Odiadores
No sé si se trata del maléfico algoritmo, pero se me llenan las páginas de las RR.SS. de genuinos haters, que no disponen del mejor o loable objetivo en la vida que entrar en determinadas áreas para vomitar todo el odio y asco que guardan en sus entrañas. Ora arremeten contra contenidos opuestos a sus ideologías, ora contra determinados personajes públicos. Me da la sensación de que van indagando en las redes para detenerse y liarse a tiros o a navajazos contra todos aquellos que no piensan como ellos. Me da por pensar que se trata de bots porque no termino de entender que se tomen tantas molestias por buscar ciertas ideas, atropellando sus posibles e imaginarios peligros, como que un grupo de gais o lesbianas expresen libremente sus derechos. Es cuando me enciendo y me convierto a su vez en un odiador de los haters. Por un lado, supongo que de ello se trata, por otro considero que ya está bien de dar cancha libre a tanto odiador que se empeña en imponer continuamente su modus vivendi. Estas cabezas unineuronales consideran que los del colectivo tratan de imponer su ideología y persiguen a sus niños. Se creen sus propias patrañas. Unos pertenecen a otros países inmersos en una profunda ¿cultura? machista y homófoba. Otros son los típicos ignorantes que creen que “eso” se contagia; y luego están los reprimidos de libro que, al atacar lo que temen/desean, se libran de cualquier señalamiento. En definitiva: amargados, resentidos, incultos, reprimidos. No se puede defender, bajo ningún concepto, la libertad de expresión que ampare la intolerancia, el racismo, el machismo o la homofobia. Luego están los abanderados políticos de infalibles causas, atacando a según qué religión, creencia, afición o estatus. Personajes públicos desfilan cada mañana por las redes, acribillados por los dardos de sus odiadores: Pedro Sánchez, Ayuso, Miguel Bosé, Abascal, Zapatero, Belén Esteban, Jorge Javier, Juan del Val... ¿Y usted? ¿Ya dispone de su odiado favorito? ¿Ya tiene a su personaje acorralado? ¿Bien para defenderlo por muy miserable que sea? ¿Ya ha decidido en quién va a descargar sus miedos o frustraciones? ¿Tiene claro que no es necesario saber si es un asesino, defraudador, acosador o un criminal para apoyarlo? ¿Tiene claro quién defiende o menosprecia los derechos humanos? ¿Tiene claro que su odio se puede volver contra usted? ¿Sabe distinguir verdaderamente el bien del mal? Por su bien, salga de esa maligna espiral. Recuerde que el odio solo engendra odio.



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