Mi última oportunidad
Cuando ya estás harto de rebajarte He tenido varios amigos a quienes, presuntamente, les he fallado. Curiosa conclusión cuando uno se limita a preguntar qué está pasando, por qué los desplantes, los silencios, las pequeñas traiciones o ese desprecio dosificado que parece administrarse con exquisita precisión. Pero claro, responder tiene sus riesgos: el que te ofende se siente ofendido, el que te ningunea se considera atacado y el que te hace daño termina reclamando explicaciones por tu reacción. El arte de darle la vuelta a la tortilla alcanza en algunas personas niveles admirables, casi de premio nacional al victimismo. He conocido a tres que lo dominan con una soltura envidiable. Y lo peor no es su habilidad para presentarse como víctimas, sino que uno, después de haberlas apreciado de verdad, termina revisando sus propias palabras, cuestionándose sus actos y sintiéndose culpable por haber preguntado qué demonios estaba pasando. Al parecer, la amistad consiste en aguanta...