimos encerradas prácticamente sin movernos y ahora nos trasladan a esta especie de túnel metálico, yo siempre tengo a las mismas reclusas delante y detrás, no varían, parece que hemos de mantener este estricto orden. A lo lejos se oye un grito. Todas permanecemos unidas sin inmutarnos. Conforme avanzo el grito se escucha mucho mejor. Ni siento siquiera el aliento de mi compañera que sigue pegada tras de mí, seguramente petrificada por el horror. Esto es muy extraño, a medida que se avanza  el quejido que se percibe va acompañado de un inexplicable fogonazo, o por lo menos así lo he apreciado. Las tinieblas que nos envolvían se van disipando, sin embargo ese destello de luz, que en principio debería se…

CÉSAR

Me llamo César, aunque todo el mundo me llama Toby, yo desearía que  se dirigieran a mí pronunciando estas cinco letras: C-E-S-A-R, no es tan difícil. Es un nombre que me agrada. Sostengo  que no es nada complicado. Al principio yo sólamente ladraba, algo normal en un perro, pero mi dueño me encomendó la misión de cuidar a los niños mientras él  se encontraba ausente, esto no tiene una relación directa lógicamente pero sí es el inicio de mi supuesta anormalidad. Los críos se pasaban el día viendo los dibujos animados de la tele y yo los acompañaba, a menudo aparecían animales hablando, sobre todo perros, yo que me considero muy inteligente y algo terco decidí imitarlos, no me resultó complicado, simplemente consiste en  prestar atención a los sonidos que emiten y a continuación intentar pronunciarlos. Si  los humanos son capaces de imitar nuestros ladridos, nosotros, los perros, podríamos hacer lo propio con los suyos, quiero decir con su manera de pronunciar sonidos. Por eso no me ex…

LA DEPRESIÓN

Hace dos meses que convivo con Pablo, supongo que me enamoré de él porque me encontraba muy sola. Un encuentro casual en una cafetería del centro, unas miraditas, unos cigarrillos y un café. Todo parecía marchar sobre ruedas  hasta que decidimos mudarnos a un adosado a las afueras, con su jardincito, su piscina, su buhardilla, una monería. Desde el principio abrigué la esperanza de que Pablo cambiaría, que yo podría hacerle cambiar, pero ya no puedo más. Algunas veces nos sentamos a hablar tranquilamente, le hago entrar en razones, e incluso le suplico, pero él se niega en redondo, dice que él no es así, que no puede ser de otra forma. Lo que no sabe realmente es lo que me duele su actitud. Además me hace daño a conciencia, con premeditación. A veces finjo que me complace para no herirlo, pero esto ya pasa de castaño oscuro. Estoy entrando en una espiral de insatisfacción y de conformismo que no me conduce a ninguna parte, creo que debo empezar a pensar en mí misma. Pablo es atento, r…

EL LUDÓPATA

Después de mucho pensar puedo llegar a explicarme mínimamente qué hago dentro de esta caja de cartón. Todo está oscuro y han abierto una pequeña rendija, a modo de respiradero, por la que se cuela algo de claridad. Estoy rendida por el traqueteo y el vaivén, por lo que deduzco que me transportan en alguna camioneta de mala muerte a algún lugar, espero que sea relativamente cercano, pues como me encuentro en posición fetal el dolor de rabadilla está siendo insoportable, además yo siempre he padecido de la espalda.     Llevo veinte años de casada, felizmente casada me atrevería a asegurar, pero estos dos últimos años han sido bastante atípicos. Mi marido empezó a jugar de forma infantil en las máquinas tragaperras, nada, una minucia, ya que solía echar las monedas que nos sobraban un domingo por la tarde después de tomarnos unas cervezas en el bar de la esquina. Cuando me quise dar cuenta acudía todas las noches al bingo y en qué nos veíamos de llegar al final de mes con su ridícula paga…

LA RATA

Les aseguro que no me había percatado de que convivía con una rata hasta que una tarde de siesta la sentí hurgar en los bolsillos de mis pantalones, que había dejado bien doblados encima de la silla del dormitorio. El ruido metálico que produjeron las monedas al caer sobre el suelo me despertó de súbito. Entonces la vi, aprecié perfectamente su lomo y su pelaje marrón verdoso y su hocico peludo, y sus ojos vidriosos y puntiagudos que me miraban desafiantes antes de escabullirse por la puerta entreabierta. Desde ese preciso momento la escucho trastear en las habitaciones de arriba, incluso alguna noche he creído percibir entre sueños sus agudos chillidos. Cada día se iba transformando en un ser mucho más esquivo y rencoroso, siempre acechándome desde algún rincón. Alguna vez, mientras veía la televisión, sentía su presencia tras de mí, pero al volverme se marchaba para no ser vista emitiendo un grito estremecedor. Su imagen se ha convertido para mí en una angustiosa obsesión. No dejo d…

LA INVITADA

Me abrieron la puerta una calurosa tarde de verano, iba acompañada por un grupo de amigos. Qué inexplicable sensación de bienestar experimenté al abandonar aquella tarde bochornosa del mes de agosto, asfixiante. Entramos, es verdad, con muy mala educación, casi atropelladamente. Sin saludar, me dispuse a recorrer la fantástica casa que me iba a acoger, de habitaciones confortables y de recatada decoración, se disponía en dos plantas, la de arriba reservada a los dormitorios. Después de este primer vistazo regresé al salón, donde fui contactando con todos los miembros de la familia. El niño pequeño era mucho más complaciente que el resto, se dejó besar varias veces en la mejilla sin protestar. Expresé tímidamente mi queja por la alta potencia del aire acondicionado, mi garganta suele resentirse con frecuencia ante estos vientos polares, máxime cuando huyes de los despiadados cuarenta grados del exterior. Cómo me relamía ante la suculenta merienda que habían preparado, dulces con chocola…

EL MIRLO BLANCO

Solitario vivía en un decrépito monasterio cisterciense, abandonado sobre una pradera árida en donde no brotaba ni el esparto. Los muros del románico edificio resquebrajábanse diariamente y los arcos, que en un tiempo eran de medio punto con bóvedas nervadas, se iban desmoronando hasta quedar tan sólo el espíritu de su forma; él mismo simbolizaba la imagen de su morada.     Durante más de medio siglo permanece en el templo, nadie lo conoce ni sabe de su existencia, proviene de un remotísimo lugar, olvidado en la memoria de los tiempos. Es un ser esquivo y huidizo, ni feliz ni desdichado pues nunca se topó con un ser humano. El mundo se limitaba a tres elementos esenciales: él, su templo fantasmal y su llanura desértica. De aspecto simiesco y cuasifélido, cuadrúpedo, los ojos desorbitados y cubierto de pelo; en sus sarmentosas pezuñas se amontonaban uñas largas y afiladas como dalles que removían la tierra para buscar alimento: reptiles y bichos alados. Su plato favorito era la pechuga …

El espejo de Nostradamus

I. El aniversario - Cariño, he de contarte algo, es muy serio, pero por favor no te alteres, llevo meditándolo mucho tiempo y no he encontrado el momento oportuno. Yo siempre te he amado, de eso nunca tengas  duda alguna pero ya no te siento como antes, quiero decir que mis sentimientos han cambiado, que no me sobrecojo cuando me tocas, es más, huyo del momento en que vamos a hacer el amor, ya lo habrás notado, pongo montones de excusas: el cansancio, las preocupaciones, la enfermedad de mi padre…pero no se trata de eso, sino que ya no te amo, es duro decirlo y quiero que valores el esfuerzo que estoy haciendo para decirte todo esto cara a cara. Ya no me atraes como antes, no te deseo, así de simple, pero te quiero, eso lo tengo mucho más claro, pero no puedo seguir engañándote más, ni engañándome a mí mismo. Miro a otras mujeres y me recreo en sus cuerpos, todas me parecen lujuriosas y apetecibles  y alguna que otra vez he tenido algún desliz, incluso me he acostado con amigas tuyas q…