ALBORÁN
De reminiscencias morfológicas claramente arábigas, así es “alborán”, que
a su vez enlaza con “albus” y “albo”, que siginifica blanco, de ahí alba, esto
aludía en sus tiempos a la palidez que dejaba una complicada enfermedad como
era la lepra. Es la enfermedad, querido Pablo, la que sigue fustigando a toda
la sociedad, pero es una enfermedad mental que se ceba de prejuicios, traumas,
odios e inquinas. Es la perturbación que porta ese ciudadano que ni vive su
vida, ni deja vivir a los demás. Sumido está en la más supina insensatez, en la
más mezquina animadversión por los demás y en su más lastrada fobia social que
lo bloquea y lo amarga hasta amargar todo su entorno y a todos los demás. En
nuestro país son una minoría, lo suficiente como para causar toda la
infelicidad del mundo a los seres que tienen más cerca. Ya va siendo hora de
que estos homófobos paguen por todo el
daño que han causado y que siguen causando, son una especie de maltratadores
que ya deberían empezar a desaparecer del mapa, pero no solo de España, sino
también de todos aquellos países donde esto sigue constituyendo un delito o
supone una carga para lo moral que defienden, su moral, en la que solo entran
ellos. La deleznable cuestión es que los que no comulguen con su modus vivendi
son claramente rechazados. En este caso serían ellos los que deberían aislarse
porque son los que se sienten incómodos, sin embargo sucede al contrario,
resulta que se crean guetos donde se reúnen para relacionarse socialmente los rechazados.
¿Se acuerdan del gueto de Varsovia? Paradójicamente, en esta zona de Europa del
Este, un país integrante de la UE, se sigue discriminando a este colectivo de
una manera ciertamente alarmante. Ahí, en esa suerte de “rara avis” de
catolicismo ultra ortodoxo por un lado y nostálgico comunismo por otro, donde
sendas corrientes confluyen en esta enmascarada aversión. ¿Ustedes saben que el
grupo LGTBI, eso que llaman peyorativamente Lobby
gay, constituiría la quinta o sexta potencia económica en el mundo? Pues
bien, ciertas áreas o gobiernos han comprendido que pueden levantar fácilmente
un sector en crisis como es el turístico. Aunque solo fuese por este motivo,
todos esos (y esas) intolerantes mostrencos deberían reconsiderar su posición.
Estaba pensando en ti, Pablo, mientras hablaba en voz alta. Me alegro de
que hayas tomado esa decisión, como si hubieras tomado la contraria, no
importaría. Lo verdaderamente importante es que el ser humano tienda a ser
feliz en cualquiera de sus facetas. Solo tú eres dueño de tu vida y de tu
destino y tan solo a ti atañe lo que hagas o dejes de hacer en este asunto. En
Málaga, y por do quiera que vayas, dejas esa estela de buena gente que te acompaña:
sencillo, educado, amable, cordial, cariñoso y entrañable. Por todo esto y
porque eres un compositor excelente e interpretas unas canciones maravillosas,
la gente te seguirá queriendo y respetando y llenando tus conciertos. Seguirás
siendo, como nuestro Antonio, nuestro Pablo. Lo demás debería ser accesorio.
Tenemos que pensar que los que tienen un verdadero problema son precisamente
ellos, los que rechazan, porque son esclavos de sus prejuicios, sus miedos, sus
dudas, sus fobias e incluso sus tendencias reprimidas en muchos casos. Yo te
entiendo, Pablo, no lo dudes. Tienes que estar por encima de esa caterva de
atrasados que te indican el camino que tienes que seguir, como si el suyo fuese
ejemplarizante.
Dijiste que tu niñez fue feliz, de lo que nos congratulamos enormemente,
pero tú y todos sabemos que sigue habiendo jóvenes que siguen sufriendo y que
no todo es tan chupiguay como se
pinta, pues sigue habiendo discriminación, marginación, insultos y agresiones.
Luego, nos encontramos al listillo de turno que reivindica, desde su más
profunda y aparatosa ignorancia, un día del orgullo hetero: y trasladan
semejante estupidez como si se tratara de la más genial de las conclusiones. Si
bien podría celebrarse, cómo no, pero no sé qué podrían reivindicar, ¿acaso
seguir menospreciando o marginando? De seguir así, se creará, si no están
surgiendo, grupúsculos heterófobos, porque de todo hay en la viña del Señor. El
caso es seguir segregando y haciendo la puñeta al vecino de al lado y al que no
piense o sienta como tú. Luego viene la controvertida secuencia del agresor que
se siente agredido para rizar el rizo y seguir justificando lo injustificable.
No entiendo cómo la Justicia no actúa ya, ipso facto, en estos asuntos.
Nos quedará, Pablo, el mar de Alborán, tan cerca de Málaga y tan lejos de
la insondable libertad y felicidad a la que todo ser humano debe aspirar.
Quieran o no. Nos dejen o no. Por allí nos encontraremos, perdidos y enlazados todos los seres humanos que
seguimos creyendo en la benignidad de la Humanidad.
José Luis Raya





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