por José Luis Raya Ante todo, conviene declarar desde la primera línea que la imagen y la palabra constituyen dos formas de comunicación no solo distintas, sino esencialmente opuestas. A través de la palabra imaginamos; con la imagen, en cambio, ese verbo queda suspendido, casi anulado. La imagen no invita a imaginar: impone. La palabra sugiere, la imagen fija. Dicho esto, y con el debido rigor estilístico, puede afirmarse que tanto la novela como su adaptación cinematográfica rozan la perfección emocional. Ambas obras despegan con un sinuoso traqueteo inicial, como si avanzaran a tientas, sin saber todavía dónde depositar el peso de su gravedad narrativa. Pero el aterrizaje resulta verdaderamente soberbio. Tal vez incluso más sublime en la película, cuya adaptación alcanza una categoría magistral. La novela -ficción histórica por naturaleza- goza siempre de cierta ventaja: matizar, exponer, describir con palabras permite una explicitud que la imagen rara vez alcanza. No es ciert...
En este blog edito casi todo lo publicado en periódicos nacionales y revistas literarias: artículos de opinión y algunos relatos principalmente.