Nepotismo
La derechona rancia se lleva las manos a la cabeza por esos enchufes que se producen en el seno familiar: esposas, hijas o hermanos. Se escandalizan los que han funcionado, de toda la vida, con la pata de jamón por delante u otros favores no tan convencionales. Un titular sería la “la izquierda aprendiendo de la derecha”. Pero en ese “y tú más”, la derechona rancia enchufaba a vecinos o amigos de amigos. El único requisito era que fueran lameculos y de la misma ideología. Vaya, ahora parece que se hace lo mismo. No sé si a otro nivel. Denunciarlo o sacarlo a la luz ya te pone en entredicho. Los que deseamos una izquierda limpia y transparente y, por ello somos tan críticos, pertenecemos de facto a la derecha y nos convertimos en fachas. Obviamente hay que callar y mirar hacia otro lado. En mi entorno ha habido parientes con cierta influencia política, puedo atestiguar que se han alejado de esas prácticas por decencia y consecuencia, por lo que se han granjeado bastantes antipatías. Sucede también que cuando alguien destaca por su talento o su valía, levanta las sospechas. De toda la vida igualmente se ha pensado que quien no tiene padrino no se bautiza; pero puede suceder que el hijo puede superar al padre. Javier Marías, sin ir más lejos. Algunos actores se han cambiado el apellido para no estar siempre atados a la imagen del progenitor. He visto a algunos artistas o creadores que van por la vida pidiendo perdón a pesar de poseer un talentazo fuera de lo común. Javier Bardem ya es independiente. Afortunadamente, esa imagen casposa de los tiempos franquistas ha ido menguando y el que aprueba unas oposiciones es porque lo vale. También me encuentro a esos ineptos que van rajando y echando mierda sobre esas personas preparadísimas que sacaron su plaza por méritos propios. La envidia es muy mala, ya se sabe. Un servidor, siendo casi un pipiolo, perteneció a un tribunal de oposiciones. Hube de presenciar las desastrosas ponencias de mis antiguos compañeros y amigos. Algunos de ellos venían a saludarme muy cordialmente. Cuando exponían y defendían su tema, me encogía de hombros y me decía el típico “tierra trágame”. Era imposible “echarles una mano”. Evidentemente dejaron de saludarme. En España somos así. Lo hemos mamado. No hemos sido un país serio. Sin embargo, desde hace tiempo, “ser pariente de” no es una ventaja sino un evidente hándicap.



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