La soberbia
La soberbia Pepe Raya Me he preguntado alguna vez de qué remota charca moral nace la soberbia, esa enfermedad del espíritu que consiste en no dar el brazo a torcer ni aunque el brazo se haya dislocado por completo; en mantenerse «en sus trece» aun cuando la razón, la evidencia y hasta el sentido común hayan abandonado la sala, avergonzados del espectáculo. Hay sujetos que, después de equivocarse, no solo se niegan a reconocerlo, sino que convierten su error en doctrina, su terquedad en virtud y su orgullo en una suerte de título nobiliario que nadie les ha concedido. Para rizar el rizo de semejante grandeza de cartón, reciben unas disculpas y permanecen impertérritos, aguardando quizá una divina genuflexión, una penitencia pública o, si se tercia, una bajada de pantalones hasta los tobillos, como si el perdón ajeno exigiera necesariamente la humillación del penitente. ¿Qué alimenta esa arrogancia inmarcesible que parece dispuesta a sobrevivir incluso al propietario de tan ilustre...