SEGREGACIÓN
https://www.diariosur.es/opinion/segregacion-20190916002738-ntvo.html
Cuando se habla de segregación el adjetivo que
acompaña a esta palabra es ´racial´ en primer lugar –seguramente sea la más
importante y nefasta- , aunque también podemos referirnos a la social, política o de género entre otras,
aunque existen otras formas de dividir o apartar tan nefandas como las
anteriores y tan sutiles que apenas nos damos cuenta cuando las ejercemos.
A menudo se tiende a estandarizar tu forma de pensar
u opinar, tu conducta, tus gustos, filias o fobias, en definitiva tu manera de
ser, y todo aquel que no comulgue con ese abanico de virtudes y exquisiteces
queda fuera de tu rango de amistades o contactos. En principio se trata de una
segregación aparentemente racional o lógica, sin embargo encierra una
estratificación que a unos convierte en dignos y a otros en indignos de tu afecto,
especialmente cuando tu despliegue de virtudes y bondades son usadas
despóticamente para cercenar a unos, desprestigiar o menospreciar a otros.
Muchos segregan por inclinaciones políticas, estos son incapaces de
sostener una relación apacible y amistosa con alguien cuya ideología política
sea contraria a la suya, que por supuesto siempre será la relevante y
argumentalmente sostenible. Nunca aprenderás, por consiguiente, otro punto de
vista que quizás haga cuestionarse ciertas ideas, y ello, en cualquier caso,
resulta enriquecedor.
También los de trato afable, educado y respetuoso tienden a concentrarse
y a aislar a esos zafios, vocingleros y gárrulos que perturban su habitual
exquisitez en el trato y en las maneras, obviando que bajo esos bullangueros
casi siempre hay un gran corazón: echadle un simple vistazo a alguna película
de Martínez Soria, incluso `la Esteban´ puede ser todo un alarde de benignidad
bajo su indiscutible tosquedad.
También reconocemos a los/las que
serían incapaces de relacionarse con alguien que vaya vestido de mercadillo,
que compre solo imitaciones – que siempre se notan – o que acuda a comer a
chinos o pizzerías baratas, por lo que su falta de clase queda en evidencia,
sobre todo si sus ingresos se lo permiten. A menudo los anteriores coinciden
estos.
Otras veces, los que tienen o presumen de tener un alto nivel cultural
(dime de lo que presumes) se reúnen para
platicar eternamente de los mismo temas o autores, levantando un inmenso dique
que impide la entrada a los demás que, dicho sea de paso, son menospreciados a
la par, especialmente si ya han pronunciado algunos vocablos malditos como
almóndiga, cocreta o “fuera” en lugar de “hubiera” entre otros; normalmente
aparece un Rottweiler que se erige como corrector o ejecutor, dejando en
evidencia al nefando susodicho ante las sonrisillas remilgadas de los más
compresivos y la indignación manifiesta de los gerifaltes.
No existen personas con poca o ninguna capacidad de
adaptación - por lo que son tildados de asociales-, sino que socialmente se va
extendiendo la insana postura de marginar/rechazar/segregar/apartar a los que no se desenvuelven en tu misma
órbita, tu exquisita órbita. Es lo que se conoce más bien como falta de
empatía. Se tiende a menudo a prejuzgar en lugar de conocer, criticar en lugar
de comprender, menospreciar en lugar apreciar, apartar en lugar de unir,
respetar en lugar de despreciar. El ser humano a veces se convierte en algo
parecido a una alimaña y se transforma en un lobo, incluso para sí mismo: Homo
homini lupus. Tanto a gran escala como en el día a día, o en su entorno.
Hay personas que les cuesta trabajo aceptar a los otros tal y como son,
con sus virtudes (siempre opacas) y sus defectos ( a menudo exagerados), sin
atender a los propias taras que cada cual encerramos e ignoramos, no tanto por la soberbia que
algunos desprenden como por su verdadera falta de empatía con el prójimo.
Efectivamente, hasta cierto punto es razonable que tendamos a agruparnos
por afinidades, ya sean políticas-ideológicas, culturales o profesionales, por
inquietudes o aficiones. Lo que sucede a menudo es que ese agrupamiento se
basas en la segregación y se le añade al mismo tiempo el sectarismo, por lo que
surgen conflictos de todo tipo, sociales e individuales, pues eso es lo que
ocurre no sólo en nuestro país, sino en todos aquellos cuyo modus vivendi se
sostiene mediante la crispación diaria, y si no se produce la gestamos en todos
los niveles, con brexits, independencias, choques o confrontaciones. El ser
humano necesita, cada cierto tiempo, determinadas dosis de convulsión y
crispación que le permita sentirse vivo y sobre todo que combata ese
aburrimiento y la apatía que engendra cualquier civilización a corto o medio
plazo cuando supuestamente ha llegado (o cree que ha llegado) a sus objetivos
plenos o, si no, que se lo pregunten al gran Schopenhauer.
Es por consiguiente una tarea individual, que implica una higiene del ego
–soberbia, empatía, respeto, solidaridad, comprensión o aceptación entre otras
muchas- que permita proyectarse, a su vez, a nivel social. Esta tarea tan solo
le corresponde a usted.




Comentarios
Publicar un comentario