Torremolinos Pride 2026
Torremolinos Pride
José Luis Raya
Acercarse a Torremolinos y caminar
despacio por sus calles supone reconciliarse con una forma de libertad que en
otros lugares todavía continúa siendo cuestionada. Hay ciudades que simplemente
existen y otras, como esta, que parecen abrazar a quienes durante demasiado
tiempo aprendieron a vivir escondiéndose, sobreviviendo entre silencios,
miradas y heridas invisibles. Entre fachadas desordenadas, edificios imposibles
y un horizonte eternamente abierto al mar, Torremolinos conserva el alma de
quienes llegaron buscando refugio, una segunda oportunidad o simplemente el
derecho a ser ellos mismos sin miedo. Quizá por eso su belleza no reside en la
perfección, sino en esa mezcla profundamente humana de memoria, resistencia y
alegría. Aquí conviven acentos de medio mundo, historias quebradas y vidas
reconstruidas bajo una misma certeza: nadie debería pedir perdón por existir.
El pasado 26 de mayo acudí a una cita televisiva para presentar la nueva
edición de Por la carne estremecida, publicada con motivo de su X Aniversario.
El título, inspirado en uno de los poemas más intensos de los Sonetos del
amor oscuro de Federico García Lorca, parecía encontrar sentido pleno en
aquella jornada dedicada a la presentación del Pride de Torremolinos en las
nuevas instalaciones del ayuntamiento. Allí pude contemplar algo mucho más
grande que un evento festivo: vi el esfuerzo silencioso, la dedicación y el
amor con el que Francisco García y todo su equipo trabajan para devolver a esta
ciudad el lugar que merece dentro del panorama nacional e internacional. Cada
año el Pride crece, no solo en visitantes o repercusión, sino en dignidad,
memoria y visibilidad para quienes durante décadas fueron condenados a vivir en
los márgenes. En medio de aquella presentación, apareció inevitablemente el
recuerdo de Sandra Almodóvar. Han pasado ya tres años desde su muerte, ocurrida
precisamente en vísperas del Pride, y todavía persiste en mí esa amarga
sensación de desamparo. Quizá no hubo sólidos indicios, pero demasiadas
personas fueron testigos del dolor silencioso y del maltrato continuado que
soportó. Pensar en Sandra en mitad de aquella celebración era comprender que
los derechos conquistados jamás son definitivos, que aún quedan demasiadas
heridas abiertas y demasiadas vidas atravesadas por el miedo. Mientras tanto,
en las redes sociales continúan resonando las voces de siempre: los
intolerantes, los nostálgicos de la represión, quienes contemplan la diversidad
como una amenaza contra su moral estrecha y envejecida. Son voces incapaces de
comprender que el Pride no solo representa libertad y memoria, sino también
vida para la ciudad, riqueza cultural, trabajo y convivencia. Pero, sobre todo,
desconocen algo mucho más importante: que después de tantos años de silencio,
humillación y sombras, ya nadie está dispuesto a regresar al armario del miedo.
Porque Torremolinos no celebra únicamente una fiesta; celebra el derecho
irrenunciable de cada ser humano a amar libremente, a existir sin culpa y a
caminar frente al mar con la dignidad.
Hay que dar la bienvenida a quien desee acercarse a este festival de libertad. Entiendan o no entiendan, la sociedad avanza mucho mejor cuando camina unida.



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