Lo funesto
Intento mantener las distancias y no dejarme abducir por nadie, y quizá por eso me sacuden desde ambos extremos. Cuando nuestro presidente logró aquella histórica moción de censura, ¡vive Dios que lo celebré! Era como el salvador de la putrefacción y la injusticia. El mesías de nuestra denigrante sociedad. Detesto la corrupción y el mamoneo con todas mis fuerzas. Siempre pienso en quienes madrugan y trabajan como mulos por un sueldo miserable, mientras otros desalmados roban sin pudor y viven como reyes. A veces dan ganas de prender fuego a tanto sinvergüenza: se justifican, lo niegan… y jamás devuelven lo robado. Lo que más me revienta es ese nutrido grupo de votantes abducidos que mira hacia otro lado y se refugia en el vomitivo “y tú más”, permitiendo así que sus corruptos favoritos sigan campando a sus anchas. Antes veía a los conservadores votar a los suyos pasara lo que pasara; ahora los progres hacen exactamente lo mismo. Y, como progre confeso, siento tal vergüenza y dece...