La otra cara de la indignación
Pepe Raya
"Escribir como terapia y para sobrevivir en este mundo, no cruel, pero sí injusto y
Me impliqué y me compliqué
¡De todo se aprende!
La lealtad dura hasta que dure el beneficio.
Cuando no pones límites, pasa lo que pasa.
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La
otra cara de la indignación
Pepe Raya
He de subrayar en primer lugar que este es mi
blog, mi espacio, mi catarsis y el lugar donde escribo lo que quiero. Faltaría
más que alguien viniera a censurarme. Si no estás seguro de seguir con esto,
puedes parar ahora. Sin duda, estas palabras van a ser muy polémicas. Por otra
parte, cuando estoy convencido de que la Razón está de mi lado, la expongo sin
reparos. Esto podría ser una prolongación de otra entrada del blog titulada “No
es normal”, pero dada su gravedad y su excepcionalidad, lo comunico en una
entrada diferente. Como concluiréis finalmente, esto me pasa por entregarme a
una labor, sin fisuras, por no poner límites y, en definitiva, por gilipollas.
Siguiendo con la misma tónica, evitaré
menciones y alteraré los nombres propios.
Los más allegados conocen mis inclinaciones
por el arte, la poesía, el cine o la literatura principalmente. He dado charlas
sobre diferentes libros, propios y ajenos; y presentaciones en diferentes
espacios: Granada, Sevilla, Málaga, Zaragoza, Marbella o Madrid. He sido
entrevistado por radio y televisión en múltiples ocasiones. He realizado prólogos
para diferentes libros de poesía o relatos, reseñas y críticas sobre pintura,
danza, cine o teatro. Por ahí están publicadas en diferentes revistas o diarios.
Tampoco me he puesto a puntualizarlas o realzarlas en un currículum, ya que no
vivo de esto. Alguien me ha comentado alguna vez que no me doy la importancia
que debiera. Nunca se me había ocurrido. Realmente no me siento superior a
nadie. Y lo digo de todo corazón. De hecho, mis mejores amigos no coinciden con
mis inquietudes, yo me centro básica y precisamente en el corazón de la persona,
donde me han dado recientemente la enésima puñalada (por gilipollas como he
puntualizado anteriormente).
Aquella exposición me llamó poderosamente la
atención por sus formas, colores y su alegría. He admirado todos los estilos
pictóricos, especialmente aquellos que se enmarcan estrictamente en su género.
No me gusta que el surrealismo, el futurismo, el impresionismo o el realismo se
yuxtapongan, por muy original que aparente el experimento. Cuestión de gustos, como
suele decirse.
Contacté con el autor. Agradecí su amabilidad
y sus buenos modales en el trato. Marcos Revilla resultaba ser una persona
excelente, aparte de un gran artista. Surgió una amistad artística peculiar,
como la de Lorca y Dalí (salvando las colosales distancias). Desgraciadamente
lo que ocurrió, desde el minuto cero como suele decirse, es que malinterpretó
mis señales. En ningún momento mi intención era lasciva, sobre todo porque este
señor se encuentra en las antípodas de mi estereotipo. Después, comprobé cómo
me iba tanteando para ver cómo reaccionaba. Lo que eran halagos se convertían
en pequeñas dosis de acoso. Quizá, dado mi carácter dicharachero, daba pie a
ello. En otro contexto (hombre/mujer) es muy posible que hubiera terminado en
los juzgados. Pero mejor voy a omitir todo ello. He llegado a pensar que el
desenlace de todo esto ha sido producido por mi rechazo continuado a sus
proposiciones. Si has llegado hasta aquí, es posible que sepas de lo que estoy
hablando. En nuestro mundo, cuando rechazas a alguien, ello puede conllevar un
bloqueo en redes sociales, te dejan de hablar o saludar o incluso te insultan o
hablan mal de ti a todo el mundo. Ya lo he padecido en varias ocasiones.
También en nuestro mundo, agrego, existe algo muy común: uno habla o presta más
atención a quien le gusta o le atrae. Mire usted por dónde, me escapo de esa
norma. Es por lo que quizás se han malinterpretado completamente mis
intenciones. Pero no nos desviemos del asunto.
Automáticamente, deseé escribir una reseña
crítica para uno de los periódicos más importantes de Andalucía, después
llegaron cuatro reseñas más a diferentes diarios. Mi admiración seguía “in
crescendo” y contacté con la radio-tv de diferentes zonas y ayuntamientos. Mi
labor era completamente altruista y, como suele decirse, por amor al arte. Mi
próximo proyecto, por ejemplo, será la elaboración de un prólogo para un
poemario de Mariano Fernández Cornejo, gran pintor y excelso poeta, cuya labor
lo ha llevado a ser comisario de exposiciones en Málaga. Esto como apéndice. Siempre
tengo algo entre manos.
Mi admiración por Marcos Revilla se fue
convirtiendo en amistad. Pero en esto yo voy lento, muy lento. Para que yo
considere amigo-a a alguien, seguramente deba transcurrir un año al menos. No
obstante, Marcos parecía que tenía otras intenciones, que yo esquivaba como podía
o sabía. A veces le seguía el juego para no parecer grosero y que no se
enfadara. Pensad en la imagen de la mayoría de nosotros al saludarnos con un
pico: ese día me metió la lengua hasta la garganta. Me retiré amablemente.
“¡Qué frío eres conmigo!”, dijo. ¡La que se lio por muchísimo menos con Jenny
Hermoso y Rubiales! (Lió se escribe sin tilde).
Acudía religiosamente a todas sus
exposiciones (inauguraciones), incluso a las más distantes. Como muchos
comentaban por lo bajini: “si siempre son los mismos cuadros”. Aparte de los
cinco artículos, difundía y compartía sus proyectos por internet. Nunca he
tenido en cuenta que esto NO fuera mutuo. Cada cual es como es. Tampoco se lo
he echado en cara. Ni a él ni a nadie. Por cierto, como dato curioso, uno de
mis mejores amigos, prácticamente desde la infancia, no ha asistido a ninguna
de mis presentaciones, ni ha leído ninguno de mis libros, ni ha comentado ninguno
de mis artículos. Y no es precisamente una persona inculta. Supongo que
Marbella está en Australia: es lógico. Otro amigo común me explicó que me tenía
envidia; pero no hago demasiado caso a esas maledicencias.
Volviendo a lo anterior, que siempre me ando
por las ramas: ocurrieron un par de cosas que desencadenó lo que a continuación
relataré.
Una de sus inauguraciones se me pasó. A pesar
de que la tenía anotada en la agenda, me confundí de día. En la siguiente tenía
un viaje programado con mi pareja y el hotel reservado. Hube de dar
explicaciones y pedir disculpas en los dos casos. No llegaron a convencerle.
Exigía cada vez más. Le comuniqué que me llegaría lo antes posible con otro
amigo; pero volví a fallarle porque me puse enfermo. Le mostré la foto del smartwatch por un mensaje, donde se veían
perfectamente las dos horas de sueño. Había pasado muy mala noche, había tenido
fiebre y tenía muy mal cuerpo. Me lo volvió a recriminar. Caí en el error de
recordarle la de favores que le he hecho: incontables. “Error” porque no soy de
los que hacen un favor para luego recordarlo, pero es que me llevó al extremo.
Automáticamente me disculpé.
Un domingo hice una fiesta en casa a la que
acudieron muchos amigos. Evidentemente él estaba invitadísimo. Llegó nuevamente
a reprocharme que si no había tenido tiempo de acudir a su inauguración y sí
para convocar y organizar una fiesta; le expliqué por activa y por pasiva
(je,je) que me encontraba en otra ciudad con mi pareja con el hotel reservado y
todo. No daba crédito: pareciera que esto no era excusa. Traté de explicarle
que dicha exposición va a estar un par
de meses más y que tenía tiempo de sobra. No era excusa tampoco. Su odio y su
voracidad no tenían límites. Entonces, sacó lo peor de mí. Surgió el demonio que
todos llevamos dentro. Había aguantado lo indecible con esta amistad TÓXICA. Le
grité en un audio: PERO QUÉ COÑO QUIERES DE MÍ. Recuerdo muy bien cómo toda la
gente se me quedó mirando mientras repostaba gasolina en la Galp. De película.
En ese momento ya me encontraba bloqueado en Whatssap y en todas las redes
sociales. Mi perplejidad de 0 a 100 era 1000.
Esa noche apenas pegué ojo. Pasé por todas
las fases: perplejidad, frustración, asombro, vergüenza y, sobre todo,
indignación; y después contemplé la otra cara de la indignación: negra y
grasienta.
Marcos había ganado.
Si has llegado hasta aquí, solo quiero añadir
que siempre he intentado ayudar a todo el mundo lo mejor que he sabido. Otros
artistas pueden corroborarlo. He tenido muy mala suerte con la elección de
determinados amigos. Esta nefasta experiencia está haciendo que vaya con pies
de plomo y que no me entregue tanto y que desconfíe. Sé que si te encuentras en
la fase de conocerme, me vas a entender. Si acudo a nuestro entorno es porque
mi pareja me lleva y me trae. Aquí en Mijas estoy feliz, lejos del ruido y de
la gente tóxica, con mi perro, mis libros, mis cosas y mi portátil. Sé muy bien
que hay personas con muy buen corazón con las que tengo contacto por las redes
sociales y he tenido el honor de saludar y conocer en persona; pero tengo
miedo, miedo a equivocarme y a que vuelvan a apuñalarme por la espalda. He
tenido otras calamitosas experiencias, la mayoría ha sido consecuencia del
rechazo sexual; pero como esta ninguna. Después recurro a la estadística, es
decir, tampoco es para tanto que esto te haya sucedido en el 5% de tus
amistades, más o menos.
En fin, supongo que Marcos tendrá su versión. Todos los maltratadores también la tienen.
Iba a terminar justificándome y disculpándome
por escribir todo esto; pero ya estoy empezando a hartarme por disculparme
tanto. Necesito expulsar tantísima podredumbre acumulada.
Un sincero abrazo a todos los que me quieren
y me aprecian de verdad. Y a los que no, un beso, pero sin lengua.
*Todo esto son datos como 2+2=4
Las consideraciones personales se desprenden por sí solas.




No conozco al personaje de tu relato y no me importa, ni te voy a preguntar por él ni por su obra. Pero soy de esos que has conocido recientemente y te aseguro que echo de menos no verte más y darte otro abrazo y otro beso, sin lengua. Se te cae la cara de bueno y tú corazón no te cabe en la caja. Yo no soy artista, ni pinto, ni esculpo, ni fotografío con arte, ni canto ni bailo pero soy buena gente, soy de corazón y mi corazón necesita la alegría de verte. Un abrazo.
ResponderEliminarBuenas noches Jc, menos mal que aún hay personas como tú. Un sincero y fuerte abrazo 🤗
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