El autobús del amor
El autobús del amor
The love bus
José Luis Raya Pérez
Es
mucho lo que se está escribiendo y hablando acerca del dichoso autobús,
al menos han conseguido “con creces” su objetivo: hacerse oír. Su
aparato de promoción les ha quintuplicado sus expectativas: todas las
cadenas de tv, radio, prensa y redes sociales han tratado este tema, con
mayor o menor fortuna, con mayor o menor acierto/respeto/tolerancia… Y
es que cuando se introducen las apreciaciones religiosas de cualquier
índole se acabó el pastel o se jode la marrana. La cuestión puramente
biológica y científica, que a duras penas cuatro científicos han
demostrado, se convierte en una cuestión religiosa, ideológica o
política. Algunos, incluso, atacan claramente este autobús porque su
religión o partido así se lo dicta, sin detenerse un momento a razonar
por sí mismos. Lo de hazte oír bien pudiera confundirse con una campaña
de otorrinolaringología y no con otra de ginecología u urología como así
parece. Y es la confusión y la ignorancia lo que genera siempre la
polémica. Cuando las cosas están claras no se discuten. Hay una evidente
mano “negra” que está siempre detrás de estas campañas cargadas
“discretamente” de fobias y odios, siempre tendentes a la división y a
la confrontación. Ni viven ni dejan vivir.
Que
esto es una cuestión religiosa se evidencia por el hecho de que la
transfobia y la homofobia han sido siempre promovidas por las religiones
que conocemos en occidente (judeocristiana) y oriente (islam) – no así
por el budismo- cuyos últimos objetivos se han centrado básicamente en
la reproducción y creación de nuevos fieles
acólitos que vayan engrosando la lista de feligreses dóciles y
obedientes para que la maquinaria no se detenga y pueda
auto/retro-alimentarse. Algunos desconocíamos el hecho, por ejemplo, de
que en determinadas etnias (castas) hindúes estos casos de identidad de
género son tratados desde diferentes ópticas, pero siempre con naturalidad,
sin necesidad de redireccionar a ningún lado. Son ellos-as los que de
forma natural deben tender hacia el lugar donde puedan vivir en paz y
ser felices, ya que esta es la auténtica búsqueda del ser humano: la
felicidad. Máxima, por cierto, muy clara en el siglo XVIII, el siglo de
las Luces y de la Razón. Y ningún Dios o Alá bajado del cielo tienen la
autoridad de impedir a un individuo el derecho a ser feliz o infeliz con
su propia identidad de género, entre otras cosas. Ningún “iluminado” de
mente oscura y siniestra tiene el derecho de impedir este fin para
retrotraernos a los siglos oscuros de la Santa Inquisición. Son los
seres humanos los que a lo largo de los siglos han ido tergiversando y
manipulando las enseñanzas de sus guías espirituales, y siguen de esta
guisa. Muy pronto la Tierra volverá a ser plana si nadie lo impide:
Léase Trumps, marxistas-leninistas, nazis, fascistas, talibanes y
radicales musulmanes/ católicos entre otros. Todos ellos amparados bajo
la ecuánime libertad de expresión que abanderan sólo cuando a ellos les
interesa.
Las
tribus nativas de América del Norte vivían en armonía con sus cinco
géneros y con sus “personas de dos espíritus” antes de que las
imposiciones morales cristianas de entonces llegaran con la Conquista,
incluso tendían a ser venerados porque veían el mundo desde dos lados.
Aceptaban que un hombre se sintiera como mujer (o viceversa) sin ningún
prejuicio que los contaminara, igualmente cada cual podía amar con
naturalidad a quien su propio corazón le dictara, como ocurría en la
Grecia clásica. Nadie se cuestionaba estas conductas, ya que eran vistas
como algo normal. George Catlin, un pintor estadounidense especializado
en retratos de nativos, manifestó que esta tradición “debe ser
erradicada antes de que llegue a los libros de historia”. Son evidentes
los innumerables avances que la Conquista les ofreció, pero también son
muchos los destrozos que les ocasionó. Pero esta no es la cuestión a
tratar, sino la colonización ética y moral que un grupo de iluminados
pretende inculcar en una sociedad, que lentamente va avanzando hacia la
igualdad y la libertad, para torcerla y hacerla retroceder a los siglos
oscuros.
Evidentemente,
después volverán a atacar los enlaces matrimoniales del mismo sexo,
luego combatirán las relaciones prematrimoniales, las madres solteras,
el aborto en cualquiera de sus situaciones, marginarán al soltero y al
homosexual y promoverán lógicamente las familias numerosas de más de
seis hijos. No verán con buenos ojos el mestizaje ni la integración
social. Tampoco aceptarán que los negros o musulmanes puedan acceder a
puestos cualificados y la mujer será mucho mejor que retorne al hogar
(de donde nunca debió salir) para cuidar con entrega y absoluta
dedicación de sus hijos y de su marido.
Lo más increíble de todo es que haya tanta gente incluida en este amplio y vasto espectro: son personas normales y corrientes como usted y como yo, que
tarde o temprano serán víctimas de estos talibanes, y al mismo tiempo
los admiran y defienden con docilidad, sin saber que realmente se le está abriendo la puerta al diablo.







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