Desengaños
DESENGAÑOS
José Luis Raya
Los desengaños no
llegan por azar: son la consecuencia directa de una ruptura moral entre lo que
uno entrega con lealtad y lo que recibe a cambio. Aparecen cuando, tras
conceder mil favores, ya no puedes conceder el último y el beneficiado perpetuo -incapaz de asumir límites- responde con rencor y cobardía, borrándote de su
vida con un clic. También surgen cuando depositas tu confianza en alguien con
quien compartías proyectos, tiempo y una historia común, y esa persona decide
traicionarte sin pudor, paseando su deslealtad como un trofeo y exhibiéndola
sin vergüenza en las redes sociales.
Está el padre
defraudado por el hijo al que ofreció todos sus recursos y que malgasta
oportunidades en una juventud sin rumbo. El profesor que confía en el alumno
etiquetado como “bala perdida” y descubre, tras insistir una y otra vez, que la
indolencia es una elección consciente. El trabajador fiel que se desvive por la
empresa y es despedido sin explicaciones ni gratitud. La mujer que cree en su
marido y comprueba que la fidelidad nunca figuró en su código ético. El
político que delega en su asesor y se topa con el saqueo sistemático de lo
público. O la expareja resentida que instrumentaliza a los hijos para ajustar
cuentas, dañando lo único que debería proteger.
«Ofrece a cada cual
lo que crees que necesita y siéntate a esperar la ingratitud», advirtió
Unamuno, con una lucidez que sigue incomodando. Se repite que no hay desengaño
si no se espera nada, pero esa consigna suele formularse desde la comodidad
teórica. La realidad es otra: incluso cuando no se espera nada, la traición
hiere. Y entonces el desengaño deja de ser decepción para convertirse en
afrenta. Quienes creemos que el mundo exige un mínimo equilibrio moral
confiamos en que cada cual afronte las consecuencias de sus actos. No
intervenir, en muchos casos, es la única respuesta digna: los ingratos, los
desleales, los manipuladores y los mentirosos terminan atrapados en su propia
miseria ética. El universo no absuelve; simplemente demora.
El daño, sin
embargo, deja marcas. El papel arrugado no vuelve jamás a su forma original. Y
no, la edad no garantiza aprendizaje. Se sigue confiando, se siguen concediendo
oportunidades, aunque la sospecha vigile desde la sombra: quienes antes
parecían íntegros acabaron revelando su verdadera naturaleza. He conocido
hombres y mujeres herméticos, retraídos, solitarios, y he entendido que su
distancia no es soberbia, sino un mecanismo de defensa.
No hay que desistir, pero tampoco hay que ser ingenuos. La vida enseña que entregarse sin reservas es una forma de irresponsabilidad moral. Preservar la dignidad exige límites claros, innegociables. El problema no es establecerlos, sino no hacerlo a tiempo. Y ese error, casi siempre, se paga caro.



Salvado la frase de Don Unamuno, cuya síntesis es que los desengaños son tuyos y solo tuyos; y si vamos al origen, este está más en mirar a los demás en la forma y no en el fondo, de escuchar lo que dicen y no mirar lo que hacen, de mirar las hojas y no ver el bosque.
ResponderEliminarEl desengaño es particular... aunque cuando llueve se moja como los demás, así que también es general, o universal, aunque a cada uno le toca su parte y sobre todo ser capaces de que no nos afecte para seguir viviendo.
Y discrepo, la edad no es garantía, pero si que nos lleva a ser más selectivos; seguramente con 18 años ninguno diría lo que mi suegro con 72 "no creo en nada", se refería a que no creía en nada ni en nadie; pues bueno, entre la actitud de los plateados y un mancebo de 18, luchemos por vivir en la media, que es la virtud, o el pecado, que es más divertido.
Gracias primico, por tus sabias reflexiones.
Me encanta que siempre discrepes. Obviamente el desengaño se lo lleva uno mismo siempre y cuando tengas sangre en las venas. La edad precisamente te ayuda a ponderar, digo yo. La experiencia siempre es un plus. Vamos, digo yo jjj
Eliminarhttps://rayaperez.blogspot.com/2025/10/la-otra-cara-de-la-indignacion.html?m=1
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Primito, y esto cómo se digiere 👆
La decepción con las personas es inevitable. Forma parte del proceso de la vida. Uno no puede encerrarse en sí mismo para evitarlo pero sí parar a tiempo. Aun así, duele. Un abrazo, José Luis.
ResponderEliminarÚltimamente, si estoy atento, creo que puedo anticiparme. La experiencia te enseña. Muchas gracias 😘 un abrazo Gonza
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