Carpe diem
Carpe diem Que el verano un año más nos visita de nuevo es evidente, no sólo por las temperaturas que comienzan a dispararse y por la calina que se presenta toda ella vaporosa, sino por infinidad de sensuales detalles. Usamos ropas mucho más ligeras, el dulce y penetrante olor del jazmín o la dama de noche inunda nuestros sentidos, en la ciudad las terrazas se llena de gente para disfrutar de las cervezas bien frías y los refrescos, en la playa los primeros bañistas nos muestran sus pieles blancas, que han dormido durante el invierno y los extranjeros nos hacen chirriar los dientes al verlos tan rosáceos, una especie de dentera visual, en el campo y en la montaña los pájaros se arremolinan y parece como si todos estuvieran en celo. Nos deleitamos con el tinto de verano, que sin duda ahora sabe mejor, y con el pescaíto frito en nuestros chiringuitos de toda la vida - ¡ay por Dios¡- que nos dejen nuestros chiringos, sin ellos no...