¡A las cavernas!

 

¡A las cavernas!



Mientras en Irán las mujeres están luchando por sus derechos y su libertad, incluso están muriendo, mientras el mundo observa el valor y el coraje de las mismas, aquí en España, el mundo desarrollado y civilizado, asistimos atónitos a una retahíla de insultos e improperios por parte de un numeroso grupo de jóvenes, machos y ardientes. Entre tanto, las pobres chicas, exculpándolos y asintiendo en nombre de la tradición.

Todos lo hemos visto, no necesitamos más alusiones. Sí que me gustaría recordar la macabra coreografía, muy bien coordinada, consistente en subir las persianas de las habitaciones. Me resultó fascinantemente repulsivo, más cerca de “El cuento de la criada”, serie y libro que muchos hemos contemplado y leído con estupefacción.

Ni siquiera en los ominosos tiempos de Francisco Franco esto se podía tolerar. Dentro del machismo congénito que el sistema libaba, resultaba impensable este azote colectivo y público a la virginal imagen de la mujer.

 No puedo creer que, con todo el avance, mal-llamado “progre”, que se está produciendo año tras años, sucedan estas escenas tan distópicas como vergonzantes. Los derechos y el respeto por las mujeres y los homosexuales y por su equiparación con el resto de los mortales (varones y heterosexuales) en todos los aspectos de la vida, ya sea social, laboral, público o privado, están menguando nuevamente, ¿debido a qué? Es como si volviéramos a las mazmorras y al oscurantismo medieval.

Y ahora quiero pensar —quisiera pensar— que esa grotesca tradición se mantenga por el líder de turno, una suerte de Putin al que nadie se atreve a rechistar. Y luego se encuentran sus acólitas, las bellas doncellas que sonríen aquiescentes; estoy seguro de que la gran mayoría de las chicas se avergüenzan de todo el esperpento que se ha formado.

Así pues, ahí tenemos al pequeño Putin o Mussolini o lo que fuere, que se desgañita a grito pelado insultando y menospreciando a sus compañeras de estudios, a los siervos o cabecillas que suben muy bien sincronizados las persianas de la lujuria y del asqueroso machismo. Y, al otro lado, sus objetos del deseo, eso: objetos; con sus respectivas lideresas, que serán las que hablen en los medios de comunicación y comprendan y apoyen a sus pobres bárbaros machistas; entre tanto, las otras compañeras callan y miran hacia otro lado. Deberían pasarles en clase a estas chicas todos esos heroicos vídeos que nos llegan desde Irán. Y a esos cabecillas habría que reeducarlos dándoles un escarmiento. Seguramente a algunos padres también, que les han enseñado esos despreciables roles de machitos. ¡Todos ellos deberían ir a las cavernas!


                                                                                                                                       Jlraya

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