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Y TÚ MÁS


http://www.diariosur.es/opinion/201612/27/-20161227003918-v.html



Y tú más
José Luis Raya Pérez



No sé si pertenece al carácter mediterráneo, latino, ibérico o hispano, pero este enfrentamiento constante que la sociedad española mantiene – alimentado por la clase política- empieza a resultar ya insostenible y en muchos casos intolerable.



Hay situaciones o consideraciones que se escapan a los posicionamientos políticos y que transcienden cualquier ámbito, excepto el ético y moral. Hay una serie de clichés que encajan metódicamente en cualquier partido como una pieza del puzle, y, como alguien intente moverse, en la foto no sale. La libertad de acción y movimientos suele castigarse en el panorama político, incluso por esos electores que se dejan manipular como inertes e inermes marionetas de un valleinclanesco guiñol. Esto de la cohesión academicista y epistemológica en el pensamiento y en la actuación de cada uno de nuestros políticos ya resulta irritante, pues vemos cómo son esclavos de sus ideologías y de los posicionamientos que dicta el partido, ese GH omnipresente y omnívoro que los dirige e inspecciona. Ser consecuente hasta el último segundo ya hemos visto que se paga caro. Se premió la volubilidad porque interesaba supuestamente para el bien común, que de eso se trata. Sin embargo, otros dictados del mismo diámetro pueden inducir a la apostasía. Es el cinismo y la era del “y tú más” lo que está redefiniendo esta etapa pueril e insensata de nuestra política y de nuestra sociedad, cada vez más farisea.



Para vivir en armonía es preciso regirse – no reírse- por normas y leyes. Que este concepto básico se le enseñe a un niño es lo normal, pero que se le deba recordar constantemente a un político o a un adulto maduro – hay adultos que son como críos- es lo anormal. Deberíamos ya de saber que la democracia es el sistema menos malo que existe cuyo defecto es que te tienes que aguantar si tu tendencia no coincide con la de la mayoría. Ahora bien, te queda lógicamente el derecho al pataleo, a la indignación y al rechazo. No obstante, esa armonía se rompe cuando no se le pone límites y las lindes vienen delimitadas arbitrariamente por consideraciones individuales. Hay que moverse, sí, pero respetando al que tienes al lado, sin inmiscuirte ni controlar su espacio vital porque ya se entra en conflicto. La libertad de expresión es absolutamente necesaria en una sociedad avanzada y moderna. Esta obviedad ningún occidental la cuestiona. Pero estamos asistiendo diariamente a la agresión individual o colectiva de grupúsculos, amparándose aquellos por su ilimitada libertad de expresión, que llega a convenirse/convertirse en mazazo duro y sangriento. Es intolerable que al mismo tiempo se critique las deleznables posiciones extremistas de un extremo (valga la redundancia) y se sonría y aplauda las mordaces manifestaciones del otro. No olvidemos que el silencio – no me refiero a la expresión “minuto de silencio”- es una manera velada de asentimiento.




Pues bien, esta tesitura cíclica y repetitiva se viene manteniendo de manera soterrada desde el 36, lo cual llevó a una sangrienta guerra civil entre compatriotas, como todos sabemos, y aunque la sangre no llegue (o no está legando) al río, el clima de guerra fría que se vive puede ser claramente insostenible y se puede llegar a una interrupción del ritmo cardíaco y a alguien se le puede ir la vida en ello. Como hemos presenciado, hay personas que defienden la vida en según qué casos y según a qué personas, por lo que el cinismo puede llegar a ser tan insultante como jactante – ya se recogerá el palabro-. Ese cinismo no sólo se viste de perroflauta – también se recogerá- sino también de Prada. No hay nada más depravado que predicar con el ejemplo y hacer lo contrario, o arrojar la piedra y esconder la mano. Y luego viene el pueril “y tú más” que los profesores observamos en nuestros alumnos, pero en estos es algo propio de la edad y la inmadurez consustancial a la misma.

Las redes sociales (y antisociales) es un lugar donde se puede tomar el pulso, no tanto a la clase política como a la social. A poco que uno se desenvuelva y se trate con todo el mundo, independientemente de sus creencias o tendencias de todo tipo, comprobamos que la mayoría se encuentra muy politizada – hay quien no sale de ese círculo e inundan a diario las redes de propaganda política – muchas veces hiper dirigida- . Pocos se desenvuelven con algún criterio personalizado o argumentado, se lanzan los mismos trastos que los políticos y juegan permanentemente al “y tú más” como argumento más recurrente, y, como hemos visto, pueril.



Los ciudadanos y habitantes de este país, que se denomina España y que unos ni lo mencionan y los otros ni lo sueltan, siguen esclavos de sus ideologías sin intervenir en casos particulares. Se mueven de manera esquemática y rígida, sin consentir un leve atisbo de esa pluralidad que tanto reclaman, a no ser que se vista con sus mismos ropajes decadentes, atrasados o de élite.





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