Para Arancha y Javier









Apreciados convidados, nos encontramos en esta morada por expreso deseo de los novios, me encuentro tan emocionada y embriagada  por tanta belleza y lindura…. que son muchos los sentimientos  que me afloran, muchos los recuerdos  que me asoman,  juguemos a recrear en nuestra mente el más bello poema de amor, la elegía mejor inspirada en una canción, la oda mejor recitada.

Hoy quiero quererte tanto Javier, no porque antes tanto, no te haya querido, no porque hayas dejado de ser un niño, un niño de buen corazón, de noble espíritu, bello y apuesto caballero de la edad moderna, que ha conquistado a la hermosa Arancha, como ya conquistaste a  tu linaje.

Hoy quiero compartir los más íntimos rincones de tu corazón, como un libro conquista a sus lectores. Eras un infante curioso,  despierto y delicado. Evoco con nostalgia allá por los años 90, un gimoteo de tu boca que ya apuntaba maneras:  “Tita to el mundo me pega”. Quizás esta vivencia,  ya no esté en tu memoria, pero en la mía sí  que está, como está el consuelo que yo trataba de entregarte, sin dejar de sonreír. Me causaste tanta hilaridad que hoy aún lo repaso con rigor, con ese rigor que un poeta juega con las palabras. Esas palabras que hoy dirás a tu amada, “Si quiero”

Hoy quiero compartir los más íntimos rincones de tu corazón, haciéndote llegar Javier, haciéndoos llegar a sus excelsos primos y primas  lo que para Andrea le hacéis provocar, un manantial de agua fresca,  de camino por andar,  de esmeros a alabar…. de amor fraternal que ella os siente desde que su nacimiento emergió.

Hoy quiero compartir los más íntimos rincones de tu corazón. Caminabas ya con paso menudo pero firme. Decidiste inquirir una persona de confianza, le revelaste tus más íntimas confidencias, no solo se trataba del gran caudal numerario que tu progenitor había conseguido en sus plantaciones de melocotones. Solo querías transmitir tu alegría desbordante y generosa. Porque ese es tu sello, el que has marcado en tierras Anejas a nuestra Urbe,  territorio concedido por los Reyes Católicos a un colaborador musulmán que adoptó el nombre de Hernán Valle, como hoy tomas por esposa a una descendiente de esta Hermosa Villa, una tierra de buenas gentes, afables y cordiales, con más virtudes que desenfrenos. Hoy hermanáis con esta unión vuestras nupcias, con un excelente maridaje acompañado de buenos amigos y distinguidos familiares,  aliados todos a vuestro goce y júbilo bienaventurado por vuestra dicha, que es la de todos los que aquí nos hallamos.

Hoy no festejamos a San Luis de Francia, Patrón de Hernán Valle, ni a San Torcuato, Patrón  de Guadix. Hoy festejamos vuestra boda, vuestra unión derivada del amor, de ese amor que nos vuelve buenos, que nos vuelve frágiles, que nos vuelve locos.

Locos……. Locos de Amor verdadero, de Amor cierto, locos de Amor, para que caminéis juntos con retos y envites exitosos, para que bailéis juntos con acordes musicales, para que viajéis juntos en la misma dirección con más luces que sombras, para que  luchéis juntos en batallas notorias que os merezca la bravura consagrada.


Y es que el amor no se piensa, se siente, como yo os siento a vosotros, como os sentimos todos los que aquí nos encontramos, magnánimos y adorables.

Porque lo que sintáis, lo atraeréis, lo que imaginéis los creeréis y lo que penséis lo seréis. ”. Y no olvidéis nunca, que el que sabe amar,  siempre y por siempre será feliz.

Mercedes Raya
































La verdadera historia de Arantxa y Javier


Esta es una historia verídica, aunque es difícil de creer, tan sólo los que alguna vez han caído en las redes de la fantasía y la imaginación pueden saber qué ocurrió.

Se cuenta que un joven de Guadix, llamado Javier, trabajaba arreglando y reparando molinos de viento – muchos veían en esto un émulo de don Quijote y sus famosos molinos convertidos en gigantes- y lo mismo que el famoso hidalgo Javier suspiraba por encontrar  a su Dulcinea.

Hubo un fuerte huracán aquella mañana de junio y el molino comenzó a girar vertiginosamente. Javier se encontraba asido con fuerza a una de las aspas que rotaban con frenética velocidad, – sin duda hay un tremendo parecido con las aventuras de don Quijote- sin embargo Javier no veía gigantes ni nada parecido. Estaba bien cuerdo y lo único que deseaba era que el viento huracanado cesara para poderse apear de ese molino loco. No obstante el gigante de las tres aspas aumentó su giro hasta casi rozar la velocidad de la luz, por lo que Javier salió despedido y dicen que entró en otra dimensión, puesto que Aladino pasaba por allí en ese momento y lo recogió mientras volaba como supermán. Durante unos instantes contempló, desde la alfombra voladora, toda la comarca de Guadix y logró atisbar la legendaria Hernán Valle. Por alguna extraña razón Aladino le facilitó un paracaídas y le ordenó que saltara. Javier no terminaba de entender que Aladino lo recogiera en su alfombra voladora para ordenarle a continuación que saltara, al menos le facilitaba un paracaídas, pensó para consolarse. Como no se atrevía a dar el salto, Aladino le dio un leve empujón y descendió sobre el País de Nunca jamás. Mientras caía lentamente, comprendió que todo se produce por alguna razón.

Pronto descubriría lo que el destino le depararía.

Fue Campanilla la que se le  acercó con sus alitas vibrantes y le susurró: “Ahí abajo hallarás a tu Princesa Dulcinea, pero tendrás que rescatarla. No va a ser fácil”. Y desapareció la vibrante Campanilla entre una algarabía de colibríes y nubes blancas. El cielo limpio y  azul empezaba a quedar distante, Javier se posaba mansamente sobre un extraño y desconocido País de Nunca Jamás.

Wellcome to Neverland logró leer a pesar de su permanente mareo. Había dado más vueltas que un astronauta.

Aquel país era una extraña isla en la que el silencio y la quietud relamían con pereza cada uno de los rincones, los árboles y las plantas. Ni siquiera las olas se escuchaban al romper contra el arrecife.

Javier se restregó los ojos porque no podía creer lo que estaba contemplando. Era algo increíble, pero después de todo lo que había vivido, cualquier cosa podía ocurrir.

Dispersas y escondidas por toda la frondosa vegetación que allí reinaba, había unas urnas de cristal de forma cúbica, dentro de ellas se encontraban encerrados todos los personajes de Disney, desde los más lejanos y antiguos como Cenicienta o Dumbo, hasta los más recientes como La sirenita, pero la urna de ésta estaba transformada en una pecera, por razones obvias, al menos Nemo le hacía compañía. Incluso personajes de otras factorías como Shreck y Fiona se hallaban presos. Y otros cientos de personajes más. Tan sólo se encontraban libres todos aquellos que podían volar, concluyó Javier atando cabos. Por eso localizó a Aladino o a Campanilla. Sin duda, al pobre Dumbo lo atraparían antes de que pudiera despegar. Siguió indagando y fue descubriendo a Micky Mouse, el pato Donald, Simba, Mulan, Pocahontas, y los juguetes de Toy story también. Aquello era una verdadera locura. Todos los niños estarían un poco huérfanos, pues no podrían disfrutar de sus héroes favoritos, pensó mientras observaba al pobre Kung Fú Panda realizando miles de piruetas de karate y kung fú dentro de su irrompible urna de cristal. Junto a él se encontraba La bella durmiente. “A esta le dará igual, pensó Javier. No se entera de nada”.



Entre todo este galimatías de personajes animados localizó a la que intuía que podría ser su Dulcinea. Allí, bajo la frondosa sombra de una jacaranda se encontraba la que sería su princesa. Pero esto Javier aún no lo sabría y empezó a hablar con ella. 



Esta es la verdadera historia del cómo y dónde se conocieron. Y cómo el hercúleo Javier logró liberarla junto a todos los personajes del mundo de la fantasía y la animación.

Javier gritaba pero la princesa cautiva no podía escucharlo, ni ella a él tampoco, puesto que el cristal que los separaba era un auténtico muro. Así que decidieron escribir con la punta del dedo índice en la superficie de ese cristal indestructible.

La princesa se puso en pie y Javier quedó enamorado a primera vista. Ella iba vestida con un precioso y elegante vestido blanco… Le dijo que era la princesa Arantxa de Shangri-La y duquesa de Hernán Valle. En un principio nuestro caballero andante ( o volador) entendió que se trataba de Arantxa Sánchez Vicario, dado su aturdimiento y porque ya podía encontrarse con cualquier sorpresa. Ésta le confirmó que no jugaba al tenis y Javier comprobó, a la vista estaba, que la princesa de Shangri-La era mucho más bella que la tenista.

Cuando el idilio se estaba transformando en pesadumbre, porque Javier no lograba desentrañar el secreto para liberar a su princesa y a los demás personajes, apareció el hada madrina de Cenicienta revoloteando entre los magnolios y le explicó las tres pruebas que tenía que acometer para romper con el hechizo perpetrado por las maquiavélicas brujas de El Mago de Oz y la de Blancanieves. El número tres siempre ha sido esotérico. Todo lo misterioso contiene el tres, como la Santísima Trinidad. Sólo así las pétreas urnas de cristal se abrirían y todos se liberarían, incluida Arantxa, la princesa de Shangri-La.

Pronto comprendió Javier que la beoda hada algo tenía que haber bebido puesto que las tres empresas que tenía que realizar resultaban, cuanto menos, absurdas:

El hada madrina explicó entre hipidos lo que tenía que realizar:

-          En primer lugar tienes que arreglarle el brasero a tu abuela Angustias (Hip, hip) (Javier pensó que para que quería el brasero  en pleno verano). Después tienes que lavarle a tu tito Pepe el coche o la peda Merche (hip hip).

-          ¿Ya está? – Preguntó Javier incrédulo.

-          No, hijo no, la segunda tienes que elegir entre la peddda o el coche (hip, hip). La que es un poco complicada es la terceda. (hip,hip)- Javier ya se esperaba cualquier cosa- Tienes que viajar hasta Corea del Norte y cuando estén hablando Donald Trump y Kim Jong-Un tendrás que intercambiarles los peluquines (jijiji) el rubio será moreno y el modeno dubio, pero los dos sedán iguales de feos jajajaja. Se hadá vidal, digo viral. Aparecerás en youtube día y noche.

-          ¿Llevan peluquín? – Preguntó Javier incrédulo?

-          Bueno, eso tendrás que averiguarlo tú (hip, hip).



De repente apareció otra hada,  el hada Fauna de la bella durmiente, toda ella enojada gritando a los cuatro vientos:

“No le hagas caso a esta beoda. ¿Qué se puede esperar de un hada achispada que convierte una calabaza en carroza y en caballos a unos pobres ratoncillos? Solo le gusta empinar el codo a esta tía. Mírala cómo vuela, zigzagueando de acá para allá. Todo es mucho más sencillo queridos míos...



Sólo tenéis que pronunciar las dos palabras mágicas que mueven el mundo y que son capaces de romper  los peores maleficios.” De repente, todo recuperó la frescura de siempre y empezaba a escucharse el trinar de las aves y el murmullo de las hojas que eran mecidas por una brisa fresca y suave.

Los dos lo comprendieron al instante:

Te quiero – dijo Javier.

Te quiero – susurró Arantxa.

El sonido volvió a recuperar su fuerza, los olores y los colores de la naturaleza manaban por doquier. Todas las urnas de cristal se abrieron como las flores rompen al alba y aquellos personajes cautivos volvieron a reinar en aquel perdido reino de la fantasía.



Se casaron en el monte Boabdil y empezó a narrarse la nueva leyenda de la princesa de Shangri-Lá y duquesa de Hernán Valle con la del caballero andante don Javier de Guadix.

Y como en los mejores cuentos, fueron felices y comieron perdices.





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