La pasión de leer (La Opinión)

 

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2023/09/26/pasion-lectura-92552042.html

 Pasión por la lectura

by José Luis Raya

Si somos francos y miramos a nuestro alrededor, hay que admitir que la lectura se encuentra en severa decadencia. Cada mes [de momento] conocemos por la radio, prensa o televisión que alguna emblemática librería ha cerrado sus puertas, entre tanto se abren nuevos bares o discotecas. Algunas cafeterías o pubs tratan de recuperar la vida bohemia e intelectual de antaño acogiendo pintores, músicos o escritores, como Baloo en Torremolinos, sin ir más lejos. Creo que es una de las maneras más eficaces de acercar la cultura a la gente. La mayoría  acude o acudimos los fines de semana a las discotecas y zonas de ocio. Pero ¿quién acude regularmente a una biblioteca municipal o a una librería para sumergirse en sus libros y sus novedades editoriales? ¿Quién no ha experimentado esa extraña sensación, como de ignorancia insuperable, al contemplar tantos títulos que aún quedan por leer en esos interminables anaqueles?


Lo primero que hay que hacer es ser selectivo y centrarse en aquello que te motive, en lo que te aliente, te inspire o te atrape, te enseñe, te informe, te oriente o sencillamente te entretenga. Hay que desechar, como decía Borges, aquello que no te guste, te aburra o no te aporte nada. Es la única manera de luchar contra esos molinos que han llegado para distraernos en el buen o mal sentido: televisión, programas basura, consolas, plataformas digitales, adicción a las series de televisión y, sobre todo, el móvil y todas las diabólicas trampas que encierra en sus circuitos. ¿Quién no ha experimentado esa amarga sensación de estar perdiendo el tiempo en las redes sociales, videojuegos, chats o el maldito WhatsApp, que en vez de simplificarnos la vida muchas veces nos la complica? ¿Quién no ha experimentado esa sensación de absurdo ridículo cuando hemos estado discutiendo acaloradamente con un desconocido en internet sobre determinados asuntos políticos? Pues bien, todo este panorama desolador, que simboliza la más absoluta pérdida de tiempo, vendría a suplirlo, por sus beneficios intrínsecos, la lectura de un buen libro, quiero decir de un libro que te guste, que te emocione o te ilustre.

La lectura requiere un cierto esfuerzo intelectual que consiste en decodificar el mensaje que transmite el emisor (o autor). Quizás, por eso, resulte más cómodo conectar el mando del televisor. Sin embargo, esto es como los que huyen de las películas subtituladas, a los diez minutos no te das cuenta de que estás leyendo y has disfrutado de las voces originales de sus actores.

El escritor (emisor) ha de empatizar con el lector (receptor). La mayoría de las veces el posible lector no se siente atrapado por el universo del escritor, bien por desidia de este o por egocentrismo de aquel, esto es, muchos autores escriben para sí mismos ( que puede ser muy loable) pero no advierten que ese onanismo lingüístico impele al tedio y favorece la fuga de lectores. Entonces hacen acto de presencia, con los brazos abiertos, el WhatsApp, los Netflix, la telebasura u otros embelecos diciéndonos: ¡Venid a nosotros, malditos! Nosotros pensaremos por vosotros y os llenaremos la cabeza de inmundicia o de grillos en el mejor de los casos.

Hay diferentes tipos de lecturas: lúdica, reflexiva, selectiva (búsqueda de información), analítica y, por último, crítica o inferencial. Todo ello dependerá de nuestros intereses. Llévese a la playa un libro de Julia Navarro o Falcones, pero no uno de Hegel (o sí); también dependerá del nivel intelectual del lector. Por cierto, ¿cuánta gente ha visto usted leer en la playa o en el tren? ¡Me cago en los móviles! (con perdón).

Recuerdo cuando realicé el plan lector en mi centro, teniendo que incentivar al alumnado a la lectura como objetivo principal. Aquel plan fue un proyecto minucioso, tal y como solicitaba la Consejería, pero poco práctico. Así pues, discurrí por mi cuenta y riesgo. Indagaba, en primer lugar, en sus intereses o aficiones y, a continuación, les leía párrafos o secuencias de algo que les llamara la atención. Mi lectura tenía que ser como la de un rapsoda para que se centraran en mi histriónica declamación. Después, acudíamos a la biblioteca y les indicaba la zona de lecturas juveniles con sus diversas temáticas. Les daba vía libre y trataba que aquello fuese como ir a PortAventura. Sí, la aventura de leer. Después, a las dos semanas, tenían que exponer ante sus compañeros el libro que habían leído, comentar de qué trataba e intentar atraer a algún compañero o compañera renuente o reticente. Más que recomendarlo, tenían que “venderlo”. Alguno de ellos me sorprendía al comprobar cómo podía estar casi toda la hora analizando el libro, no tanto el contenido como los personajes y la intención del autor. Luego, por recomendación de Manuel Podadera, antes de comenzar las clases, les dejaba 15 minutos de lectura en silencio. La mayoría protestaba porque era realmente poco tiempo. Ya nos encontrábamos en el primer estadio: el descubrimiento del placer de la lectura. A lo largo del curso mejoraron en general sus calificaciones, se expresaban mucho mejor, desarrollaban su espíritu crítico e imaginación, podían compararlos con otros libros o autores y, si se había hecho alguna película, como el caso de Harry Potter, contrastaban uno y otro medio y llegaban a la conclusión que yo les había pergeñado: que no se puede comparar cine y literatura porque son dos medios diferentes de comunicación.

En mi afán por ganar adeptos a la lectura, empecé a escribir relatos  y novelas. Tenía que luchar, como don Quijote, contra esos diabólicos molinos de viento que han venido para distraernos, contaminarnos y alejarnos de lo que verdaderamente importa: leer.

Comentarios

  1. Leer permite escapar de las tensiones, baja el estrés, desarrolla habilidades cognitivas, y mejora las sociales. Leer , es abrir tu corazón para tí y para los demás. Es la mejor cura si estás sufriendo

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  2. Leer es vivir vidas que nunca vas a vivir. Por muy plena que sea tu vida, nunca estarás en la Rusia de Anna Karenina o en el universo de Cartarescu....¡leer es vivir!

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