Las mejores intenciones






Es cierto que el alarmismo no es buen consejero para realizar actividad alguna, ni siquiera para la vuelta al cole, pero nada sucede porque sí. Lo mismo que el Presidente del Gobierno ha delegado responsabilidades en las CCAA para superar la crisis (en su amplio sentido), la Junta ha pasado la patata caliente a los centros educativos, equipos docentes, directivos y delegaciones para estructurar o planificar el retorno. Menuda papeleta. Se supone que durante el mes de agosto estarán ideando diferentes estrategias para afrontar la que se nos viene encima. A priori, podríamos esbozar un escenario donde los horarios se segregaran en mañana y tarde, ocupación de nuevos espacios o creación de otros paralelos, compaginar horas presenciales con no presenciales, o diversificación de horarios, puesto que la reducción de la famosa “ratio” sigue siendo una auténtica utopía. Por un lado, me informan de que se van a contratar nuevos docentes y por otro que se reduce la plantilla de los interinos. Lo mismo que con el/la Covid, se empiezan a cruzar falsas informaciones, o cuando menos, contradictorias. Hasta el día de hoy, no hay nada pergeñado, ni tan siquiera insinuado. Tan solo existe una configuración de horarios convencionales como si no estuviera ocurriendo nada. Así pues, es difícil desembarazarse del alarmismo porque parece que viene servido por sí solo. Se envían instrucciones o circulares con las mejores intenciones. Se reúne todo tipo de equipos de expertos y se idean protocolos con las mejores intenciones. Se organizan o, en el mejor de los casos, se diseñan esquemas protocolarios con las mejores intenciones, pero la verdad es que, a día de hoy, no hay nada concretado y los docentes están mostrando su inquietud, puesto que, realmente, no hay unas pautas claras para seguir. Se esquiva como se puede la principal, básica y nuclear como es el distanciamiento de dos metros puesto que es imposible separar al alumnado en muchas aulas donde están casi hacinados.
Como suele decirse, es mejor mirar los toros desde la barrera. Los señores y señoras que trabajan a destajo desde sus despachos solo tienen que, en primer lugar, visualizar los espacios y a las personas. Además, si se comete algún error, que siempre es comprensible, se puede uno parapetar en que estamos ante una nueva situación, imprevisible e impredecible para todos. En todo caso “anticipable”, –permítaseme este palabro y el sarcasmo-,  puesto que la  tensa situación del mes de julio se preveía para octubre. Es por lo que cualquiera puede mostrar cierta turbación ante la que se avecina, si no se pone remedio de inmediato.
Por otra parte, no se puede iniciar el curso nuevamente de forma telemática, puesto que el niño ha de acudir al centro escolar presencialmente. Ya hemos trabajado diligentemente durante muchos meses de manera digital. Pero no se puede acudir a desempeñar nuestra labor dejando cabos sueltos, puesto que cualquier rebrote implicaría que el centro se tendría que cerrar a cal y canto. Esto resultaría mucho peor. Los que ya hemos superado la que nos parecía “lejana barrera de los 55” presenciamos los avatares de este periplo indeciso con verdadera inquietud, pues algunos temen – me consta – que la parca haga acto de presencia antes de tiempo, o que sean víctimas de un simple estornudo envenenado a la vuelta de la esquina. Es cierto que el riesgo cero no existe, pero habrá que minimizarlo y eso pasa fundamentalmente por las medidas de distanciamiento, la ventilación constante, las mascarillas y la desinfección por doquier.
Así pues, sumemos ideas y sinergias. Cualquier propuesta debería ser atendida. Ahora bien, si no hay plenas garantías finalmente, es mejor esperar para evitar males mayores. Mucho me temo que la última semana de agosto será estresante para todo el mundo, puesto que, como buenos españoles que somos, lo dejaremos todo para el último momento.


Comentarios

  1. El Gobierno de España asumió el famoso "mando único" en al gestión sanitaria de la pandemia, declarando los sucesivos estados de alarma que, a duras penas, fueron autorizados por el Congreso e, incluso, pagando peajes nacionalistas . Pero esta situación ha de superarse desde todos los frentes y todas las administraciones. La competencia en educación es de las Comunidades Autónomas, que tanto protestaban por verse impedidas para tomar decisiones. Las mismas, y de todo los colores, que acudieron a la Comisión Territorial de Educación para mostrar su acuerdo con las recomendaciones del Ministerio, y que al salir por la puerta criticaban esas medidas. Estoy plenamente convencido de que la cooperación entre todas las administraciones territoriales es ahora más importante que nunca. Se acaba de demostrar que es posible consensuar las medidas en materia sanitaria, en la Comisión Territorial de Salud, adoptando todas las CCAA las mismas medidas. Tambíen hay que hacerlo en Educación, no repitiendo actitudes como las que se vivieron en junio. Han de darse dos condiciones para que sea posible. Primera, no ponerse de perfil; y, segunda, destinar recursos económicos a la Educación, para aumentar el número de docentes y reducir ratios. Si queremos seguir haciendo política de la mala, seguiremos metidos en este agujero.

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