La señora Gómez Ahora que por fin se había marchado su marido, con sus más que esperadas vacaciones, a decir verdad se trataba de una especie de prejubilación, la señora Gómez parecía regocijarse con su recién adquirida casa campestre. Su amado y leal esposo había acudido a pasar unos días con su recién casada nieta. La señora Gómez decidió quedarse argumentando que la nueva casa necesitaba unos retoques más para hacerse definitivamente habitable; se trataba de unas excusas indelebles mas ella deseaba en estos momentos estar sola, con toda la carga positiva que puede aportar una soledad deseada, y por qué no, necesitada. Tantos años apegada, día y noche, al mismo hombre, le resultaba algo casi aborrecible. A pesar de todo, una extraña sensación la invadía, todo resultaba absolutamente incoativo: su recién estrenada casa, la partida del esposo, que paladeaba con frescura, los desposorios de su nieta, su incipiente jubilación. Se habían iniciado demasiados asuntos y...