La española cuando besa

 



La española cuando besa

José Luis Raya

Agosto es tradicionalmente un mes carente de noticias relevantes porque todo el mundo se encuentra de asueto. Por lo tanto hay que poner el foco y dirigir la atención pública donde ellos (o no sé quiénes) propongan. Hubo un momento en que las RRSS iban por otro lado, pero ahora son arrastradas igualmente por el cuarto poder. El objetivo es que todo el mundo piense lo mismo o, en su defecto, que piensen lo mismo (y los mismos) polarizadamente.

Hubo un seudo intento por imbuirnos en un mundo claramente orwelliano -mejor dicho orsoniano- recuperando los platillos volantes, que ya habían sido casi denostados. Por cierto, los automóviles evolucionan más que las naves espaciales, que siempre son las mismas. Se encajó muy bien el intento, después de los distópicos años de la pandemia. Pero fue solo un vano intento. El referéndum (y sus secuelas) fue eclipsado incluso por el espantoso crimen de Tailandia. Cuando esto último parecía que decaía, España gana el mundial (femenino) de fútbol. Esta gran noticia ha sido eclipsada por un beso. No porque esto no sea importante en sí, sino porque nuestra atención ha sido nuevamente redirigida. De hecho, si el cuarto poder lo hubiera querido, el beso hubiera sido anecdótico, ya que la gente ha tirado de hemeroteca y se han visto montones como ese beso infame.

Al principio se percibió como una muestra de complicidad entre ambos y como un gesto cariñoso producto de un momento de euforia; hasta que hubo alguien que vio lo que había realmente y lanzó la primera piedra. A continuación, se produjo la lapidación general. Muchos de los que lo apoyaban se han ido retractando. Mi mensaje pudiera parecer que estoy apoyando al abusador. Nada más lejos de la realidad. Pretendo transmitir la idea de  que pensemos y decidamos por nosotros mismos y que no nos dejemos embaucar por el delirio colectivo, puesto que en alguna ocasión podríamos lapidar al personaje equivocado. Sin embargo, en este caso se ha acertado, sobre todo si uno escucha y atiende los antecedentes que lo acompañan. Sin aludir a los fraudes que se le puedan atribuir, me quedé impresionado al escuchar el testimonio de Tamara Ramos, la cual fue humillada, vejada y acosada por ese personaje, que se empecina en seguir viviendo en los años sesenta. Alguien tendría que recordarle que nos encontramos en el 2023 y que España ha ido consiguiendo un estatus de país moderno y progresista donde la mujer ya no puede seguir siendo humillada ni vilipendiada, todo esto ha sido generado por una serie de leyes y avances que tanto incordian a determinados grupos políticos.

Sin embargo, no quisiera comulgar con ruedas de molino, me refiero a esa doble moral que galopa a sus anchas por este país tan grande como casposo. Es cierto que hay que educar y castigar a todo aquel que se comporte como ese macho hispánico que tiene derecho a mancillar el honor de la mujer (que la mujer tiene su honor, oiga) o despreciar o calumniar al homosexual (ídem). Pero se han visto, tirando de hemeroteca, situaciones recientes en las que podría hacerse un paralelismo similar con este abyecto personaje. Hay que predicar con el ejemplo. Numerosos actores/actrices, presentadores o políticos se han cebado con el abyecto. No sin razón, pero sin razones. En cuanto alguien se muestra crítico y desea una izquierda más congruente, automáticamente es tildado de facha o carca. Por eso algunos se callan. Yo no.

La piel es muy fina y se llena de ronchas dependiendo de quién o qué. Los mismos que se ofendían por las tetas de Amaral, entendían el beso del innombrable. Realmente ha sido la gota que ha colmado el vaso, ya que sobre sus espaldas cargaba un cúmulo de ordinarieces y vejaciones que tan solo un cromañón puede sobrellevar sin inmutarse. Creía que podría torear al mundo, que todo lo podía controlar y que las mujeres son de su propiedad. La española cuando besa es que besa de verdad, no es necesario agarrarle la cabeza para que no se escape, aunque la euforia pudiera exculparlo. Un beso no consentido es reprobable, pero, por un lado no debería eclipsar la dorada victoria, ni tantas medallas como se han conseguido en otros deportes durante estas fechas, por otro, esto ha marcado un antes y un después en los avances por conseguir la igualdad. Y de esto debemos alegrarnos todos y todas.

Además, un beso de amor no se le da a cualquiera.  

 

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