DEMAGOGIA
José Luis Raya
Estoy hastiado de que cada crisis, cada problema o cada problemón termine convertido en una competición entre izquierdas y derechas. Parece que ya no somos capaces de analizar un incendio, una inundación, una avalancha humana o cualquier otra desgracia sin preguntarnos primero a quién beneficia políticamente y contra quién podemos utilizarla. Las crisis no tienen ideología; ni los incendios, ni las inundaciones, ni las tragedias migratorias. Lo que debe juzgarse son las soluciones que se aplican —o, mejor dicho, las no soluciones y las políticas de brazos caídos—, independientemente del signo político del Gobierno que esté en el poder. Y resulta que este Gobierno está demostrando una ineptitud preocupante, una incapacidad que puede terminar llevando al PSOE a niveles del betún. Pero lo más paradójico es que sois vosotros, con vuestra demagogia y vuestro empeño en convertir cualquier tragedia en una batalla partidista, quienes estáis poniendo la alfombra roja a la extrema derecha. Luego vendrán los llantos, los lamentos y las lamentaciones, preguntándonos cómo hemos llegado hasta aquí.
¿Cómo podéis siquiera imaginar que una pequeña ciudad como Ceuta puede acoger y hacerse responsable de un problema de semejantes dimensiones, fabricado en buena medida por las decisiones de un país que busca constantemente problemas con sus vecinos? Ceuta no puede convertirse en el cajón de sastre donde otros depositen sus responsabilidades. Sus ciudadanos tampoco tienen por qué pagar las consecuencias de una política exterior errática ni de la incapacidad de los gobiernos para afrontar un problema que, por su propia naturaleza, exige respuestas nacionales y europeas. Y mientras tanto, seguimos asistiendo a tragedias humanas que deberían avergonzarnos a todos: más de cien personas ahogadas no son una cifra, ni una estadística, ni munición para una discusión partidista. Son seres humanos. ¿Cómo puede un Gobierno con verdadero sentido de Estado permanecer callado ante semejante atropello? ¿Cómo puede seguir quitando hierro y responsabilidades a ese monarca déspota y a su séquito de tiranos, mientras quienes están en primera línea soportan las consecuencias de una situación que les desborda?
Yo no voy a entrar en ese juego demagógico. No voy a defender una incompetencia porque la cometa alguien de mi cuerda ni voy a condenarla únicamente porque la cometa alguien de la contraria. Si un Gobierno lo hace mal, hay que decirlo. Si otro lo hizo peor, eso no convierte al primero en competente. Y si una decisión es injusta, irresponsable o sencillamente absurda, debería poder denunciarse sin necesidad de ponerse una camiseta política antes de abrir la boca. Porque quizá ese sea precisamente el gran problema de nuestra política: hemos sustituido el análisis por la trinchera, la responsabilidad por la propaganda y las soluciones por el relato. Y mientras unos y otros se lanzan acusaciones, las consecuencias las pagan siempre los mismos. Los problemas no tienen ideología. Las soluciones sí tienen responsables.

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