Maspalomas (El País)
MASPALOMAS
José Luis Raya
La tenía en la lista de espera. Pensé que sería otra de esas películas que muchos colegas recomiendan con entusiasmo cuando abordan, aunque sea de forma tangencial, ciertos temas. Me equivoqué. La cinta superó con creces mis expectativas: es un retrato preciso, austero y profundamente humano sobre una realidad incómoda, pocas veces tratada con esta honestidad. El aislamiento y la soledad de nuestros mayores adquieren una dureza especial si se observan dentro de la sociedad gay.
La historia arranca en Maspalomas, pero podría situarse en Torremolinos, Sitges, Ibiza o Benidorm: enclaves turísticos asociados al ocio LGTBI y a la vivencia sin armarios. La película destaca tanto por su forma como por su contenido. Si “Hamnet” me emocionó, esta me conmovió por motivos más personales, hasta la lágrima amarga.
El prólogo, de unos veinte minutos, es una celebración de la libertad tardía: sexo, alegría y ganas de vivir para quienes pasaron décadas ocultándose, casados y con familia. Es un canto al carpe diem. Pero tras el placer llega el dolor. Vicente, el protagonista, sufre un ictus y regresa al País Vasco donde creció, un entorno tradicional y conservador poco dado a ciertas aperturas. En la residencia donde ingresa debe asumir de nuevo aquel papel que creía superado. Allí aparece su hija Nerea, de la que lleva más de veinte años distanciado, y más tarde su nieto. A partir de ese momento, la película alcanza su mayor intensidad. El duelo interpretativo entre padre e hija es sobresaliente: miradas, silencios y reproches contenidos construyen una relación marcada por la herida y la necesidad de perdón, sin caer en el dramatismo fácil.
El regreso al lugar de origen plantea varias lecturas. Puede entenderse como la constatación de que la felicidad solo es posible donde uno no es juzgado. También podría alimentar tópicos sobre la supuesta frivolidad o promiscuidad del colectivo. Son etiquetas simplistas. La libertad no admite corsés, y las carencias o excesos no son patrimonio de una orientación sexual. Ocurren en cualquier ámbito.
Más allá de prejuicios, la película aborda asuntos universales: la soledad en la vejez, el rencor, la necesidad de afecto, los traumas no resueltos, la familia y el peso de las decisiones. Todo ello trasciende etiquetas y convierte la historia en un relato sobre la condición humana. El perdón y el auto-perdón aparecen como única vía hacia la libertad. Epicureísmo y estoicismo se alternan en esta estructura “tríptica”: retornar al origen como única vía de volar. El simbólico final del joven y el viejo en la cúspide frente al mar es de los más bellos y emocionantes de los últimos tiempos.
La película me ha hecho pensar en un proyecto que llevo tiempo postergando: recoger testimonios de hombres homosexuales que se casaron y formaron una familia en un contexto adverso. Procrastinar puede ser el resultado, en este sentido, de las indolencias y atropellos de ciertas editoriales. Yo me entiendo. Después de “La turbulenta vida de Sandra Almodóvar”, tan cruda o más que esta historia, desearía seguir construyendo ese mosaico de dolor, pero también de firmeza y dignidad. Y, por qué no, mostrar ejemplos de familias que han sabido convivir con naturalidad, lejos de prejuicios, donde se constata que nuestra sociedad es mucho más amplia y diversa de lo que nos han hecho creer. En mi entorno he llegado a conocer a hombres que tardíamente dejaron a sus familias para vivir la vida que siempre han deseado, liberándose al fin de aquellas ominosas presiones sociales y familiares. Muchos de estos señores han esperado pacientemente a que sus hijos se independicen para dar el paso. Viven y exprimen los años que le quedan como el niño inocente que despierta a la vida. Esos entornos y esas familias no pueden ni deben lavarse las manos y mirar hacia otro lado, ya que indirectamente fueron los potenciales culpables de la destrucción emocional de muchas personas: hijos, hijas, maridos y esposas. “Maspalomas” no aborda esta idea con acritud. Nerea es la que se acerca en busca del padre para apoyarlo y ayudarlo. Dignidad, obligación y devoción se disuelven en un poso áspero y en un grito de ayuda, amor y afecto.
Hay libros y películas imprescindibles porque impelen a comprendernos mejor, aunque siempre me queda la duda de si el conocimiento nos hace más felices o la ignorancia nos permite combatir la infelicidad.



Dónde la has visto, quiero verla pero no sé dónde la dan.
ResponderEliminarBuenísima muy conmovedora y realista
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