VERGOGNA
VERGOGNA
José Luis Raya
Una vez más, el fútbol nos ofrece esa
extraordinaria capacidad humana para transformar una derrota en una teoría de
la conspiración, una decisión arbitral en un crimen de Estado y un partido de
noventa minutos en una cuestión de honor nacional. La evidencia, como siempre,
se somete a una cirugía estética hasta que la suma de dos más dos dé cinco. El
partido fue bronco, agresivo y, desde luego, un magnífico ejemplo de civismo
deportivo para los niños de todo el mundo: faltas, empujones, entradas,
jugadores españoles volando por los aires y una violencia generalizada que solo
necesitaba una motosierra para completar el escenario. El arbitraje fue
parcial: cuando pierde el equipo propio, rara vez se contempla la posibilidad
de que el rival haya jugado mejor. Los dos goles anulados, por supuesto,
habrían subido al marcador en esa dimensión paralela donde las decisiones
arbitrales coinciden exactamente con nuestros deseos. Mientras tanto, el equipo
español mantuvo el control del partido y acabó levantando la copa. La reacción
del conjunto argentino fue de una sobriedad conmovedora: darle la espalda al
rival. La escena alcanzó cotas de surrealismo cuando Messi pidió una tarjeta
para Cucurella porque este, al parecer, se interesó por su estado. Una pregunta
se convierte en provocación. Y, como broche final, la trifulca continuó después
del pitido definitivo, con un jugador argentino agarrando por el cuello a un
jugador español y propinándole una paliza. Un epílogo particularmente refinado
para una competición deportiva. Dicen que la FIFA va a tomar cartas en el
asunto. Esperemos que no sean cartas marcadas. Ese patriotismo visceral y ciego
convierte a un jugador en una nación, a un árbitro en un enemigo y a una
derrota en una humillación colectiva. La falta de educación, el cinismo y la
metonimia, es decir, esa costumbre de tomar la parte por el todo: un incidente
representa a un equipo, un equipo representa a un país y, finalmente, un país
entero queda condenado por el comportamiento de unos pocos. Personalmente, nunca
he sufrido por la derrota de mi equipo cuando considero que ha sido merecida.
Felicito al rival. Eso se llama deportividad. También elegancia. Existe una
plataforma, Change.org, que recoge firmas para repetir el partido: rizando el
rizo. Espero sinceramente que mis amigos y amigas argentinos no participen de
este juego sucio. También espero que nos preocupemos mucho más por el bienestar
social general y que el fútbol no sea tan importante como para regir completamente nuestras vidas.


Totalmente de acuerdo Pepe.
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