SEGREGACIÓN



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Cuando se habla de segregación el adjetivo que acompaña a esta palabra es ´racial´ en primer lugar –seguramente sea la más importante y nefasta- , aunque también podemos referirnos a  la social, política o de género entre otras, aunque existen otras formas de dividir o apartar tan nefandas como las anteriores y tan sutiles que apenas nos damos cuenta cuando las ejercemos.
A menudo se tiende a estandarizar tu forma de pensar u opinar, tu conducta, tus gustos, filias o fobias, en definitiva tu manera de ser, y todo aquel que no comulgue con ese abanico de virtudes y exquisiteces queda fuera de tu rango de amistades o contactos. En principio se trata de una segregación aparentemente racional o lógica, sin embargo encierra una estratificación que a unos convierte en dignos y a otros en indignos de tu afecto, especialmente cuando tu despliegue de virtudes y bondades son usadas despóticamente para cercenar a unos, desprestigiar o menospreciar a otros.
Muchos segregan por inclinaciones políticas, estos son incapaces de sostener una relación apacible y amistosa con alguien cuya ideología política sea contraria a la suya, que por supuesto siempre será la relevante y argumentalmente sostenible. Nunca aprenderás, por consiguiente, otro punto de vista que quizás haga cuestionarse ciertas ideas, y ello, en cualquier caso, resulta enriquecedor.
También los de trato afable, educado y respetuoso tienden a concentrarse y a aislar a esos zafios, vocingleros y gárrulos que perturban su habitual exquisitez en el trato y en las maneras, obviando que bajo esos bullangueros casi siempre hay un gran corazón: echadle un simple vistazo a alguna película de Martínez Soria, incluso `la Esteban´ puede ser todo un alarde de benignidad bajo su indiscutible tosquedad.
También reconocemos a los/las  que serían incapaces de relacionarse con alguien que vaya vestido de mercadillo, que compre solo imitaciones – que siempre se notan – o que acuda a comer a chinos o pizzerías baratas, por lo que su falta de clase queda en evidencia, sobre todo si sus ingresos se lo permiten. A menudo los anteriores coinciden estos.
Otras veces, los que tienen o presumen de tener un alto nivel cultural (dime de lo que presumes) se reúnen  para platicar eternamente de los mismo temas o autores, levantando un inmenso dique que impide la entrada a los demás que, dicho sea de paso, son menospreciados a la par, especialmente si ya han pronunciado algunos vocablos malditos como almóndiga, cocreta o “fuera” en lugar de “hubiera” entre otros; normalmente aparece un Rottweiler que se erige como corrector o ejecutor, dejando en evidencia al nefando susodicho ante las sonrisillas remilgadas de los más compresivos y la indignación manifiesta de los gerifaltes.


No existen personas con poca o ninguna capacidad de adaptación - por lo que son tildados de asociales-, sino que socialmente se va extendiendo la insana postura de marginar/rechazar/segregar/apartar  a los que no se desenvuelven en tu misma órbita, tu exquisita órbita. Es lo que se conoce más bien como falta de empatía. Se tiende a menudo a prejuzgar en lugar de conocer, criticar en lugar de comprender, menospreciar en lugar apreciar, apartar en lugar de unir, respetar en lugar de despreciar. El ser humano a veces se convierte en algo parecido a una alimaña y se transforma en un lobo, incluso para sí mismo: Homo homini lupus. Tanto a gran escala como en el día a día, o en su entorno.
Hay personas que les cuesta trabajo aceptar a los otros tal y como son, con sus virtudes (siempre opacas) y sus defectos ( a menudo exagerados), sin atender a los propias taras que cada cual encerramos  e ignoramos, no tanto por la soberbia que algunos desprenden como por su verdadera falta de empatía con el prójimo.
Efectivamente, hasta cierto punto es razonable que tendamos a agruparnos por afinidades, ya sean políticas-ideológicas, culturales o profesionales, por inquietudes o aficiones. Lo que sucede a menudo es que ese agrupamiento se basas en la segregación y se le añade al mismo tiempo el sectarismo, por lo que surgen conflictos de todo tipo, sociales e individuales, pues eso es lo que ocurre no sólo en nuestro país, sino en todos aquellos cuyo modus vivendi se sostiene mediante la crispación diaria, y si no se produce la gestamos en todos los niveles, con brexits, independencias, choques o confrontaciones. El ser humano necesita, cada cierto tiempo, determinadas dosis de convulsión y crispación que le permita sentirse vivo y sobre todo que combata ese aburrimiento y la apatía que engendra cualquier civilización a corto o medio plazo cuando supuestamente ha llegado (o cree que ha llegado) a sus objetivos plenos o, si no, que se lo pregunten al gran Schopenhauer.
Es por consiguiente una tarea individual, que implica una higiene del ego –soberbia, empatía, respeto, solidaridad, comprensión o aceptación entre otras muchas- que permita proyectarse, a su vez, a nivel social. Esta tarea tan solo le corresponde a usted.

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