Crisis, what Crisis?
Pepe Raya
Por supuesto que hay que ayudar a quien lo necesita. A quienes piden asilo, a quien tiene hambre, sed o carece de un lugar donde dormir. La solidaridad y la humanidad no deberían estar en discusión. Pero ayudar no significa aceptar el desorden, la improvisación ni que una ciudad entera tenga que cargar durante semanas con una situación que corresponde afrontar al Estado. Lo ocurrido en Ceuta puede calificarse de muchas maneras. Podemos discutir si «invasión», «avalancha» u «oleada» son términos adecuados, porque las palabras tienen también una carga política y emocional. Pero mientras discutimos la semántica, la realidad permanece: Marruecos traslada el problema a la frontera española y quienes terminan soportando buena parte de sus consecuencias son los ciudadanos de Ceuta, sus instituciones y, especialmente, quienes tienen que gestionar sobre el terreno una situación extraordinaria. Lo verdaderamente preocupante es la respuesta política. O, mejor dicho, la ausencia de una respuesta a la altura de las circunstancias. Pasan los días, pasan las semanas y seguimos asistiendo a declaraciones, reproches cruzados y promesas mientras los menores permanecen hacinados y las comunidades autónomas discuten sobre quién debe hacerse cargo de ellos. ¿Dónde está la coordinación del Gobierno? ¿Dónde están las medidas concretas? ¿Dónde está la presión diplomática sobre Marruecos?
Porque una cosa es ser solidario y otra muy distinta es ser ingenuo. España debe proteger a los menores, garantizar sus derechos y ofrecer una respuesta humanitaria digna. Pero también debe defender sus fronteras, proteger a sus ciudadanos y exigir a Marruecos que asuma sus responsabilidades. La solidaridad no puede convertirse en una política de brazos caídos. Y aquí es donde mi decepción con este Gobierno resulta mayor. Lo voté, como he votado anteriormente a otros gobiernos, pero votar a un partido no significa entregarle un cheque en blanco. Cuando la gestión es torpe, hay que decirlo. Cuando falta previsión, hay que denunciarlo. Y cuando las instituciones parecen paralizadas ante una crisis, hay que exigir responsabilidades. Porque cuando quienes gobiernan no ofrecen respuestas, dejan un espacio peligrosísimo para quienes sí están dispuestos a ofrecerlas, aunque sean respuestas simples, demagógicas o extremas. Sin quererlo, estamos poniendo la alfombra roja a la ultraderecha. No se trata de izquierda o derecha. Tampoco de compadecerse más o menos de quienes llegan. Se trata de gobernar. De tomar decisiones, coordinar recursos, proteger a Ceuta y ejercer presión diplomática sobre Marruecos. Porque si esto es una crisis, alguien debería empezar a comportarse como si realmente lo fuera. Crisis, what crisis?

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