La muerte de Séneca
La muerte de Séneca No poseía una salud de hierro, ni física, ni psíquica. El asma que arrastraba desde la infancia lo marcó el resto de su breve vida y le afectó emocionalmente, de hecho los delirios suicidas lo persiguieron a lo largo de su existencia. Si no se suicidó prematuramente fue porque pensaba que su padre no estaba preparado para soportar su pérdida. Sabía que biológica, ni psicológicamente, los progenitores pueden aceptar la muerte de un hijo. Su azarosa vida, rodeada de contubernios, exilios, confabulaciones, conjuros y envenenamientos permiten bosquejar una vida realmente novelesca, plagada de villanos, buenos y malos malísimos, emperadores, historiadores, perdones imperiales y un exquisito lujo que rodeó sus años finales cual archi famosa estrella romana. Más quisieran las estrellas actuales de Hollywood. Por cierto, le falta esa superproducción que acapare docenas de premios, pues tanto ajetreo, subidas, caídas, desde sus orígenes provincianos ha...