CÉSAR
Me llamo César,
aunque todo el mundo me llama Toby, yo desearía que se dirigieran a mí pronunciando estas cinco
letras: C-E-S-A-R, no es tan difícil. Es un nombre que me agrada. Sostengo que no es nada complicado. Al principio yo
sólamente ladraba, algo normal en un perro, pero mi dueño me encomendó la
misión de cuidar a los niños mientras él
se encontraba ausente, esto no tiene una relación directa lógicamente
pero sí es el inicio de mi supuesta anormalidad.
Los críos se pasaban el día viendo los dibujos animados de la tele y yo los
acompañaba, a menudo aparecían animales hablando, sobre todo perros, yo que me
considero muy inteligente y algo terco decidí imitarlos, no me resultó
complicado, simplemente consiste en
prestar atención a los sonidos que emiten y a continuación intentar
pronunciarlos. Si los humanos son
capaces de imitar nuestros ladridos, nosotros, los perros, podríamos hacer lo
propio con los suyos, quiero decir con su manera de pronunciar sonidos. Por eso
no me explico cómo no son capaces de llamarme “César”, a excepción de los
chicos que así se dirigen a mí. Yo me pasaba los días regañando a los niños,
que no se subieran a las sillas, que no se pelearan, no sólo los vigilaba sino
que los educaba lo mejor que sabía, incluso charlábamos de las cosas que más
les interesaban, con total naturalidad. No se extrañaban lo más mínimo, ya que
en televisión veían y comprobaban que los animales pueden hablar perfectamente.
Sin embargo cuando el bobo de mi amo me escuchó se quedó boquiabierto. Llamó a
todos los medios de comunicación, pretendía enriquecerse a mi costa, desde
luego que conmigo no contó, pues yo detesto la popularidad. Lo
decidí en décimas de segundo. Estaba rodeado de cámaras, de focos y de
micrófonos. Todo el mundo pendiente de mí, a mi dueño lo veía entre bastidores
frotándose las manos. Entonces solté un ladrido ensordecedor de protesta, y
aquí acaba mi sencilla historia. Mi dueño se encuentra ahora en tratamiento
psiquiátrico, algunos le dicen que lo de su separación le ha afectado bastante,
sin embargo a mí sigue sin llamarme “César”.


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