El matón



La escuela de la vida se ubica lamentablemente en el seno mismo de la misma escuela, donde aprendimos a leer, escribir, jugar y también a marginar, acosar o ningunear. El más extrovertido se erigía como líder, haciendo y deshaciendo a su antojo las relaciones sociales que en aquellos tiempos se iban estableciendo. Era fundamental que el maestro vigilante o los padres atentos hubieran prestado mucha más atención a estos inicios. Por desgracia, se siguen repitiendo los mismos patrones. Es lógico pensar que cada niño actúe según su carácter o personalidad; pero no es lógico que, porque este o aquella posean un carácter fuerte, le otorguemos la miserable conmiseración de poder acosar o maltratar a quien le apetezca. Perdón por la paradoja. Por cuestiones de supervivencia emocional los timidillos, gorditos, gafotas, amanerados o tullidos terminaban sometiéndose al dictador y a sus acólitos. Empezaban los peligrosos juegos de poder, maltrato y acoso; si bien, esto último no tenía por qué ocurrir. Simplemente con ignorar o ningunear a alguien es suficiente como para hacerle sufrir. Si os fijáis un poco, los mismos esquemas se repiten en nuestra edad adulta: hay círculos de amigos impenetrables; existe el líder que hace y deshace a su antojo; se invita al de siempre y se ningunea a los mismos; se celebran hipócritamente las gracias de los líderes y se desentienden/desatienden a los desapercibidos porque sencillamente no son importantes en ese concierto de cariátides histriónicas e histéricas. Y se reproducen aquellos nefastos esquemas en las pandillas o cuadrillas, las empresas, las comunidades de vecinos, gremios o clubes. Y también en el concierto geopolítico: obsérvese como el matón (léase Trump) juega con el mundo a su antojo. Él pone las reglas. Él permite o prohíbe. Y luego están sus acólitos, aduladores y pelotas, como en el patio del colegio. La escuela de la vida suele ser amarga. El poderoso pisa el cuello al débil y margina a todo aquel que no le baile el agua. Y luego estamos los observadores, los que se ríen, escriben o se irritan ante este gran teatro del mundo (con permiso de Calderón de la Barca), tan fascinante o bello como cruel. Y por último, nos encontramos a los que, ahogados por el hartazgo piensan: “No me toquéis más los cojones que a la más mínima salto”. No pises a nadie, pero tampoco te dejes pisar. Seguramente, el matón de la clase debería probar alguna vez su propia medicina. Ya va siendo hora de jugar a la inversa. Y gritar: "¡Todos a una!". Con permiso de don Lope de Vega.




Comentarios

  1. No lo tengo claro --hay innumerables hechos que contravienen lo que voy a exponer -- pero dicen que el homínido saltó a hombre (especie, que lo de la inclusión no va de biología) cuando comenzó a hablar y los varios débiles se unieron para plantar cara al fuerte.
    Podría pensarse que eso de hablar, de negociar, de plantar cara al brabucon fue el germen de las Naciones Unidas, ese nuevo orden muncial que acabaria con los brabucones y las guerras; claro que eso sería si no supiéramos que la idea era de Roosevelt y Chourchill y que a ella se unieron fervientemente Stalin y Chiang Kai-shek.

    Sin duda, la ONU, en la escuela de la vida, era una idea razonable para acabar con los abusones (paises, estados, partidos, asociaciones, sindicatos...), si no fuera porque ya estaba el mundo dividido en bloques... y lo más angustioso de los bloques "los amigos" es que estás en uno o estás en otro... porque lo que Pepe no ha incluido en su alegato es que en los colegios había uno o varios bloques de "amigos"... Así que, como por arte de magia, posición o azar, te unías a uno de ellos o al otro, lo que siempre te situaba en contra del contrario, cualquiera que fuera este. Y lo más espeluznante de los bloques o los amigos es que si eras de un bando, no podías apoyar lo que dijese el otro, por muy de acuerdo que estuvieras y muy razonablemente positivo que resultara para ti; pero también lo contrario -- era malo para ti, pero lo apoyabas porque el que lo proponía era tu "amigo"--

    Así que lo de hablar, negociar y buscar alianzas, para acabar con el abuson, no ha surtido efecto porque, previo a ver lo que cada grupo propone, tú ya estás en uno y tienes que apoyar lo que hace o dice este, convirtiéndote así en parte del problema o acrecentando cualquiera que sea este.

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    Respuestas
    1. Gracias por perpetuar la maldad, querido primito.
      [Postdata: las columnas impiden matizar por falta de espacio]
      ¡Quedarse de brazos cruzados ! Y Gracias por darme un nuevo título.

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