Gente rara José Luis Raya A lo largo de la vida va uno topándose con gente rara y, como un servidor profesa cierta debilidad por lo extravagante, lo original y cuanto se aparta del común rebaño, se arroja a la piscina aun cuando sospeche que el agua escasea y, si menester fuere, nada contra la corriente. Bien pudiera decirse que estos singulares especímenes son materia prima de novela: personajes que la vida, más pródiga en disparates que la literatura, pone al alcance de mi curiosidad. De ahí que me acerque, observe, pregunte, indague y me entrometa acaso más de lo prudente, hasta que la curiosidad, que es virtud cuando se ejerce con mesura y vicio cuando se practica sin ella, acaba cobrando su tributo: distancias, bloqueos, silencios, saludos retirados y alguna amenaza de esas que vienen disfrazadas de inocencia, pero traen colmillos. Es la gente rara, o tóxica, que tanto monta, de la que el prójimo huye como de la peste y a la que conviene señalarle las lindes con...
El mayor espectáculo del mundo José Luis Raya Al final, las redes sociales se han convertido en el mayor espectáculo del mundo, y lo más extraordinario es que nadie reconoce haber comprado la entrada. Uno abre el teléfono para consultar cualquier tontería y, sin comerlo ni beberlo, se encuentra con el último parte médico de una persona a la que apenas saluda dos veces al año, con la crónica detallada del abandono sufrido por una antigua compañera de trabajo, con la descripción exacta de la ansiedad de un primo segundo o con la fotografía de alguien tumbado en la cama de un hospital, con el ceño fruncido y una pulsera en la muñeca, acompañada del inevitable mensaje: «Necesito toda vuestra energía». Y entonces se produce el milagro. Todos nos convertimos a la vez en familiares, psicólogos, sacerdotes, epidemiólogos, oncólogos, jueces, detectives y expertos en traiciones sentimentales. Preguntamos qué ha sucedido, enviamos corazones, prometemos oraciones y, mientras tanto, nos a...