LA SARTÉN LE DIJO AL CAZO
http://www.diariosur.es/opinion/dijo-sarten-cazo-20180205005426-ntvo.html
Qué nos gusta a los españoles una trifulca, un combate medieval o una
disputa pugilística para ver quién lleva razón, o quién es más listo o más
guapo. En este caso las redes sociales han ardido – como suele decirse
en el argot cibernético- para ver quién resultaba ser más deleznable,
si el español con su clásica siesta o el inglés con su protervo
salvajismo que arrasa por doquiera que pasa, como Atila. Y es que estos
vándalos son temidos en toda Europa, por donde cabalgan no crece la
hierba, ya sea Magaluf, Benidorm o Torremolinos, y estos badulaques lo
saben muy bien. E incluso se jactan de ello. Por esto, la sociedad
inglesa se divide claramente en dos bandos: los educadísimos y
puntualísimos esnifadores de té y los vándalos, conocidos comúnmente por
estos lares como chusma, o en su versión light malacitana como
merdellonerío.
Ha estado gracioso este periodista inglés, de cuyo nombre uno no
prefiere acordarse, porque si hacemos un pequeño acto de contrición, o
aunque sea una leve autocrítica, tenemos que reconocer que lleva mucha
razón (otra cosa es que se le pueda esgrimir mil refranes como aquello
de la sartén y el cazo, lo de la paja en el ojo ajeno o mi preferido
por inteligente y cáustico: “de lo tuyo hablarás pero no oirás”). O
dicho de otra forma mucho más baladí: habló quien pudo señor embudo.
Lo elegante y caballeroso – algo de lo que presumen ellos y sus gentlemen-
es que no le hubiésemos contestado, una sonrisa irónica hubiera sido
mucho más chispeante y enojoso para todos ellos que van provocando por
doquier y llamando la atención – tras la última rabieta se han marchado
de Europa, porque ellos quieren ser los number one a toda costa-, de hecho no hay casi nadie que simpatice con ellos, excepto Trump.
Dicho lo cual – me repudia este conector-, efectivamente este infausto
periodista, con toda su intención y su perverso humor inglés ha puesto
el dedo en la llaga. Y es ahora cuando tendríamos que replantearnos toda
esta crítica, porque, tenemos que reconocer, que hay gran parte de
verdad en ello, aunque nos jorobe.
Hemos de obviar estos malhadados anglosajones que se lanzan al vacío
desde los balcones y sus borracheras son famosas por todos los rincones,
todo sin contar sus meditados contubernios de pillos y estafadores en
los hoteles de Canarias y de la Costa del Sol, que pareciera que
hubieran bebido en las fuentes de la más lejana picaresca española. O
las peleas de los temibles hooligans que son capaces de aporrear a sus
propios padres porque sus melopeas les impiden distinguir un individuo
de otro.
Pues sí, mire usted, por aquí se grita mucho no, muchísimo. En
ocasiones el ruido en los bares o restaurante es ensordecedor, por aquí
también hay chusma que arroja los papeles al suelo, no recoge las cacas
de sus mascotas, no se detienen en los pasos de cebra o aparcan en doble
fila, puesto que algunos son más chulos que un ocho y lo demás les
importa una verdadera mierda. Como le digo esto más bien es cuestión de
educación y solo hay que acercarse por Gibraltar y comprobar cómo el
automóvil se detiene cuando vislumbra al peatón, no como aquí, que el
conductor se para al borde del paso de cebra con un brusco frenazo
mientras lo miras con el corazón en un puño, incluso le hacemos una
reverencia en agradecimiento, pero creo que vamos aprendiendo poco a
poco. Ahora el español medio respeta las colas, esas “queues” que tanto
les gusta a ustedes; hasta hace bien poco el español si podía se colaba
con todo el disimulo del mundo o el descaro. Nos vamos civilizando
lentamente, creo yo. Sin embargo ustedes me parece que siguen igual o
van a peor. Se encierran en un club y son precisamente ustedes los que
les cuesta hablar en español y decir “gracias” en lugar de “thank you”.
Ciertamente estoy con usted en que al español (chusma) le cuesta
utilizar el “por favor o el gracias”, intentaremos mejorar. Si bien es
cierto que el volumen del latino puede resultar muy molesto según en qué
lugares y momentos.
Pues bien, es de trasunta honestidad que reconozcamos nuestros defectos,
que no dejan de amoldarse a los tópicos preestablecidos, pero no nos
jactamos de ello como esa caterva que avasalla cualquier ciudad a las
cuatro de la mañana entre gritos, insultos e improperios.
En los albores del siglo V, los pueblos de Europa temblaban cuando
aparecían los suevos, vándalos y alanos. Y ahora se repite de alguna
manera bajo un prisma mucho más distópico y distinto cuando se acercan
los ingleses para animar a su equipo. Así que "don quien sea usted",
mírese su viga, su cazo, su sartén o lo que sea y le agradecemos su
profundo interés por el tópico español, su idiosincrasia y su
indiscutible sentido del humor.









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