Intolerancias
Hay quienes sienten la vocación irrefrenable de ejercer de santos inquisidores, convencidos de que el mundo necesita urgentemente ser salvado…por ellos. Se erigen en guardianes de la decencia moral y ética ajena: de la suya, por supuesto. Y, de paso, blindan su ideología como si fuera dogma revelado. Pululan por los extremos con la devoción de un misionero y, en un alarde de caridad mal entendida, intentan reconducir a las ovejas descarriadas que no balan al compás correcto. El terreno moderado, ese espacio incómodo donde se contrastan ideas y se aceptan matices, les resulta impracticable. Quienes transitamos por ahí solemos recibir algún exabrupto gratuito, cortesía de su miopía militante: gafas graduadas por la intolerancia, el desprecio y la pereza intelectual. Incapaces de percibir la diversidad o la gama de grises, reducen la vida a un tablero binario: blanco o negro. Sin degradados. Sin dudas. Sin matices. Aquel afable compañero (afable hasta que dejabas de asentir) se ab...









