Con perdón
Todo el mundo se llenó de buenos
propósitos para cuando aquel duro confinamiento acabase: volveríamos a
querernos y a respetarnos como nunca lo habíamos hecho, retornaríamos a una
vida saludable y le daríamos un respiro al viejo planeta que se agosta y se
envenena a pasos agigantados, echaríamos a un lado esas viejas rencillas que
nos iban intoxicando el alma, volveríamos a abrazarnos con afecto y no por
compromiso. Y nos miraríamos a los ojos entregando un hálito de ese amor que
todos podemos ofrecer, pero no permitimos que florezca porque lo relacionamos
con debilidad o quizá sumisión.
Si al egoísmo intrínseco del ser
humano le añadimos que, quizás, nos hicieran creer que podríamos salir como
entra un toro en una cacharrería, podremos entender un poco este fracaso
plagado de rebrotes. Muchos ciudadanos alimentaron su propia ignorancia
escogiendo lo que más les interesaba, ello incluía fake news o bulos a diestro y siniestro. Seguramente, el energúmeno
de andar por casa necesite multas e incluso cárcel para que el resto, la gran
mayoría, pueda vivir con seguridad y a la par con tranquilidad.
La tradicional e irremediable
dependencia del turismo para que España salga adelante sigue siendo boicoteada
por estos ciudadanos irresponsables, los mismos que esperan un empleo digno o
quizás esa paguita tan merecida, los que se quejan porque los temporeros vienen
a quitarnos el pan de nuestros hijos, esos temporeros que han llegado
infectados y que han estado viviendo y conviviendo en condiciones infrahumanas,
hacinados como bestias en condiciones insalubres, debido a esos empresarios
especuladores y desprovistos de la más mínima humanidad. A ello hay que
añadirle esos jóvenes -antaño preocupados por los grandes problemas sociales,
hoy adictos al alcohol y a la fiesta- cuyo egoísmo ha taponado el buen
desarrollo de las cifras de la Pandemia.
Todo esto viene coronado por el
cinismo británico, que purga sus males, como siempre, lanzando balones fuera:
el mismo método que usa la mitad de los catalanes. Si van bien, desean la
independencia por ello, si van como el culo, la culpa es del resto de los
españoles y esgrimen el motivo contrario. No evitaron, por ejemplo, que las
playas estuvieran abarrotadas en plena fase 1.
El gobierno central, que cerró
tarde el país pero enmendó el error desplegando un riguroso confinamiento, se
ha lavado las manos y ha dejado en evidencia a determinadas comunidades por su
pésima gestión de la crisis, sobre todo a la anteriormente citada, cuya
independencia se conseguirá debido al hastío que muchos estamos sintiendo. Es
posible que a todos nos vaya mejor. Una piedra en el zapato siempre es molesta.
Lo que no sabemos es si la pesada situación se solucionará por las buenas o por
las malas. Los españoles son a veces muy imprevisibles y llenos de
contradicciones. Podemos ser un país ejemplar en el mundo y al día siguiente
convertirnos en la vergüenza de Europa, batiendo records de contagiados.
Tenemos que empezar a
enfrentarnos con solvencia a futuras crisis: invirtiendo muchos más recursos en
Sanidad, Ciencia y Cultura, Educación y Seguridad. Para que todo el mundo – sin
excepción- sea atendido con ciertas garantías en caso de enfermedad; para que
empecemos a desligarnos de la excesiva dependencia del turismo; para que el
ciudadano se forme desde niño en los conceptos más básicos de civismo y que
respete las normas de convivencia y, por último, más presencia policial para
recordarles – por las buenas o por las malas nuevamente- a esos listillos, que
hacen lo que les sale de los “güevos”, cómo deben comportarse en una sociedad
democrática y civilizada.
Todo el mundo se llenó de buenos
propósitos, todos creíamos que volveríamos a amar al prójimo, pero estamos
viendo que el ser humano vuelve a ser la misma mierda de siempre, con perdón, o
dicho con más finura: “Homo homini lupus est”.
JlRaya



Llevas toda la razón, el ser humano no a cambiado seguimos siendo la misma mierda de siempre,vanidoso,envidiosos,anti solidarios
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