Entrega de premios IES PROFESOR ISIDORO SÁNCHEZ
Presentación de Jose Luis Raya
Clausura XIII Certamen
Literario “Profesor Isidoro Sánchez”
Me gusta mucho reflexionar sobre por qué
las personas leen y escriben. Respuestas a este pensamiento encontré muchas y
muy diversas. Desde el espíritu catártico del que hablaban los clásicos
greco-latinos hasta el impulso psico-analítico de la escritura libre. En el
primer caso, se trata de superar el sufrimiento humano con la escritura,
haciendo de ésta una acción sanadora. En la escritura de sentido libre, el
juego es el objetivo de la creación literaria.
Pero me voy a centrar en la primera
motivación que acabo de señalar, porque este año en la lectura que hemos hecho
los jurados del certamen, descubrimos que escribir para la gran mayoría de los
escritores y escritoras participantes tiene este sentido catártico. Los jóvenes
creadores y lectores que nos convocan hoy aquí han descubierto, tal vez, que
leer y escribir les ayuda a sobrellevar los muchos problemas que en su vida les
acosan. Otros jóvenes encuentran esa evasión en algunas actividades o
sustancias nocivas que todos conocemos muy bien. Pero es que la evasión y la
catarsis no son lo mismo. Evadirte en el fondo te devuelve tarde o temprano a
la cárcel o problema del que has huido. Sin embargo, el efecto purificador y
liberador de la catarsis nos permite superar llevando con nosotros ese problema
que está ahí, pero que gracias al ejercicio de la escritura y la lectura se
entiende y acepta mejor. Sobre todo porque hemos aprendido. A lo mejor es
verdad que la escritura y la lectura enganchan más que alguna de las drogas que
nos evaden, pero bendita adicción. Así, me gustaría ser recordado: como un
“yonqui” del buen leer y escribir, porque como decía el viejo Aristóteles al
que tanto recurro, una vida sin revisión y reflexión no merece ser vivida. Y
que mejor manera que pensar en el trascurrir de mi vida que tratándola en el
papel y acompañado de libros.
No conozco al autor que nos acompaña hoy.
No está muy a su pesar. Pero sabiendo que escribe, seguro
que lee y supongo que pertenecerá a esa comunidad de los adictos a la cultura.
No está, pero nos acompañan sus palabras, que no es poco, y que leerá la
profesora Esther Jiménez. Trasladarle desde aquí nuestro más sincero
agradecimiento por colaborar desinteresadamente a este acto de la manera que
mejor sabe: escribiendo para nosotros.
Él es José Luis Raya Pérez que
nació en Guadix-Granada en 1963. Cursó filología hebrea e hispánica en la
Universidad de Granada. Perteneció en su juventud al Colectivo Sustari (autores
accitanos). Ha publicado una novela corta distópica titulada “El espejo de
Nostradamus”, un libro de relatos prologado por Francisco Ruiz Noguera: “La
cadena del dolor” y una novela titulada “Por la carne estremecida” cuyo título
ha sido extraído de los “Sonetos del amor oscuro” de García Lorca y que ha
tenido unas críticas excelentes. Actualmente imparte clases de Lengua y
Literatura en el IES Santa Bárbara y periódicamente aparecen sus artículos en
el diario Sur y La Opinión.
Actualmente es profesor del IES Santa Bárbara, donde lleva impartiendo clases de lengua castellana y literatura durante dos décadas. Casi toda una vida.
Actualmente es profesor del IES Santa Bárbara, donde lleva impartiendo clases de lengua castellana y literatura durante dos décadas. Casi toda una vida.
Hay que felicitar en primer lugar a
todos los participantes y evidentemente a los ganadores. Es encomiable la tarea de escribir, sobre
todo si se hace desde el esmero y la dedicación desinteresada. Cuando algo te
place y te llena lo realizas sin esfuerzo, simplemente por puro placer, como el
que canta o toca la guitarra u otro instrumento. Hay una tendencia inefable a
realizar algo que te gusta, empujada por una mano invisible – Esperando Esa
mano invisible que arranque las notas del arpa de Bécquer: “manos de nieve” más
bien- Muchas veces expresamos por escrito lo que no podemos o no sabemos
expresar hablando, porque nos atenaza la inseguridad o quizás el miedo también.
Muchos de vosotros y vosotras habéis empezado esta digna
tarea esbozando algún diario, que escondéis con celo debajo de la almohada o en
lo más profundo del armario. En él, como me decís algunos, os desahogáis y os
sirve de terapia. Bendita terapia.
Es en la adolescencia cuando uno empieza a garabatear
episodios de su vida, su incomprensión, su temeridad o ese amor que os quita el
sueño y no sabéis cómo encauzar. Creéis que es el fin del mundo y con el tiempo
os daréis cuenta que se trata más bien del comienzo de todo. La apertura a la
vida.
Yo no puedo presumir de haber tenido una fastuosa biblioteca
en mi casa cuando era un crío, sencillamente porque éramos pobres- así como
suena- y el dinero era exclusivamente para comer y vestirse, al menos esto no
nos faltaba. A veces envidio a esos escritores de renombre – la sana envidia
que defendía Cervantes- que presumen de haber disfrutado de miles de libros en
las bibliotecas particulares que sus padres alimentaban cada día con nuevos
ejemplares. Son escritores que en su juventud ya conocían a Balzac o a Chéjov y
esto ya se vislumbra en sus inicios, hay una calidad en sus escritos que tan
sólo se puede plasmar si has leído a los clásicos.
Si queréis avanzar en esta labor tenéis que leer. Y ahora lo
tenéis mucho más fácil que en mis tiempos. Tenéis muchas más oportunidades para
ello. Hay magníficas bibliotecas en todos los centros escolares y barriadas y
podéis adquirir cualquier libro sin demasiado esfuerzo, sobre todo si esperáis
a la edición de bolsillo y si renunciáis a vuestro Iphone 8 que cuesta un ojo
de la cara y lo compensáis con nuevas lecturas. Además hay formatos
electrónicos – muchos se pueden descargar gratis- que podéis leer en vuestro
smartphone, tablet o ebook. O sea, que el que no lee es porque no quiere,
incluso ya empiezan a salir al mercado los audio-libros para aquellos que dicen
que les da mucha pereza ponerse a leer. Los que habéis participado en este
certamen tenéis que leer si queréis mejorar, pulir e ir cimentando vuestro
estilo, o al menos, adquirir cierta solvencia y calidad literarias. Pero
recordad (y esto es muy importante) que tenéis que leer algo que verdaderamente
os guste. De lo contrario la lectura no es placer sino desazón. Obviamente hay
que ir separando y seleccionando. No todo vale. Tampoco debéis apresuraros en
introduciros en las lecturas de los adultos. Por ejemplo, con el paso de los
años y conforme voy creciendo como lector y escritor, voy comprendiendo y
valorando esa obra de arte con mayúscula como es El Quijote. Recuerdo que con
diez años intenté leerlo y no pasé de las primeras páginas. Es decir, cada
libro requiere un lector y una capacidad que tan sólo se gana con la
experiencia. Sólo así podéis convertiros en esos escritores y escritoras que
muchos añoráis ser. ¿Creéis acaso que el artista o el escritor nace o se hace?
Es cierto que existe un talento innato como el que tiene la cualidad de saber
pintar o cantar con suma facilidad, pero hay un alto porcentaje de experiencia
y tesón. El talento innato se queda en pañales si no se trabaja constantemente.
Se queda en lo que pudo haber sido y no fue.
Así pues, a mí me gustaba escribir, pero carecí de los
ingredientes necesarios para poder avanzar y crecer. Algún libro disperso de
Julio Verne localizaba olvidado en algún cajón o iba a casa de mis tíos ricos
para pedirles prestados una serie de novelas y relatos. Y cuando llegaban los Reyes
Magos y había dinero, lo primero que pedía era algo para leer. Recuerdo perfectamente
la antología de cuentos de Andersen y de los Hermanos Grimm. Ahí empecé a
aprender y a desarrollar ese talento que, si no se trabaja, se detiene y no
avanza. De hecho, durante mi adolescencia, me faltaba ese empujón que nunca
había tenido y cuando me presentaba a algún concurso literario me tenía que
conformar con algún accésit o una mención de consolación. Así que me aislé,
como el poeta romántico o modernista en mi torre de marfil, y comencé a
pergeñar y a crear todo un mundo paralelo que latía en mi cabeza y que
necesitaba el soplo del artista para vivir – esa mano de nieve-. En efecto, los
escritores estamos para dar vida a todo aquello que bulle en nuestra cabeza y
necesita manifestarse. El músico compone una hermosa canción, el escultor
esculpe ese bello cuerpo, el pintor reproduce un idílico paisaje y el poeta
compone un poema que nunca hubiera existido si no hubiera ido hilvanando una serie
de palabras cuyo fin era conmover, impresionar o emocionar. El artista fracasa
cuando deja indiferente.
Pero dónde se encuentra ese límite que hay entre un buen
relato o una buena novela y otro que no lo es tanto. En principio puede
resultar algo subjetivo y relativo. Eso de que sobre gustos no hay nada escrito
no es cierto del todo. Sobre gustos se ha escrito ¡y mucho! Hay que tener buen
gusto para vestir, componer una canción o escribir un poema o un relato. Puedes
tener toda la imaginación y la originalidad del mundo en tu cabeza, pero si no
sabes esculpir ese relato que bulle en tu cabeza con palabras adecuadas y la
estructura acertada no lograrás transmitir eso que a ti tanto te ha
entusiasmado. Ahí es cuando el escritor se hace. Y se hace leyendo y fijándose
en lo que se lee. Intentando imitar esos giros y requiebros sintácticos, esos
vocablos que nunca escuchaste y esa armoniosa cadencia que tan sólo los
iluminados y leídos pueden transmitir.
Si a ese talento innato le añades tus lecturas y tu
experiencia se empezará a consolidar un escritor o escritora, pero nunca
olvidéis que uno escribe y debe escribir en primer lugar por placer. Y después
puedes innovar, denunciar, reclamar, componer, reconstruir o pavimentar un
mundo mejor, un mundo en el que todos seamos iguales dentro de nuestras
marcadas diferencias. Un mundo más justo y, por qué no, mucho más divertido y
fantástico.





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