ORDEN Y DISCIPLINA
ORDEN Y DISCIPLINA
José Luis Raya
https://www.diariosur.es/opinion/orden-disciplina-20190303172435-nt.html
EL ORDEN y la disciplina están de capa caída hoy en día,
parece que no se estila, que huele a rancio y nos retrotrae a otras épocas, en
las que estos términos se entendían como severidad o suplicio. Estos conceptos -llevados
a sus extremos, como todos sabemos- muy usados y manoseados por fascismos y
comunismos en los que la sangrante rectitud campaba a sus anchas- se han
tergiversado y se han malinterpretado precisamente por estas tendencias
extremas.
La ley del péndulo – no precisamente el de Foucault- ha
virado hacia el otro lado. Después de cuarenta años de sangrante rectitud,
estamos desembocando en una suerte de sangrante anarquía, que está trastocando
a las familias, la educación y a la sociedad en general. Esto, debido
igualmente a la globalización, se extiende y se exporta, se recoge, se lanza y
nos llega de rebote. En cada nación, incluso, asistimos a ciertos
comportamientos y actitudes tan denigrantes para el ser humano, como nefastas
para cualquier sistema cultural que se precie de ser educado o civilizado.
La juventud, representada en la misma infancia y
adolescencia, está siendo re-direccionada hacia una confusa mezcolanza de
rebeldía, conformismo y falta de civismo que a unos nos deja atónitos y a otros
indiferentes, porque estos últimos se mueven en esta insana órbita donde todo vale. Es cierto
que la juventud siempre se ha distinguido por su implícita rebeldía e
inconformismo, pero al mismo tiempo han respetado, al menos, a sus mayores,
esto último ya no está sucediendo. Podemos comprobarlo diariamente. Hay tantas
noticias y anécdotas tan salvajes que nos estamos inmunizando ante tanto
despropósito y salvajismo extremos. Nos encontramos con que hay padres, madres
o abuelos que denuncian a sus vástagos por malos tratos. En numerosas ocasiones
ese monstruo ha sido engendrado y malcriado por sus mismos congéneres, en unas
cuantas se les ha escapado de las manos, a pesar de estar pendientes.
Ciertamente, podríamos afirmar que tan absurdo sería
encontrarnos a un anciano rebelde como a un joven conformista; lo extrañísimo
es que nos hallamos con esa mixtura, casi extraterrestre, que impregna a los
jóvenes, pues son menores o adolescentes para unas cosas – con las deficiencias
y carencias consustanciales- y para otras muestran sobrada madurez.
Los aquiescentes argumentan que los niños han sido niños
y justifican todo tipo de tropelías con este banal argumento. Muchos padres y
madres están criando verdaderos ogros y no son conscientes de ello,
precisamente porque recurren a esta fútil argumentación. No han actuado en ningún
momento con sus criaturas con rectitud y disciplina, seguramente porque estos
padres y madres carecían de esto mismo y no podían transmitirla. Llega el
momento en que el maestro o el profesor tienen que enderezar a estos infantes
que se han criado sin normas, sin disciplina y, en definitiva, sin educación. A
veces es demasiado tarde, otras veces, como ya está sucediendo, el maestro y el
profesor se encuentra con una exorbitada cantidad de niños y niñas malcriados que
es imposible (y subrayo imposible) reeducarlos, porque, sencillamente la
dichosa ratio no se rebaja lo más mínimo. Sigue habiendo demasiados alumnos en
la ESO por grupo o aula. Y son demasiados alumnos-as malcriados e
indisciplinados que impiden que el resto avance (esa silenciosa minoría).
Raro es el día que las noticias no abren con
sobrecogedoras informaciones de menores indisciplinados que roban, maltratan o
incluso violan en grupo, como si fueran lobos salvajes, sin ningún referente,
niños dejados a la intemperie que imprime este mundo feroz, desprovisto de
orden, disciplina y rigor, sencillamente porque ciertas corrientes han decidido
que esto es obsoleto y que un niño debe ser criado con total libertad,
atendiendo completamente sus gustos y apetencias, premiando compulsivamente sus
logros ( si los hubiere) y eliminando absolutamente los castigos por su mal
comportamiento.
Este es el sistema al que se está tendiendo. Unos
maleducando de una manera, precisamente por la absoluta falta de la misma, y
otros basados en los caprichos innecesarios – que casi todos los son- y en la
recompensa permanente, por muy nimio que sea lo conseguido.
El ser humano ha virado de un extremo a otro y se ha
instalado en la autocomplacencia, huyendo del orden y la disciplina y generando
una estirpe de pequeños monstruos que será un peligro para la sociedad y para
sí misma. Es una falsa libertad disfrazada da anarquía, en la que el insulto y
la agresión forman parte del libre albedrío. En este orden/desorden de cosas,
estos defienden la disciplina estricta y aquellos la más absoluta anarquía
porque es algo intrínseco a la libertad: una sociedad sin normas y sin leyes
está abocada al fracaso y cuando esto se entienda realmente, en la casa, en la
escuela, en la familia, en la sociedad en general, se empezará a progresar.






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