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Demagogia

 DEMAGOGIA José Luis Raya Estoy hastiado de que cada crisis, cada problema o cada problemón termine convertido en una competición entre izquierdas y derechas. Parece que ya no somos capaces de analizar un incendio, una inundación, una avalancha humana o cualquier otra desgracia sin preguntarnos primero a quién beneficia políticamente y contra quién podemos utilizarla. Las crisis no tienen ideología; ni los incendios, ni las inundaciones, ni las tragedias migratorias. Lo que debe juzgarse son las soluciones que se aplican —o, mejor dicho, las no soluciones y las políticas de brazos caídos—, independientemente del signo político del Gobierno que esté en el poder. Y resulta que este Gobierno está demostrando una ineptitud preocupante, una incapacidad que puede terminar llevando al PSOE a niveles del betún. Pero lo más paradójico es que sois vosotros, con vuestra demagogia y vuestro empeño en convertir cualquier tragedia en una batalla partidista, quienes estáis poniendo la alfombra ro...
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Crisis

  Crisis, what Crisis? Pepe Raya Por supuesto que hay que ayudar a quien lo necesita. A quienes piden asilo, a quien tiene hambre, sed o carece de un lugar donde dormir. La solidaridad y la humanidad no deberían estar en discusión. Pero ayudar no significa aceptar el desorden, la improvisación ni que una ciudad entera tenga que cargar durante semanas con una situación que corresponde afrontar al Estado. Lo ocurrido en Ceuta puede calificarse de muchas maneras. Podemos discutir si «invasión», «avalancha» u «oleada» son términos adecuados, porque las palabras tienen también una carga política y emocional. Pero mientras discutimos la semántica, la realidad permanece: Marruecos traslada el problema a la frontera española y quienes terminan soportando buena parte de sus consecuencias son los ciudadanos de Ceuta, sus instituciones y, especialmente, quienes tienen que gestionar sobre el terreno una situación extraordinaria. Lo verdaderamente preocupante es la respuesta política. O, mejo...

Gente rara

  Gente rara José Luis Raya   A lo largo de la vida va uno topándose con gente rara y, como un servidor profesa cierta debilidad por lo extravagante, lo original y cuanto se aparta del común rebaño, se arroja a la piscina aun cuando sospeche que el agua escasea y, si menester fuere, nada contra la corriente. Bien pudiera decirse que estos singulares especímenes son materia prima de novela: personajes que la vida, más pródiga en disparates que la literatura, pone al alcance de mi curiosidad. De ahí que me acerque, observe, pregunte, indague y me entrometa acaso más de lo prudente, hasta que la curiosidad, que es virtud cuando se ejerce con mesura y vicio cuando se practica sin ella, acaba cobrando su tributo: distancias, bloqueos, silencios, saludos retirados y alguna amenaza de esas que vienen disfrazadas de inocencia, pero traen colmillos. Es la gente rara, o tóxica, que tanto monta, de la que el prójimo huye como de la peste y a la que conviene señalarle las lindes con...

Señoras y señores...

  El mayor espectáculo del mundo José Luis Raya Al final, las redes sociales se han convertido en el mayor espectáculo del mundo, y lo más extraordinario es que nadie reconoce haber comprado la entrada. Uno abre el teléfono para consultar cualquier tontería y, sin comerlo ni beberlo, se encuentra con el último parte médico de una persona a la que apenas saluda dos veces al año, con la crónica detallada del abandono sufrido por una antigua compañera de trabajo, con la descripción exacta de la ansiedad de un primo segundo o con la fotografía de alguien tumbado en la cama de un hospital, con el ceño fruncido y una pulsera en la muñeca, acompañada del inevitable mensaje: «Necesito toda vuestra energía». Y entonces se produce el milagro. Todos nos convertimos a la vez en familiares, psicólogos, sacerdotes, epidemiólogos, oncólogos, jueces, detectives y expertos en traiciones sentimentales. Preguntamos qué ha sucedido, enviamos corazones, prometemos oraciones y, mientras tanto, nos a...

Mi querida España

  Mi querida España José Luis Raya Pérez España no es un país serio. Lo sé, suena duro, pero más duro es contemplar el espectáculo diario y fingir que no pasa nada. Somos un pueblo extraordinario para celebrar victorias y absolutamente prodigioso para ignorar derrotas. Nos lanzamos a las calles para festejar un campeonato, agitamos banderas, cantamos hasta la madrugada y nos convencemos de que todo va bien porque once personas han conseguido una hazaña deportiva. Y, mientras tanto, el país sigue deslizándose lentamente por una pendiente de corrupción, incompetencia y resignación que ya ni siquiera provoca sorpresa. Hemos llegado al punto en el que los corruptos imparten lecciones de ética, los oportunistas se disfrazan de servidores públicos y los responsables de cada desastre comparecen ante las cámaras para explicar que nadie podía preverlo. Claro, porque los incendios se producen en agosto por pura casualidad y las inundaciones son un fenómeno tan inesperado como la llegada ...

ODISEO (DIARIO SUR)

  ODISEO José Luis Raya Hay que agradecer que un director de cine tan genial y particular como Christopher Nolan se haya decidido a recuperar las raíces de nuestra cultura para lanzarlas al mundo bajo su peculiar prisma. Era de esperar que un cineasta de su personalidad nos narrara la épica de La Odisea desde su propio universo: con esos primeros planos hipnóticos, esos diálogos susurrantes y una banda sonora rompedora que parece llegar desde otro planeta. Como nunca me gusta quedarme en la superficie, volví a ver Ulysses , la película de Mario Camerini protagonizada por un colosal Kirk Douglas. Me costaba aceptar que Nolan se hubiese inspirado tanto en este clásico imperdible, pero puedo corroborarlo. Sin duda, continúa siendo una de las versiones más fieles de la epopeya homérica. Y conviene aclarar algo para los neófitos: Odiseo es el nombre griego, mientras que Ulises es la forma que hemos adoptado en nuestra tradición cultural. En realidad, hablamos del mismo personaje. E...

VERGOGNA

  VERGOGNA José Luis Raya Una vez más, el fútbol nos ofrece esa extraordinaria capacidad humana para transformar una derrota en una teoría de la conspiración, una decisión arbitral en un crimen de Estado y un partido de noventa minutos en una cuestión de honor nacional. La evidencia, como siempre, se somete a una cirugía estética hasta que la suma de dos más dos dé cinco. El partido fue bronco, agresivo y, desde luego, un magnífico ejemplo de civismo deportivo para los niños de todo el mundo: faltas, empujones, entradas, jugadores españoles volando por los aires y una violencia generalizada que solo necesitaba una motosierra para completar el escenario. El arbitraje fue parcial: cuando pierde el equipo propio, rara vez se contempla la posibilidad de que el rival haya jugado mejor. Los dos goles anulados, por supuesto, habrían subido al marcador en esa dimensión paralela donde las decisiones arbitrales coinciden exactamente con nuestros deseos. Mientras tanto, el equipo español m...