DON JOKER DE LA MANCHA



Joker de la Mancha

Existen referentes ineludibles como “El hombre que ríe”, “Psicosis”, “La naranja mecánica” o “Alguien voló sobre el nido del cuco” por citar los primeros que se captan por su evidencia, sin embargo podemos comprobar cómo la base de esta excepcional película es “El Quijote”, se trata de una versión distópica, postmoderna e inmensamente cruel del antihéroe de La Mancha. Toda nuestra cultura moderna, contemporánea y postmoderna hunde sus raíces en la genial obra de Cervantes.  “Joker” no se iba a librar de esta conexión.




Don Joker de La Mancha se inicia con la misma ingenuidad y descontrolado patetismo que nuestro hidalgo, aunque no pretende conquistar ninguna ínsula, sí que desea hacer felices a los más desfavorecidos. Conocedor de sus limitaciones, asume que su altruismo puede direccionarse hacia el humor y la alegría. Empero, la incomprensión de este mundo infame hace acto de presencia y aquella nobleza se tuerce y se troca en maldad. “El hombre es bueno por naturaleza”- sentenció Rousseau-  es la sociedad la que termina corrompiéndolo, concluye. Así es. El antihéroe se convierte en villano. Es el paso que nuestro querido Alonso Quijano no dio, seguramente porque Cervantes no lo hubiese permitido, o mejor dicho, la censura de aquel momento. Arthur Fleck, otro caballero famélico y de triste figura – Joaquin Phoenix hubo de seguir una dieta estricta para quedarse en los huesos- perseguía el bien, sin embargo el fin terminó justificando cualquier medio, incluso el asesinato, algo que queda muy lejos de nuestro Alonso Quijano, afortunadamente, si acaso al único que intenta agredir nuestro hidalgo sea a sí mismo. Ambos personajes son apaleados en diferentes momentos, sin embargo Joker supo decir basta, tomándose la justicia por su mano. Alonso Quijano solo atiende a las leyes del caballero andante y al amor cortés. Arthur se da cuenta de que el mundo lo ha traicionado y bulle en él la sed de venganza, manchada de sangre. Ambos personajes son testigos absortos de las injusticias que asolan nuestro mundo. Don Quijote en su momento deseó liberar a los galeotes encadenados. Ambos participan del mismo sentido de la justicia, de la relatividad del bien y del mal, e incluso el mismo Joker cuestiona el políticamente correcto sentido del humor que nuestra sociedad ha instaurado. Los dos viven en su mente desequilibrada una historia de amor que nunca existió, un amor platónico consumado en sus tenebrosos delirios.



Cuando Erasmo de Rotterdam escribe “Elogio de la locura” – estulticia- está realizando una loa de la felicidad conseguida a través de la necedad o la estulticia. El hombre es feliz cuando está atrapado en su propia ignorancia. Cuando descubre Arthur que se puede controlar y manipular a un pueblo desde su propia ignorancia, actúa. ¡Y de qué manera! Se produce la Vendetta. En efecto, todo lo que huela a sublevación genera gran estupor en los poderosos. Estados Unidos manifiesta su malestar y estupor por esta proclamación eufórica de la sinrazón, de la locura que golpea fuerte contra un sistema. Gran aliciente para esos jóvenes apátridas, no aleccionados,  deseosos de implantar la anarquía sea como sea, puesto que poco o nada tienen que perder. El mensaje final es poco aleccionador, pues se plantea el caos como única solución. Cervantes/Alonso sufrieron ambos (autor y protagonista)  injusticias e infamias de diversa índole, sin embargo don Quijote se rebelaba contra el sistema utilizando su propia locura para evadirse y crearse sus propios reinos, ínsulas y palacios. Arthur/Joker llega igualmente a ese final, pero lo atraviesa como un misil y nos escupe a la cara, tras presenciar que los ricos y poderosos destrozan la vida a los más débiles y  dejan que se ahoguen en su propio fango. 

https://www.diariosur.es/opinion/joker-mancha-20191031001423-ntvo.html

Aviso a navegantes: Arthur se transforma en Joker y desea que los que nos vigilan pasen a ser vigilados, que sean sometidos y aniquilados, que su status se derogue y que todos sus beneficios, conseguidos a costa de los pobres y desfavorecidos, revienten de una vez por todas. Sin duda, es un mensaje inquietante para muchos. Hay que recordar cómo en la Revolución Francesa rodaron cabezas por doquier, no se libró ni el Rey. Toda aquella caterva de sublevados terminó arruinando sus propios ideales porque temió ser libre y se lanzó a los brazos de un dictador que la liberara de su propia libertad: Napoleón. Esto no es ficción, es historia.


Estos ignorantes, que no se han preocupado por instruirse ni por mejorar — entendiendo esto último por prosperar—  pueden resultar peligrosos puesto que no tienen nada que perder y pueden entrar, al mismo tiempo, en un bucle de manipulación cegadora que acabará por destruirlos. Luego se encuentran los que no han podido mejorar, los que no han tenido recursos ni oportunidades por diferentes razones. Ahí puede encontrarse el mismo Alonso Quijano para socorrerlos y tenderles su mano. Es aquí donde ambos personajes pueden empezar  distanciarse. Esa distancia viene marcada por los cuatrocientos años que los separan. No obstante, no olvide mirar atrás si tiene basura que esconder, pues siempre anda un loco suelto con sed de venganza o de justicia.

jlraya



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