Líneas rojas, pieles rojas
Líneas rojas, pieles rojas
José Luis
Raya
http://www.diariosur.es/opinion/201601/16/lineas-rojas-pieles-rojas-20160116003408-v.html
El panorama
político -y por tanto económico, social, sanitario, laboral, educativo etc.
etc.- se vislumbra realmente inestable para el año nuevo si no ponemos remedio
entre todos, con nuestra cordura, si aún nos queda, después de tanto descalabro
y estropicio, y con nuestra inestimable e inapreciable visión de futuro. Perdón
por la ironía. Cuánto más se tarde en dilucidar nuestro devenir, peor serán las
consecuencias, aunque por otro lado, más vale esperar que seguir sufriendo el
anterior descalabro citado. Así pues, nos encontramos en una tesitura angosta y
desapacible. Por lo que, ante determinadas situaciones contradictorias, se
podría proponer inclinarse por la opción menos mala, eso que siempre se ha
dicho de “más vale lo malo conocido…” o “virgencita que me quede como estoy.”
Opción de lo más conservadora o incluso conformista.
Sin
embargo, no creo que merezca la pena arriesgarse y dar un salto al vacío de
triple salto mortal, a no ser que estemos tan desesperados. No es que la
estabilidad pase por el bipartidismo clásico, ya que si ha sufrido este
varapalo será por algo, es decir, se ha estado buscando, de alguna manera, que
el pueblo haya reaccionado, y con razón, ante tanta calamidad, esto es,
corrupción e injusticias por los cuatro puntos cardinales. No nos lamentemos
ahora si han surgido los populismos y los radicalismos. Nos los merecemos. O
mejor dicho, se lo merecen ciertos políticos que creían que su su escaño y su poder los eximía de tanta
corruptela y de tanto nepotismo vergonzoso. Sin embargo, esto último o lo
anterior, en menor medida, seguramente porque aún no han disfrutado del poder,
lo hemos comprobado en los anti-castismos, que no anti-castrismos
dictatoriales.
A la
corruptela por un lado, se le suma el cinismo por otro. Y ahora qué. Menuda
tesitura. Hay que inclinarse por los descompuestos o darles una oportunidad a
los castos y puros. El pueblo español debería auspiciarse en ese talante y
saber estar democrático que nunca ha manifestado con solvencia. Siempre hemos
corrido despavoridos de un extremo a otro, a empellones bruscos y desacertados,
a ciegas. Y en alguna ocasión hemos terminado tirándonos los trastos a la
cabeza y las balas que la descalabran. Sí, ese descalabro que algunos o muchos,
ya no están dispuestos a aguantar más. Efectivamente, hay que solucionarlo ya
para no prolongar esta inestabilidad que hace que la economía se resienta,
nuestro bolsillo y nuestro bienestar. Y sigan fluyendo las desigualdades.
En esta
encrucijada hay que observar esas líneas rojas de los cínicos o pieles rojas,
que predican con un ejemplo contradictorio y sarcástico cuando menos – no
cuanto menos- Sus propuestas de igualdad
y justicia son propias de un mesías que cualquiera abrazaría con sinceridad. No
obstante, nos hallamos con otras de diversa índole que deberían hacernos virar.
En primer
lugar, tan inmoral e inhumano es justificar – o eximir de culpa- los asesinatos
de los etarras por motivos políticos, como hacer lo propio con los crímenes
sanguinarios de los yihadistas por causas religiosas. Francamente es
deleznable, por no decir vomitivo. Es intolerable mantener este discurso: Un
asesinato, sea cual sea su naturaleza, se debe condenar. El fin no siempre
justifica los medios, ni tan siquiera la pena de muerte. Y muchos no vamos a
ser cómplices de ello.
En segundo
lugar, no es de recibo que se hayan alimentado y elogiado regímenes
bolivarianos o déspotas que encarcelan y eliminan a muchas personas que no
piensan como ellos, entre otras injusticias sociales ¿No es una vuelta al
franquismo realmente? ¿Es esto lo que nos espera?
Después me
asombra de los cínicos -nada que ver con la escuela presocrática, si bien estos
también criticaban la política y la corrupción de su tiempo- que hagan tanto
alarde democrático al guiñar a los independentistas y ofrecerles su ansiado
referéndum. Esa tercera línea, a mí personalmente no me escandaliza, sí me
asombra que la verdadera izquierda haya abogado siempre por la igualdad de
todos los españoles en todos los aspectos y ahora se incline la balanza y se
trate de beneficiar a un sector que, con su pataleo y sus caprichos egoístas,
pretenda dirigir a toda una sociedad y a un país, y encumbrar a un señor que
vendería su alma al diablo y traicionaría a su propia madre por mantener el
poder. Finalmente ha “abdicado” en otro presunto corrupto. Esto no ocurre en
ninguna tendencia izquierdista europea. En todo caso, habría que hacer una
consulta nacional, no regional. Todos y todas tenemos derecho a decidir. Muchos
se sorprenderían de los resultados por el hartazgo por un lado, y la desidia
por otro, que están causando en muchos españoles-as.
Así pues,
vamos a inclinarnos por lo menos malo, o en todo caso construyamos una buena
oposición honrada y decente. Necesitamos salir adelante y no estancarnos en
esta ciénaga que ya empieza a ser putrefacta.





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