Este cuerpo mío





Este cuerpo mío


En el Festival de Cine de Málaga con una propuesta insólita, valiente, original e incómoda. Se trata de una cinta híbrida entre película al uso y documental testimonial. En algún momento relacioné ese género indefinido como la transición que se relata o transformación de mujer a hombre. Normalmente, las historias se centran en la transición contraria. Igual que la homosexualidad, la visibilidad es mucho mayor en la masculina. Podría haber sido mucho más cruda e incómoda, por ello podría ser una película apta para cualquier edad. Ocultar este tipo de historias, resultaría muy dañino para aquellos-as jóvenes que se hallan en una situación similar. La cinta se inicia y concluye con un cuadro que a mí siempre me ha resultado, cuando menos, inquietante: “La mujer barbuda” de José de Ribera o Magdalena Ventura con su marido. Un caso típico de hirsutismo. Debemos tener claro que esto no es una moda de nuestra época, sino que trastornos hormonales y contradicciones de género siempre han existido. Acoplar mente y cuerpo en un ser armónico es una necesidad vital para estas personas. Entre ese contexto artístico histórico, Rafaela nos narra, unas veces con humor, otras descarnadamente, su transición hasta Rafael. Se trata de una sucesión de escenas y confidencias con su alter ego (Carolina) hasta llegar a su país natal, Chile, y mostrarnos a una familia muy peculiar, descendientes de nazis: uno de sus tíos se llama Adolfo Benito. No obstante, el cariño y la entrega de sus familiares es hipnótica, sobre todo la de su Nona que trataba de recordar a Hitler con su conocido saludo. Resulta chocante todo este contexto y al mismo tiempo podríamos deducir que el amor puede y debe estar por encima de las ideologías, por muy extremistas que sean. La primera parte es mucho más intimista, después se trabaja la parte social y familiar. Todo ello hilvanado por los diálogos oportunos de Carolina Yuste y el protagonista. Esta curiosísima producción invita al debate y a la reflexión. Desde que publiqué la biografía de Sandra Almodóvar, estos asuntos me han atraído por lo inusual y por conocer cómo se gestiona psicológicamente esta transición. Para comprenderla es fundamental que el espectador sienta, como mínimo, cierta empatía. Ponerse en la piel de los demás y aproximarse a su tormento es algo que enaltece al ser humano como humano. Más educación y empatía son necesarias para construir un mundo más justo y mejor. 






De Rafaela a Rafael


Presentada en el Festival de Cine de Málaga, esta película aborda una realidad poco representada: la transición de mujer a hombre y, sobre todo, la profunda incomodidad que puede acompañarla. A medio camino entre la película y el documental, la obra se centra en el conflicto interior que viven muchas personas trans cuando su identidad no coincide con el cuerpo que habitan. La historia muestra que la transición no es únicamente un proceso físico. Es, ante todo, una lucha psicológica prolongada. La sensación de desajuste entre lo que se es y lo que el mundo percibe puede generar una angustia constante. Mirarse al espejo, escuchar el propio nombre o enfrentarse a la mirada ajena se convierten en recordatorios de esa contradicción. No se trata de una inquietud pasajera, sino de una tensión diaria que condiciona la forma de estar en el mundo. La película sugiere que esta realidad no es nueva. Como símbolo aparece el inquietante cuadro “La mujer barbuda” de José de Ribera, que recuerda cómo las anomalías hormonales y las tensiones entre cuerpo e identidad han existido siempre, aunque durante siglos hayan sido vistas como rarezas.

En el centro del relato está el proceso de Rafaela hasta convertirse en Rafael. Sus reflexiones y los diálogos con el personaje interpretado por Carolina Yuste permiten vislumbrar el peso emocional de esa transformación: dudas, miedo al rechazo y la necesidad urgente de vivir con coherencia entre cuerpo e identidad. Más que ofrecer respuestas, la película propone una mirada empática hacia una experiencia marcada por la incomodidad, la incertidumbre y la búsqueda de autenticidad.

Cada vez que me encuentro con relatos así, no puedo evitar recordar el calvario que tuvo que atravesar Sandra Almodóvar. El contexto histórico del franquismo y la dura herencia social de la posguerra, junto con un entorno familiar y conyugal profundamente hostil, terminaron por desgastarla hasta la extenuación, conduciendo su vida hacia un final trágico. Por eso es imprescindible que estas historias no vuelvan a esconderse. La sociedad debe comprender de una vez que la felicidad, el cuerpo y la identidad pertenecen únicamente a quienes los habitan. Ninguna ideología, religión o dogma debería imponer su peso sobre la vida íntima de los demás. Y si algo tan sencillo como permitir vivir en paz resulta demasiado pedir, al menos que nadie vuelva a señalar, marginar o martirizar a quienes solo buscan ser fieles a sí mismos.

 

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