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Intransigencia y tolerancia









A DONDE FUERES
JOSÉ LUIS RAYA PÉREZ

El carlismo se cura leyendo y el nacionalismo viajando, nos explicaba Pío Baroja, y no le faltaba razón. Leer y viajar son dos actividades que todo ciudadano de este país debería practicar con más asiduidad, dentro de lo que cabe, si bien lo segundo puede resultar mucho más problemático, atendiendo a los ingresos de cada cual. Es mucho mejor empeñarlo en un coche, esos que te sacan los intereses durante una década y luego tienes que entregarlo porque nunca terminas de pagar.
Pues bien, en un viaje a Uzbekistán durante un tórrido verano del 97 creo recordar, los turistas descendíamos del autobús atropelladamente, acalorados y enojados por ese bochornoso calor que no lograba apaciguar ni el aire acondicionado. Una de las pasajeras bajó con un pantalón corto, de esos que llamaban minishorts, y una camiseta de tirantas como dicen en Málaga, ya que el calor rondaba los 40º. Primero nos reímos y al momento nos enojamos al comprobar cómo una oronda señora, toda ella muy cubierta con faldones, sayas y pañuelo en la cabeza, le propinaba una serie de palmetazos en su trasero a esta sorprendida turista. No fue un solo cachetazo, lo cual hubiera tenido sugracieta de bienvenida, sino que la tal uzbeka se estaba ensañando con sus blancos muslos que iban impunemente al descubierto. La separamos a la energúmena que además soltaba una serie de improperios que ninguno llegábamos a descifrar pero sí a suponer. Ayudamos a subir a la acongojada y sorprendida turista al autobús, y entre sollozos e hipidos se puso una falda larga que servía también de pañuelo. Las cuatro personas que la asistíamos nos quedamos indignados al comprobar cómo en sus carnes blancas se habían plasmado los cinco dedos rojizos de la uzbeka vengadora, y ya no digo musulmana, ni cristiana, ni ortodoxa, ni judía, que por allende conviven o convivían felizmente, sino de de una uzbeka intransigente e intolerante. Sin duda, a esta señora le faltarían muchísimos libros por leer y cientos de países a los que viajar.
Algunos compañeros de viaje mascullaban, seguramente los menos avezados, acerca de la insensata ocurrencia de salir al exterior vestida (o mal vestida) de tal guisa. Provocando no sólo a los hombres sino también a las mujeres conservadoras. Sin duda, alguna herencia moruna nos queda para seguir pensando así. A donde fueres haz lo que vieres. Se podría agregar.
Lo que no deberíamos transigir es con el intercambio de la intransigencia con la tolerancia. Me he preguntado durante mucho tiempo quién faltó el respeto a quién. Pero esa vara de medir no es conmutable con nuestro estado de libertad y del bienestar, pues aquí no se les exige que se despojen de tantas sagradas y púberes prendas. Ni mucho menos. Estos inconsecuentes progres que predican con un insano ejemplo desde su acogedora posición y que sólo se pasean por Cuba o Samarkanda cuando van de vacaciones y jalean a Fidel, Nicolás o Moammar – Castro, Maduro o Gadhafi- desde sus confortables pisos del barrio de Salamanca. Y luego nos encontramos con sus palmeros y su séquito que presumen de izquierdistas y ya avanzan hacia la derecha opulenta.
Hay que simplificar y reeducar a unos y a otros evidentemente. A los unos que se queden a vivir allí y se involucren en la vida del pueblo que preservan durante unos añitos, y si después siguen pensando lo mismo, al menos no los tildaremos de incoherentes o caraduras. A los otros que “A donde fueres haz lo que vieres” Y si no es así, procura respetar y asumir que existen otras formas y estilos de vida. Que por aquí las personas del mismo sexo pueden casarse y amarse y tienen derecho a manifestar su amor cuando les parezca, lo mismo que cualquier pareja, que las mujeres pueden votar desde hace mucho tiempo y que en las playas exhiben sus pechos porque les gusta broncearse, e incluso existen zonas donde hombres y mujeres pasean desnudos, como Dios los trajo al mundo. Y que todas estas libertades y derechos, entre otros, se han conseguido tras muchos años de esfuerzo y de lucha. Y que no pensamos ni queremos volver atrás, que así estuvimos durante cuatro décadas, asustados y acongojados, con la boca grapada sin poder decir lo que pensábamos. Ahora no es tiempo de complacencias. Es el momento de tender la mano y mostrar que hay una alternativa mucho mejor, más libre y respetuosa. Si no la quieres tomar, al menos deja que los demás la disfruten y la vivan con plena libertad.
Ya se acabó el tiempo de seguir viviendo en las tinieblas. Ya lo pasamos y ya lo vivimos. No hay marcha atrás. Aquí existió una Santa Inquisición, pero aquello ocurrió muchos siglos atrás. No volvamos a aquella época tan remota en la que se colgaba y se quemaba a la gente por pensar, creer y sentir de forma diferente.

Comentarios

  1. Profesor,¿cuál es su editorial? Estoy escribiendo un libro y me gustaría saber si publicarían un libro homosexual

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