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UN MONSTRUO VIENE A VERME
















El imposible monstruo del orfanato
José Luis Raya Pérez


Es de agradecer que se estrenen estos títulos que permiten a la industria cinematográfica española codearse con otras filmografías a nivel internacional. Son muchos los intentos de cineastas por adaptarse al cine actual y sacudirse el casposo pasado de fachas y rojos encerrados con un solo juguete durante noventa y pico minutos de asedio al espectador, si bien esto no debe aparcarse, sino más bien renovarse y contar otras historia adláteres y desde otras perspectivas, como sucedió con El laberinto del fauno. Ya sabemos todos que los rojos son malos malísimos y los fachas son puros e inmaculados, los cuales son los únicos que pueden conducir a España a la salvación y a la gloria. Ya empieza uno a hartarse de ver y escuchar siempre los mismos postulados, sobre todo cuando ya han transcurrido muchísimos años.

Bayona nos ha deleitado con una propuesta diferente, especialmente por esas elegantes historias de animación intercaladas en el conjunto de la historia, que han sido muy bien imbricadas para fortificar el mensaje principal del film. Es una historia de superación, adversidad, miedo y fantasía: Cómo un niño llamado Conor (Lewis Macdougall) ha de enfrentarse a la anunciada muerte de su joven madre y qué hace este pequeño héroe para poder sobrevivir. Puede ser una película dura y cruel para que la visione un niño, pero no debemos olvidar que el protagonista es precisamente un niño, cuyo impactante papel nos deja pegados a la butaca.
Ahora bien, no debemos congraciarnos con que la última película de un talentoso director siempre es la mejor – no deberíamos olvidar el sonoro fiasco de Amenábar-, puesto que esto no siempre es cierto. En Lo imposible asistíamos a una verdadera lección de lucha y superación, sin embargo lo que teníamos que valorar especialmente fue el esfuerzo creativo y recreativo de este gran Bayona, que sin contar con precedentes españoles, configura unos efectos y unas escenas insuperables, dignas del gran Spielberg. Considerando los medios que disponen uno y otro, el español no tiene nada que envidiar al americano, además muchas de las escenas fueron totalmente naturales, como ya explicó Bayona en su momento. No recurrió a los manipulados efectos de ordenador y todas esas tecnologías que desvirtúan al cine puro y clásico.
Un monstruo  viene a  verme es una recreación fidedigna del relato original de Patrick Ness, en el que un gigantesco tejo milenario  se erige como su conciencia, su padre y hermano mayor, su  fantasía y su mejor amigo, ya que realmente no tiene a nadie, salvo a su madre enferma y a su estricta abuela. También tiene que enfrentarse a ese bullying que ha de soportar a diario. Sin embargo, hemos de leer entre líneas, mejor dicho, entre diálogos. Creo que puede ser algo en lo que nadie repara: El niño, Conor, busca (entre comillas) a su maltratador, puesto que de alguna manera él se siente culpable de que su madre se encuentre al borde de la muerte. Los golpes y humillaciones le sirven para menguar su verdadero dolor y su atroz sentimiento de culpa, que pretende mitigar igualmente con las fábulas/historias de nuestro ejemplar y gigantesco árbol milenario, que es verdaderamente fuente de la vida, de la sabiduría y posible sanador de la truculenta enfermedad de la madre. Por ello, tan sólo se rebela Conor, en connivencia con su tejo,  cuando su compañero de clase maltratador le asegura que todo se  ha acabado y que para él será invisible a partir de ese momento. No puede soportar que ya no se le vuelva a lastimar más. La película encierra una sustancia densa y ambigua para  un  espectador que no está dispuesto a reflexionar ni a profundizar en un mensaje lleno de simbolismos y alegorías junto a un  trasfondo realmente metafísico sobre el sentimiento de culpa, el bien y el mal, el dolor, la vida y la muerte. Es por todo ello que la película se presta a todo tipo de debates y proyecciones en cine-fórums, escuelas o institutos. Ahora bien, bajo mi punto de vista de humilde espectador, Bayona no ha llegado a cuajar todo este emulgente y denso mensaje filosófico, quizás por falta de metraje o porque se dispersa en otras reflexiones o imágenes que podrían haber sido prescindibles.
Curiosamente me quedaría con su primera película, El orfanato, porque está narrada con precisión, con maestría y con una solidez inusual en una ópera prima, pero sobre todo porque transmite un intenso desasosiego de principio a fin, cuyo final la realza como ninguna película de terror ha emitido jamás. Sigo pensando que El orfanato es sencillamente insuperable. Así pues hay que acudir al cine español y apoyar especialmente este tipo de propuestas, después que cada cual opine y extraiga sus propias conclusiones.




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