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Ver y leer (Feliz Día del Libro)

 





Ver y leer

José Luis Raya

No sé qué se puede esperar de una sociedad adicta a la imagen: series, películas, vídeojuegos, reels, Tiktoks y una gran porción de variables derivadas de todo lo que sea ver para no pensar, ya que leer requiere un cierto esfuerzo intelectual. Sentarse en casa y ver. ¿Qué serie estás viendo? No he oído en mi entorno “¿Qué libro estás leyendo?”. “Ver” siempre ha sido la actividad más fácil para los ignorantes, vagos y maleantes. ¡Vamos a ver!, que estoy tirando de ironía, que es un recurso literario, por cierto. En el transporte público, las cabezas agachadas como autómatas y cervicales dobladas como alcayatas, observando los vídeos chorras donde se escuchan las mismas vomitivas  risas y ese no-no de fondo que preludia la carcajada más desagradable del cosmos, mientras se lo muestras a tu acompañante para que se parta igualmente de risa. Y todos alabando la pollada más estruendosa del celular. Me sigo preguntando dónde se ha quedado la lectura. Antaño se apreciaban a unos cuantos que portaban una novela que leían con ensimismamiento. Más adelante, asomaron la cabecita los libros digitales o electrónicos; no importa demasiado, el caso es leer. Aunque también se puede leer en el móvil, sí claro, los wasaps atiborrados de faltas de ortografía y emoticonos para aclararnos lo que no sabemos escribir. Ya ni siquiera nos llamamos y hablamos, que sería lo más rápido y cómodo. Preferimos perder el tiempo escribiendo mensajes que serán malinterpretados en cualquier caso.

La gente que lee se está ajustando como una tribu cada vez más menguante, que se pasea por las librerías, acude a algunas presentaciones de los autores o se acerca a las ferias de libros. Muchos de ellos no salen de los best-sellers de los escritores que viven de esto, cuyas novelas tendrán que competir, tarde o temprano, con las que planifique la IA, ya que serán igual de previsibles y toscas. Deberemos seguir conformándonos -aunque la buena literatura se relegue a la élite de la élite- con que se lea, ya que el cerebro trabaja, piensa, imagina, reflexiona, atrapa, discurre, enlaza, sospecha, visualiza, relaciona, deduce, induce, critica, separa, labra, profundiza, planea, sueña, fantasea, estructura, construye, elabora, linda y deslinda, se retrotrae, se adelanta, viaja en el tiempo, usa el lenguaje y la gramática, ayuda a comprender tu idioma, razona, disecciona la sintaxis y te hace volar y ser libre, ya que aprendes a pensar.

En tanto, ver y solo ver, solo erige zopencos y los coloca a la altura de un cuesco. Algunos de estos llegan a gobernarnos, eso dicen.




Comentarios

  1. Muy refrescante tu disertación sobre la lectura y el libro. Es una lástima que, como habitualmente, lleves razón.

    Se dice en biología que, si estamos en equilibrio térmico (no gastamos energía en mantener nuestros 36ºC) el cerebro consume el 70% de la energía que usamos (energía basal, la llaman); y si leemos, la cifra se dispara. Bueno, si la lectura es comprensiva (tomamos notas o analizamos lo que leemos), el dato llega casi al 99%. Es por eso que el cerebro engaña a los cuerpos menguados para que no gasten, no lean, no comprendan, no analicen, no sean críticos... Nos tragamos lo que sea con tal de que no tengamos que pensarlo (o que ya lo tengamos pensado) que nuestro pensamiento coincida con lo leido.

    Solo te faltó, tras esta boragine, ¿dónde queda el audiolibro?

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  2. bueno, escribir mensajes aunque sea con emoticonos, es escribir... yo me araño con los mensajes que no dan mensajes, que son monólogos insulsos y sin contenido, sin exposición, nudo y desenlace, que diría mi profesora de lengua y literatura de 3 BUP.

    y ya por ultimo. ¿cómo ves los audiolibros? dentro de esta voragine. Porque no deja de ser el nuevo caballo de Troya al pensamiento, a la imaginación, al poner tus imagenes y tu historia a la palabra leída. Yo lo comparo con esa nueva moda de no dar los datos de un estudio o de una estadística, yofrecerte los datos filtrados, las relaciones, los totales que quieren.
    Creo que quien lo hace —ya sea en el audiolibro o en los informes estadísticos— lo tiene claro: mejor así, no vaya a ser que piense.

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