Las claves de DUNE
Las claves de
Dune
José Luis Raya
La ceremonia de los Oscar ha concluido. Como siempre, depositamos las
expectativas en la película española que se cuela en la final. España ha
conseguido la estatuilla en cuatro ocasiones. Seguimos a gran distancia de
Francia (9) o Italia (11). No siempre ganan las mejores o las que deseamos. A
menudo se aproximan a nuestros deseos. Hay años que se puede atinar, que se ve
venir. Otros se convierten en una auténtica sorpresa, para bien o para mal. Una
de las grandes perdedoras ha sido Dune, tampoco
acumulaba tantas nominaciones. Exceptuando
El señor de los anillos, ninguna película ha conseguido reconocimiento en
Hollywood como género fantástico o de ciencia ficción. Grandes obras maestras
como 2001: Una odisea del espacio
o Blade Runner se fueron de vacío, o Interstellar sin ir más lejos. Algo hay
contra este género que no logro descifrar.
Hay que ser un experto para desentrañar y clasificar los complejos universos de Star Wars- La guerra de las galaxias o El Señor de los Anillos. Tan complejo o más es el universo Dune. Habría que sacarse un doctorado para descifrar todo lo que esta magna obra encierra. El autor de la trilogía inicial, Frank Herbert, ampliada a una hexalogía posteriormente, deja incluso de una manera involuntaria algunos cabos sueltos. Se crea, pues, en todas ellas una mitología tan rica como la grecorromana. De hecho, existen inequívocos puntos de conexión. Agamenón y Menelao, por ejemplo, procedentes de la Ilíada de Homero, son los Atreides, hijos de Atreus. He de añadir que el sobrino de Herbert amplió la narración hasta los 21 volúmenes: “el universo” se va expandiendo.
Cuando leí el primer volumen, allá por los ochenta, quedé sobrecogido por su densidad. Agradecí que David Lynch vertiera (no se debería decir versionara) aquel denso universo en una magistral película, así no me robaba tiempo de mi querida y añorada carrera de Filología. Por cierto, Lynch ha renegado mil veces de su película, seguramente porque resultaba imposible condensar ese colosal contenido mitológico en 137 minutos. Por otra parte, he de investigar un poco el papel de Jodorowsky en este sentido; el autor chileno afirma que soñó con esta historia antes de conocer la saga. De él partió el inicial y abortado proyecto.
La imaginería de Lynch la prolonga Villeneuve en su versión. La contemplación y el placer estético que inundan los fotogramas deberían ser algo más que una excusa para sentarse y deleitarse con su proyección. Nunca he disfrutado tanto admirando el vestuario de sus actores y actrices. Su espectacular escenografía la hacen única. He de admitir que en Lynch me sorprendió mucho más, sobre todo los efectos especiales, considerando que hay ¡cuarenta años de diferencia! Nada más y nada menos.
Hay que empezar diciendo que en la película se ha superado una época milenaria de robots e inteligencia artificial (algo así como en Blade Runner). Dentro de unos cuantos milenios, nuestro planeta fue/será destruido por un inmenso asteroide o planetoide, así que hubo de trasladarse el orden imperial fuera de nuestro Sistema Solar. Los humanos y demás habitantes del sistema solar colonizaron los planetas de Arrakis o Caladan entre otros.
Las casas aristocráticas que dominan estos planetas se ven enfrentadas entre sí. En determinados casos podemos realizar paralelismos con nuestra propia historia sacro-santa- profana: La Guerra Santa, Hitler, Napoleón, Jesucristo… es como si todo fuera una prolongación de nuestra lejana historia, más de diez mil años atrás. ¡Hasta el régimen feudal se reproduce!
El Emperador de la casa Corrino, podría ser el mandamás (Chritopher Walken), vive siempre alerta para combatir a todos aquellos que se le sublevan. A las Bene Gesserit hay que prestarles atención, ya que con sus poderes adquieren gran importancia en el relato.
Arrakis es un planeta desierto y desértico – sería el epicentro de la historia-; sin embargo, posee un bien preciadísimo en todo el universo conocido: la especia o melange, producida a su vez por unos gigantescos gusanos que habitan los fondos arenosos de Arrakis. Los nativos del planeta, los Fremen, conocen el secreto de estos seres y llegan a “cabalgarlos”. Los enormes gusanos pueden medir más de dos mil metros de largo por cien o dos cientos de ancho. Los Fremen creen que pronto llegará un Mesías que los liberará y recuperarán el control su planeta. Algo así como la Tierra Prometida. Paralelismos con las religiones abrahámicas: cristianismo, judaísmo e islamismo. Esta especia o melange, tomada en sus justas dosis, puede transmitir ciertos poderes premonitorios y mentales. Pero solo pueden tomarlo las mujeres o sacerdotisas. Cuando la ingiere Paul Atreides, el protagonista, resucita a las tres semanas. Tres días hubiera sido demasiado obvio. Por lo que el Mesías ya estaba servido.
Un malo importante es el Barón Vladimir Harkonnen –¡qué ironía del destino y de las premoniciones si Herbert lo hubiera apellidado Putin!-, el cual intenta apoderarse de la especia. Otro paralelismo sería sustituir el nombre de la especia (melange) por el término “petróleo”. “Quien controla la especia controla el universo”.
Paul Atreides, hijo del Duque Leto, es enviado a Arrakis, junto a Lady Jessica, para vigilar el comercio de la codiciada especia. Paul es un pusilánime muchacho que poco a poco se convertirá en el Mesías o libertador. Paralelismos con Lawrence de Arabia, la huida por el desierto hacia la Tierra Prometida, la retirada de Jesús al desierto para meditar o el libertador Simón Bolívar.
Otra escena secundaria pero decisoria podría ser el momento en que Stilgar, el Fremen interpretado tan magníficamente por Javier Bardem, le sugiere a Jessica que beba “agua de vida” o especia para que el espíritu de la Reverenda Madre pase a su cuerpo. Ocurre que Jessica está embarazada y ello implica que hay dos nuevas madres. La madre mantiene conversaciones con su hija que vive en su vientre. Por otro lado, Chani está enamorada de Paul y no lo ve como un profeta, o mejor dicho no quiere verlo, sobre todo cuando este se promete con la hija del emperador para ser el nuevo gobernante del universo conocido. Paul Atreides sacrifica su amor por Chani y así honrar la memoria de su padre, Leto. Anteriormente, hubo de vencer en un duelo espectacular de alfanjes al sobrino del malo malísimo Harkonnen: No puedo olvidar el papel del cantante Sting en la original de Lynch. Sting y su homólogo Feyd me impresionaron gratamente. Un duelo al sol. Por cierto, Villeneuve hubo de aceptar la condición de Bardem para que este aceptase el papel, es decir, adquirir más protagonismo siendo el único fremen que enseña a Paul cómo montar y conducir el gusano para luchar.
Jessica viaja al Sur para unirse con los llamados fundamentalistas. He de advertir los ropajes que visten, son parecidos a los árabes, pero, al mismo tiempo estos fundamentalistas son los buenos: ¡Menuda paradoja!
Paul, finalmente, mata al temible barón y ordena al Emperador que bese su mano. Todo resulta apoteósico. Es un Mesías poderoso. No como el de los cristianos, que se deja matar. Es el inicio de la Guerra Santa. Paul es llamado Muad Did, el nuevo redentor. Lo siento pero al verla y oírla en VOSE los fonemas me recordaban a Boabdil. Recordemos -soy granadino- que Boabdil derrocó a su padre, aunque más tarde perdería la Alhambra. ¿Arrakis?
Como anteriormente intenté deconstruir Oppenheimer, he intentado hacer lo propio con Dune. Pido disculpas por mi arrogancia y por ver tantos encadenamientos culturales. Ahora más que nunca, el cine es cultura. Hay que ir al cine para deleitarse, reflexionar y aprender.



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