Desengaños

 



Aparece cuando existe una intensa distorsión entre lo que ofreciste y lo que esperabas o cuando, después de realizar mil favores, no pudiste ofrecer el último. Y el eterno favorecido, inmaduro e infeliz, se rebota hasta el punto de bloquearte en todos los medios. También cuando confías en esa persona con la que tenías montones de proyectos y compartías tu vida y termina traicionándote, paseando públicamente con su amante, exhibiéndolo por todas las redes sociales. El padre que se siente defraudado por su hijo al que le ha ofrecido todos sus recursos para que concluya sus estudios y este se pasa todas las noches de fiesta. El profesor que confía en ese alumno que es un “bala perdida” y sigue haciendo el vago, después de ofrecerle varias recuperaciones personalizadas. O ese trabajador que se desvive por la empresa y termina siendo despedido sin explicaciones. La señora que confía en su marido y este va de flor en flor. El político que delega responsabilidades en su asesor y este desfalca todo lo que puede, obstruyendo los proyectos políticos y el futuro de sus colegas. O la esposa despechada que impide constantemente que el ex pueda ver a sus hijos.

Ofrece a cada cual lo que crees que necesite y siéntate a esperar la ingratitud, nos explicaba Unamuno. Todos sabemos que si no esperas nada de nadie, el desengaño se esfuma; pero esto lo vemos desde la barrera. Si, a pesar de no esperar nada, te pegan la patada, el desengaño se tiñe de traición e infamia. Los que pensamos que el universo necesita equilibrarse para seguir existiendo, esperamos que cada cual reciba lo que merece. Considero que no hacer nada sería la opción más acertada, ya que estos ingratos, desleales, frustrados, mentirosos o manipuladores terminan siendo víctimas de ellos mismos. El sabio universo así lo permite.

Es evidente que ello deja secuelas: imposible alisar el papel que ha sido estrujado. Y no, no se aprende con la edad porque sigues conociendo personas transparentes y sigues ofreciendo otra oportunidad; pero la desconfianza acecha desde los rincones, puesto que aquellas también eran confiables y se tornaron inesperadamente en siniestras. He conocido hombres y mujeres encerrados en sí mismos, introvertidos, solitarios y he descubierto en ellos que su actitud se debe a una mera cuestión de supervivencia. No hay que desistir. La vida te enseña que no te entregues completamente, que te reserves, que mantengas tu dignidad. Solo tienes que poner ciertos límites. Pero claro, hay que saber delimitarlos. Este es el quid. Y, sobre todo, hay que saber hacerlo a tiempo.

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