ESPAÑA DISTÓPICA
España
Distópica
Recuerdo con nostalgia cuando el voto era secreto. Pues sí, ahora todo
sale a relucir por doquier, especialmente en las redes sociales. Uno ha de
publicar a los cuatro vientos donde está, con quién va, lo que come, la
permanente felicidad rodeada de amigos, los machacones selfies, sus fascinantes viajes y, cómo no, su voto. Sigo
preguntándome la necesidad de todo ello o el placer que experimentan algunos
con esas ansias permanentes de notoriedad. Después vienen los quejíos y los
lamentos porque se están inmiscuyendo en su vida privada, se rasgan las
vestiduras al comprobar cómo docenas de empresas les envían publicidad, ofertas
o contraofertas y están en un sin-vivir por la dichosa política de datos,
cuando todo el vecindario, los amigos de sus amigos y todos sus enemigos conocen hasta la
blanquísima taza de su váter.
Usted se ha pasado casi toda su vida haciéndoles campaña a los políticos
que nos han de servir, supuestamente están para servirnos, y no al revés, pero
algunos lo entienden de aquella manera. Exponen su opción política, utilizando
casi los mismos argumentos que sus líderes, es como si hubieran sido abducidos,
igual que toda esa caterva de cede-erres, que serían capaces de morir por sus
guías, aunque estos sean déspotas, corruptos o miserables. La fama y el poder
lo eclipsa todo y usted les sirve con devoción y admiración. Pues bien, todos
esos postulados y argumentos los saca usted a la luz sin comprobar un momento
que realmente defiendan sus intereses, parece que se votara mirando los colores
de un club, solo con pasión y con poca o ninguna razón, pues no se nos ha
enseñado a razonar, sino a movernos a golpe de mazas, modas o twiters. A muchos
se nos ha ido abduciendo sin darnos cuenta, desde la publicidad, las redes
sociales o los corporativismos varios, por lo que uno ya no sabe si decide él
mismo o los demás, que a su vez han sido teledirigidos en masa hacia una u otra opción en
connivencia con todo un alud de adalides dispuesto a manipular nuestra
capacidad de decisión. De poco sirve toda esa propaganda electoral que inunda
nuestros buzones pues, cuando llega, ya tenemos los ojos en blanco para
introducir el voto que otros han decidido por ti. Probablemente los indecisos
hayan sido inmunes a la inoculación porque posean unas defensas sólidas, sin embargo parece ser que caminan finalmente con el voto en mente a su
cubil. No sé si la jornada de reflexión ha sido tan sólo una pantomima, un
paripé que hay que realizar. Nos quedan jornadas de inflexión, no a nosotros,
sino a nuestros líderes. Toca jugar al postureo o al toma-daca, a fingir que
nos preocupan los ciudadanos y a ocultar nuestras ansias de poder.
Asistiremos a un período casi distópico de engranajes, acuerdos, pactos,
enlaces y falsas promesas, aunque parece ser que todo está decidido, sin
embargo todos chancletean desde sus posiciones, bien sean contrarias o
sibilinamente similares. El ciudadano volverá a poner cara de póker porque esos
no eran los acuerdos que esperaban (lo sentimos, ya has votado). ¿Quién es
capaz a estas alturas de seguir posponiendo la formación de un nuevo gobierno
para convocar unas nuevas elecciones y que por fin se plante en la Moncloa el
Eje del Mal? Da igual, ahora toca coser los remiendos y crear, aunque sea, un
nuevo frankenstein. Ya han ido dimitiendo ciertos cabecillas de un lado, pero
asistiremos a la dimisión del otro, puesto que en muchos casos las ansias de
poder nos pueden arrastrar al abismo y convertirnos en flor de un día.
En un horizonte muy lejano se podría vislumbrar un contundente Pacto de
Estado contra todos los males que desfiguran esta sociedad, pero el español es
un ser que necesita la controversia, el “y tú más” y que vive constantemente
con la escopeta “cargá” para pillarte
en un renuncio, pero luego hay que apresurarse a esconder la basura bajo la
alfombra, sin saber que, tarde o temprano, alguien lo destapa o alguien tira de
la manta – y si no véase el desenlace de ERE que ERE-;no obstante ese horizonte
de paz se frenará porque eso va contra los principios del macho ibérico. El
español ve fraudes y corruptelas por todas partes menos en su propio partido,
que todo es inmaculada transparencia, ni
siquiera los bien aleccionados cachorros, que repiten fidedignamente la voz de
su amo, son capaces de reconocer dónde hay tanta mugre escondida.
De aquellos polvos estos lodos.
Aquella insoportable corrupción
creó un ser alado, casi angelical un 15M, que venía a limpiar tanta bazofia y
porquería que chorreaban por las paredes de la Moncloa y los anaqueles de la
Junta. Flameaban ante tantas simpatías despertadas, sin embargo, a su vez, le
han dado vida a una momia y han generado otra bestia que asola Europa como
Atila. Se han ido despertando miedos atávicos que ni el buenismo puede ahogar,
ni las rabiosas guerrillas de Laietana.
Entre tanto, sigamos con nuestros selfies y proclamemos a los cuatro
vientos lo listos y guapos que somos, sigamos forjando y alimentando a esta
España distópica permanentemente crispada y al borde de un ataque de nervios.
https://www.diariosur.es/opinion/espana-distopica-20191121001552-ntvo.html
https://www.diariosur.es/opinion/espana-distopica-20191121001552-ntvo.html
JL Raya






Buenas tardes... el éxito de los políticos ha sido que dejemos de pensar y comencemos a sentir; algo que en definitiva es bueno "sentir", ahora es nuestro talón de Aquiles, Si nos alcanzan la razón con fechas envenenadas tenemos antídoto, pero si golpean nuestros sentimientos con una pluma de ganso no hay antídoto que valga ni sitio en el guarecerse para evitar esta abducción miserable.
ResponderEliminarSiempre me fascinó el relato sobre los perros de Paulov, esos que cuando sonaba la campana comenzaban a salivar aunque no recibiesen comida; parece que no somos muy distintos de ellos, y cuando nos tocan la campana de los sentimientos somos capaces de morir por una felicidad que como a los perros nos sabe a hambruna.