Autodestrucción
Sin duda, nos hemos quedado todos petrificados por el asalto al Capitolio, incluso la machacona noticia de las vacunas quedó eclipsada, hasta el frío polar de estos días se disipó por momentos. Por un lado, me congratulaba comprobar que la ciudadanía en particular, especialmente a través de las RRSS, ha manifestado su estupor y su inquietud. Incluso el emérito desapareció como por ensalmo. Por otro, he seguido constatando que no podemos estar sin tender a la confrontación innata o congénita que el español medio lleva en los genes —incluidos los antiespañoles, que van de guais y están a la vuelta de todo—. Ya no sé si trepaban por los muros de la fortaleza o la estaban trepanando, pues nadie se explica que la seguridad del supuesto búnker fuese tan vulnerable. Por allí pululaban a su antojo imitadores de Village People, enfermeras asesinas, cazadores de osos, surferos, jugadores de rugby, cocineros deportados, forajidos, majorettes, pistoleros y toda una caterva de frikis...