sof_ÍA
sofÍA José Luis Raya La inteligencia artificial ha dejado de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en una presencia cotidiana, discreta y eficaz. Consultamos dudas, corregimos textos, generamos imágenes o buscamos ideas con una naturalidad que hace apenas unos años habría parecido exagerada. Su utilidad resulta indiscutible y quizá ahí resida precisamente el origen de cierta fascinación contemporánea. Como toda herramienta cómoda, termina ocupando espacios que antes pertenecían exclusivamente al esfuerzo personal. Las imágenes creadas mediante IA todavía conservan, en muchos casos, una frialdad reconocible, una perfección demasiado geométrica, casi inmóvil; con la música, en cambio, las fronteras empiezan a desdibujarse con mayor facilidad. Existen ya voces impecables, armonías exactas y composiciones emocionalmente calculadas que circulan entre nosotros sin provocar extrañeza alguna. Tal vez porque el oído se acostumbra antes que la mirada. En los textos sucede algo...









