El eterno conflicto (La Opinión, Le Monde)

 




El eterno conflicto

José Luis Raya

Cuando tienes el corazón dividido porque mantienes lazos afectivos entre palestinos e israelíes es necesario mantener un equilibrio y ser justo a toda costa, pese a quien pese. Has de perseguir la verdad, vestirte de juez y olvidarte de las típicas consignas de izquierda y derecha que todo lo enturbian. Si eres de izquierdas tienes que ser pro palestino, si votas a la derecha has de ir con Israel. Después de leer la última columna del excelso escritor Juan Manuel de Prada, este tópico se resquebraja, afortunadamente.

Todo se remonta a 1917, tras la I Guerra Mundial, cuando se desmoronó el imperio otomano poniendo fin a muchos siglos de ocupación de las tierras palestinas. Gran Bretaña las ocupó aprovechando ese vacío y desconcierto. ¡En plena guerra! Parece que todo lo que tocan los ingleses se transforma en conflicto. La situación obligó a la ONU, aunque aún no estaba constituida oficialmente, a aposentar allí a los judíos, lo cual provocó el recelo de los palestinos. De haber existido un estado de Israel independiente, hubieran sido deportados por Hitler y se hubiera ahorrado aquel infame y pavoroso exterminio. Los territorios palestinos eran controlados extraoficialmente por los británicos y no desearon acoger a tantos judíos. Tampoco los americanos, ¡tan empáticos! Ellos se lavaron las manos en su momento. Anteriormente, en 1936, hubo diferentes revueltas en las que los palestinos pedían el fin de la inmigración judía. ¿Qué opina la izquierda más ortodoxa sobre esto? Hasta aquí podría existir un verdadero choque cultural y religioso. Poco a poco se iría transformando en un problema territorial y colonizador. Todo ello generó el terrorismo sionista del que poco se habla. Después de 1948, libre ya de la influencia británica, se dividió en dos aquel territorio de Oriente Medio para que cada uno formase su propio país. Pero los árabes no deseaban compartir, mejor dicho, repartir. Y aquí está el embrión de tanto odio.

Hace poco, leyendo a mi admirado Álvaro Pombo, decía que el odio siempre es generador de creatividad y germen de nuevas ideas. En este caso, la creatividad ha generado destrucción y las nuevas ideas se condesan en la aniquilación. Desde entonces, la historia entre ambos pueblos se cuenta por guerras, latrocinios y monstruosas muertes. Toda mi vida, desde mi niñez, ha estado presente el conflicto palestino/israelí. Parece mentira que no hayan llegado a un acuerdo para que puedan vivir en paz. Ni siquiera la ONU lo ha conseguido, sobre todo cuando Israel se ha pasado por el forro numerosas resoluciones de las Naciones Unidas que le obligaban a retirarse de los territorios que periódicamente iban ocupando. De aquel germen infame nacieron numerosos conflictos, como la Guerra de los seis días. Ya se unían a la pelea los egipcios y los sirios. Recuerdo de pequeño, por tierras de Guadix, que cuando había una trifulca entre dos perros callejeros, se unían otros perros rabiosos; salían de no se sabe dónde para proseguir con los ladridos y los mordiscos hasta convertirse aquello en una verdadera jauría rabiosa.  Luego llegó la guerra del Yom Kipur. Israel fue atacado por los actantes anteriores, ya que se había anexionado la península del Sinaí. Como los rusos hicieron con Crimea en Ucrania. Creo que hay anexiones de diferentes colores.


https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2023/10/16/eterno-conflicto-93361619.html

Ante tanto despropósito bélico, los palestinos más jóvenes se organizaron en guerrillas callejeras en los territorios ocupados: las conocidas “intifadas”. Recordaremos cómo nosotros, los españoles, nos agrupábamos en pequeñas guerrillas para luchar contra la ocupación de los franceses en el siglo XIX: a unos pocos le gustaba José Bonaparte. No lo olvidemos.

Los acuerdos de paz de Oslo y Madrid en los años 90 auguraban una paz más cercana. ¡Qué ilusos! Hamás ya existía como grupo armado y organizado hasta que ganó las elecciones en el 2006: ellos también fueron los artífices de confrontaciones e interminables conflictos, pasando a ser considerados como peligrosa asociación terrorista. El voto joven, rebelde e insumiso, les dio la victoria. Esto los validaba para seguir con su proyecto de recuperar sus territorios y su dignidad. No deberíamos confundir a Hamás con los palestinos. No confundamos a ETA con los vascos, por poner una analogía.

El espeluznante asalto de Hamás recientemente, cuando un grupo de jóvenes israelíes bailaban en un festival por la paz (qué paradoja), matando a sangre fría a gente civil e inocente, así como el asalto a los kibutzs, descuartizando a familias enteras, con decapitación de bebés incluida (presuntamente) ha disparado las alarmas a nivel mundial y ha despertado a ese coloso armado que es Israel. Los expertos concluyen que sin la mano de Irán, otra infravalorada potencia militar, este cruento asalto no se hubiera producido. Por otro lado, ¿no consideraban los terroristas que Israel respondería con mucha más contundencia? ¿No iban a pensar que su pueblo (Gaza), lleno de civiles inocentes, iba a ser arrasado? ¿No consideran que, mientras ellos se escabullen por túneles y pasadizos, niños y ancianos sirven de escudo? Esto es tan vergonzoso como aterrador.

El horror ha ascendido a su cara más espantosa. Horror que en ocasiones anteriores fue perpetrado por el ejército israelí. La historia del eterno conflicto se embarulla mucho más si consideramos los colonos judíos asentados en Cisjordania y la cantidad de refugiados palestinos errantes. 1948 y 1967 son claves para entender la dimensión del conflicto: año de la creación del estado de Israel y el año en que se disolvieron las fronteras palestinas.

Habría que ser un gran estratega o experto en esta materia para determinar exactamente quién lleva razón sin caer en el pueril “y tú más”. Lo que no es de recibo es que los palestinos sigan arrinconados en cuatro metros cuadrados cuando antes disponían de una amplia casa. Y si protestan se les amordaza. También me da pena que el pueblo judío siga errante desde la maldición que le cayó por reírse del sufrimiento de Jesús en la cruz. Si es que la historia los ha apaleado constantemente. Recordemos cómo los Reyes Católicos los expulsaron sin piedad de la península y los putos nazis los asesinaron en el peor holocausto de la historia de la humanidad.

Si  con todo esto no se llega a un acuerdo compartido y respetado, el conflicto será eterno. Hasta que llegue el nuevo Redentor y ponga orden. La solución más pragmática sería consolidar el estado de palestina en Cisjordania, a pesar de los colonos, y tramitar la disolución de Hamás hasta que desaparezca como los grupos terroristas de aquí, nuestro país. Y, sobre todo, las grandes potencias que vigilan el mundo, tendrían que estar pendientes, sin favoritismos. Pero es que parece que hay fuerzas ocultas que están interesadas en reavivar ciertos conflictos y generar otros nuevos. En cualquier caso, el dolor y el odio se ha instalado en los corazones de ambos pueblos, lo cual será muy difícil de exterminar si no hay buena voluntad por ambas partes. Entre tanto, invito a visualizar una bella y triste película titulada Gaza mon amour. En ella veremos que hay personas, como en todos los países, buenas y honradas, tan normales como nosotros, que sufren la ambición y la desconsideración de sus mandatarios. Las guerras son gestadas por los gerifaltes pero siempre las sufre el pueblo inocente. Esto sí que es una verdadera pena.

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