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El oasis y la caverna

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  El oasis y la caverna José Luis Raya Vivir en el agradable oasis gay-friendly de la Costa del Sol y Torremolinos nos ha ablandado las neuronas hasta el punto de hacernos olvidar que, fuera de nuestra cómoda burbuja andaluza, la homofobia sigue paseándose con total impunidad por el planeta. Una intolerancia de manual que hoy cotiza al alza tanto en los mítines de la extrema derecha autóctona como en las mochilas de ciertos migrantes cuyas culturas, curiosamente, aún no se han enterado de que dos personas del mismo sexo pueden amarse sin que el universo colapse. ¡Qué sorpresa! Mientras cuatro rincones avanzados del mapa insisten en celebrar la diversidad cada mes de junio, el resto del mundo prefiere deleitarnos con un tierno y fascinante cortocircuito geopolítico. Es una delicia ver a nuestros "patriotas" de pulserita aplaudir extasiados la censura en la Rusia comunista, los ahorcamientos en el Irán islamista o las cadenas perpetuas por el "delito de amar" en ...

Trajes y joyas

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  Hace unos días recibí la llamada de un buen amigo. Como suele ocurrir cuando conversamos, el diálogo derivó pronto hacia la política. Fue un intercambio cordial y sereno, en el que ambos expusimos nuestros respectivos puntos de vista sin interrupciones, sin descalificaciones y con el respeto mutuo que debería presidir cualquier conversación entre personas que se aprecian. Sin embargo, al concluir, me quedó una sensación familiar: la de no haber sido verdaderamente escuchado. Tengo la impresión de que, con demasiada frecuencia, las personas no conversan para comprender, sino para reafirmar sus propias convicciones. Escuchan mientras preparan su siguiente argumento y, en consecuencia, las aportaciones ajenas apenas encuentran espacio para ser consideradas. Durante aquella conversación no alcanzamos ningún punto de encuentro. Mi interlocutor centraba su atención exclusivamente en sus propias reflexiones y conclusiones, sin conceder relevancia a los matices que yo trataba de introduc...

La soledad

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  La soledad José Luis Raya Al llegar a una edad avanzada, cuando los años han ido sedimentando experiencias, pérdidas, alegrías y decepciones, muchas personas descubren una verdad tan sencilla como reveladora: todos estamos subidos en el mismo barco. Las diferencias que en otro tiempo parecían fundamentales comienzan a perder relieve frente a la evidencia de nuestra fragilidad compartida y de la incertidumbre que acompaña a toda existencia. La madurez, y más aún la senectud, suelen otorgar una perspectiva que rara vez se posee en la juventud, cuando el orgullo, las convicciones inamovibles o las heridas recientes condicionan nuestra manera de ver a los demás. Con el paso del tiempo se comprende que muchos enfrentamientos nacieron de malentendidos, circunstancias imprevistas o desencuentros que ninguno de los implicados había buscado realmente. También se aprende que la vida es demasiado breve y demasiado imprevisible para desperdiciarla alimentando resentimientos cuya importan...

La deriva del mundo

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  La deriva del mundo José Luis Raya Me pregunto, quizá con cierta ingenuidad, qué tiene que ocurrir para que el presidente de un gobierno democrático contribuya a despejar las dudas que pesan sobre su gestión y su honorabilidad. Echar balones fuera y refugiarse en el habitual “y tú más” difícilmente ayuda a salir indemne de una situación tan enrevesada. Lo que en un principio algunos consideraron simples patrañas o exageraciones se ha ido transformando, con el paso del tiempo, en una sucesión de hechos difíciles de ignorar. Y uno ya no sabe qué más tendría que suceder. En muchas democracias avanzadas, especialmente en los países nórdicos, la dimisión se ha normalizado como una muestra de responsabilidad política ante la más mínima negligencia. Aferrarse al poder como a un clavo ardiendo puede resultar contraproducente. Primero, por la imagen de deterioro institucional que proyecta; segundo, porque acaba erosionando al propio partido. Lo digo con pesar, ya que siempre lo he vot...

Torremolinos Pride 2026

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  Torremolinos Pride José Luis Raya Acercarse a Torremolinos y caminar despacio por sus calles supone reconciliarse con una forma de libertad que en otros lugares todavía continúa siendo cuestionada. Hay ciudades que simplemente existen y otras, como esta, que parecen abrazar a quienes durante demasiado tiempo aprendieron a vivir escondiéndose, sobreviviendo entre silencios, miradas y heridas invisibles. Entre fachadas desordenadas, edificios imposibles y un horizonte eternamente abierto al mar, Torremolinos conserva el alma de quienes llegaron buscando refugio, una segunda oportunidad o simplemente el derecho a ser ellos mismos sin miedo. Quizá por eso su belleza no reside en la perfección, sino en esa mezcla profundamente humana de memoria, resistencia y alegría. Aquí conviven acentos de medio mundo, historias quebradas y vidas reconstruidas bajo una misma certeza: nadie debería pedir perdón por existir. El pasado 26 de mayo acudí a una cita televisiva para presentar la nueva...

Profesionalidad

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Profesionalidad José Luis Raya Ser atendido hoy por un profesional competente y mínimamente empático, ya sea en la sanidad pública o en la privada, empieza a convertirse en una experiencia excepcional. Durante años nos vendieron la idea de que la medicina privada era un refugio frente al deterioro de la pública: menos esperas, mejor trato, eficacia inmediata. La realidad, sin embargo, empieza a parecerse demasiado a ambos lados del mostrador. Cambian los muebles, las lámparas de diseño y el perfume de las recepciones; la desidia permanece intacta. En una de mis habituales recaídas necesité acudir a un especialista cubierto por mi seguro de MUFACE, ese privilegio supuestamente “gratuito” que, curiosamente, se sigue descontando religiosamente de la nómina. Aquella experiencia rozó lo esperpéntico: tan sólo necesitaba una breve consulta telefónica o una respuesta por correo para saber si podían añadirme un suplemento de apoyo, puesto que el medicamento recetado llevaba cuatro semanas sin...

DERECHO AL PATALEO

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  Derecho al pataleo José Luis Raya Hay algo que debería seguir siendo sagrado en democracia: el derecho al pataleo, siempre y cuando venga acompañado de una saludable dosis de autocrítica, esa especie en vías de extinción dentro del ecosistema político contemporáneo, ya que una cosa es indignarse y otra muy distinta convertir la indignación en un producto industrial diseñado para alimentar escudos ideológicos. Y precisamente ahí reside una de las grandes tragedias de nuestro tiempo: la polarización ya no parece una consecuencia espontánea de las diferencias políticas, sino una construcción perfectamente prefabricada, necesaria y extraordinariamente rentable para quienes aspiran a conquistar el poder o perpetuarse en él. El enfrentamiento permanente se ha convertido en el combustible emocional de la política moderna. Ya no se trata de convencer, sino de dividir; ya no importa gestionar, sino mantener a la población en un estado constante de tensión moral donde cada ciudadano de...