De susto en susto

 







El inicio de cada siglo se caracteriza por una sucesión de sustos y tragedias que nos ponen el alma en vilo. El recientísimo siglo pasado se inauguró con una cruenta guerra mundial, a la que le siguió una mal llamada “gripe española” para terminar de rematar. En lugar de aprender de los errores, se vuelve a tropezar con la misma piedra y le sucede una segunda contienda. Entre las dos podrían rondar los 140 millones de muertos. Más de tres veces la población española. Eso sin contabilizar las víctimas de otros estragos como nuestra vergonzosa Guerra Civil. Se le atribuye a Einstein la idea de que la cuarta guerra mundial se hará con palos y piedras. Es muy gráfica y elocuente. Aparte de su significado, que está clarísimo, podemos deducir que el ser humano está condenado a autodestruirse.

Cuando se inició el presente siglo, permanecimos sobrecogidos observando cómo se desmoronaban las Torres Gemelas. A ello sucedió una permanente intranquilidad con los atentados y ataques yihadistas, que no sabíamos cuándo ni dónde iban a sorprendernos. Cuando todo parecía haberse calmado, surgió una Pandemia que todavía colea. Muchos recordamos las primeras semanas del confinamiento, el estado de alarma y los miles de muertos que iban cayendo cada día. Salíamos al supermercado a comprar con el espanto marcado en el rostro y con la sensación de que nos encontrábamos en una guerra mundial pero sin bombas. Todo parecía haber sido perpetrado por el gigante asiático. ¡A ver quién se atrevía a señalarlo abiertamente con el dedo!

No hemos salido aún de este maldito Covid cuando ya nos encontramos otra vez con el corazón en un puño. Parece como si los sucesos más terroríficos se sucedieran ordenadamente, sin prisas, esperando cada uno su turno. ¿Qué será lo siguiente? ¿Una invasión alienígena? Quizá fuese esto lo único que uniría a todo el planeta, como ya pensó el incomparable E.V.Däniken.

Hay que actuar con mucha cautela porque no sabemos si este energúmeno puede estar a la altura de Hitler o de Stalin. Los agentes del KGB eran despiadados y fríos asesinos: sus antecedentes no son precisamente muy tranquilizadores. Solo hay que observar su rostro de psicópata/sociópata, que no gesticula ni se inmuta por nada. A los más jóvenes les recordará al muñeco diabólico.

Pues sí, querido R. Nadal, parece mentira pero está sucediendo de nuevo. Los dirigentes europeos, nuestros dirigentes, tienen que actuar con calma y sin precipitarse porque no olvidemos tampoco que es una potencia nuclear y tiene el ejército más potente del mundo. Solo hay que arrinconarlo, anularlo con un sinfín de medidas, a pesar del confortable y premeditado colchón económico del que dispone: miles y miles de millones de dólares. La cautela tiene que ir encaminada, sobre todo, a que el gran gigante se mantenga neutral y no diga de actuar el otro demente ubicado en Corea del Norte, porque entonces ya se ha liado. Ya podemos ir buscando palos y piedras. También podemos suspirar con que no esté gobernando otro inconsciente como el histriónico Trump. La suerte de un loco es toparse con otro loco, por muy amiguitos que sean o hayan sido.

Es cierto que todas las guerras son deleznables, pero esta puede involucrar a todo el mundo. No caben medias tintas. Hay que aislar al matón de la clase. Ahora hay que unirnos y hacerle bullying a él mismo. Que pruebe su propia medicina de alguna manera. Tenemos que defender y apostar por nuestro sistema de vida, esto es, la Democracia y Occidente. Hay que recordar que aquí caben todos, incluso los intolerantes; pero los que añoren un sistema contrario o diferente que hagan sus maletas y se instalen en el país de sus sueños y dejen en paz a los que queremos vivir precisamente en paz y en libertad.

Algunos nos acordamos de la inquietante cita de Julio César, Si vis pacen, para bellum: Si quieres la paz, prepárate para la guerra. Ya han pasado más de dos mil años. No sé si esta pavorosa idea podría seguir vigente o hemos evolucionado como para conseguir una tregua o una armonía con cierta sensatez. De momento, aprovechemos la primera lección y es que Europa debe estar mucho más unida, sin fisuras, ni extremismos.

                                                                     


                                                       De susto en susto - La Opinión de Málaga (laopiniondemalaga.es)


JLRaya







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