Equidistancia

 




La equidistancia es, probablemente, la postura más incómoda, aunque desde los extremos se interprete como tibieza. El desgaste es mayor cuando se intenta contener a quienes, desde un lado, sueñan con un nuevo salvapatrias sostenido por los poderosos, mientras desde el otro se mira hacia otro lado y se esquivan responsabilidades ante errores evidentes. Unos solo ven fallos, que los hay; otros magnifican los pocos aciertos. Esta ambivalencia complica la equidistancia, pero también la hace imprescindible. La objetividad, como la labor de un juez, se sitúa en el centro, lejos del ruido de los extremismos. Es la única posición desde la que se puede acertar con claridad. Sin embargo, seguimos atrapados en el mismo punto: siempre a la cola, incapaces de acercarnos a los países europeos históricamente más desarrollados. Nuestro peso internacional es escaso, agravado por una política exterior errática y pretendidamente “madura”. Los pactos de Estado deberían ser el auténtico motor del progreso. Para empezar, blindando políticas sociales intocables como la sanidad y la educación públicas, y reforzando la protección de los más vulnerables. Pero ese consenso debe incluir también la defensa inequívoca de la propiedad privada, de la seguridad jurídica y del esfuerzo individual. Sin estos pilares no hay inversión, no hay estabilidad y, sobre todo, no hay libertad real. Defiendo una socialdemocracia sana y equilibrada, con la justicia social como eje, pero compatible con la iniciativa privada y el mérito. Proteger al emprendedor, al talento y al propietario que cumple, arriesga y contribuye. No al oportunista que pretende vivir del sistema sin aportar nada. El reparto de la riqueza es necesario, sí, pero no puede convertirse en un castigo al esfuerzo ni en un incentivo al parasitismo. Resulta difícil explicar que quienes trabajan duramente por salarios exiguos convivan con otros que reciben lo mismo sin haber contribuido jamás.

Quizá esta posición haga pensar que uno se desplaza hacia la derecha. En realidad, hay principios que deberían quedar fuera de cualquier disputa ideológica: la igualdad ante la ley, la protección de lo público y el respeto a la propiedad privada. Sin ellos, no hay justicia social posible, solo arbitrariedad.

 JlRaya

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