Con perdón
Todo el mundo se llenó de buenos propósitos para cuando aquel duro confinamiento acabase: volveríamos a querernos y a respetarnos como nunca lo habíamos hecho, retornaríamos a una vida saludable y le daríamos un respiro al viejo planeta que se agosta y se envenena a pasos agigantados, echaríamos a un lado esas viejas rencillas que nos iban intoxicando el alma, volveríamos a abrazarnos con afecto y no por compromiso. Y nos miraríamos a los ojos entregando un hálito de ese amor que todos podemos ofrecer, pero no permitimos que florezca porque lo relacionamos con debilidad o quizá sumisión. Si al egoísmo intrínseco del ser humano le añadimos que, quizás, nos hicieran creer que podríamos salir como entra un toro en una cacharrería, podremos entender un poco este fracaso plagado de rebrotes. Muchos ciudadanos alimentaron su propia ignorancia escogiendo lo que más les interesaba, ello incluía fake news o bulos a diestro y siniestro. Seguramente, el energúmeno de andar por ...