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MODERATIO




http://www.diariosur.es/opinion/201503/19/moderatio-20150319004857-v.html




MODERATIO
José Luis Raya Pérez

Cuando caemos en situaciones extremas o traumáticas es precisamente el momento de mantener la calma, respirar hondo y meditar lo que vamos a hacer. No es conveniente precipitarse ni buscar soluciones precipitadas y asirnos a lo primero que vemos, como a un clavo ardiendo, puesto que, como dicen los más viejos y sabios, muchas veces el remedio es peor que la enfermedad. La inminencia de un peligro o un accidente, la situación de indefensión ante un robo, el dolor que produce una enfermedad que no se espera, la agresión, física o verbal, que alguna vez hemos podido padecer a lo largo de nuestra vida, la pérdida de un trabajo o el inhumano y cruel desahucio de una familia entera que no tiene a dónde ir. En todas y cada una de estas situaciones hemos de mantener la calma y el sosiego y no apresurarnos en buscar soluciones o alternativas disparatadas porque lo que no se razona, ni se sopesa puede terminar mucho peor de lo que se nos muestra ante los ojos.
El latino y el mediterráneo a la par, tienden a la fogosidad y a la desmesura. No nos extraña percibir, con solo cerrar los ojos, el griterío y la descomedimiento que emplean para afrontar cualquier crisis, como la que estamos viviendo que parece prolongarse hasta lo indecible, como si quisiera alcanzar de lleno a nuestros nietos, por más que nos manifiesten que eso ya es agua pasada, que lo peor ya ha pasado y que los famosos brotes verdes ya son ramitas en toda regla. Es normal que este pueblo se exaspere y grite y se conmueva y se escandalice, especialmente cuando comprobamos que los que firmaban órdenes de desahucio son los que robaban a mansalva – mano salva- con todo descaro y  especulaban con el dinero que habían ahorrado, con sudor y esfuerzo, unos pobres jubilados, que habían sido desplumados y desahuciados por los que en principio velaban por sus ahorros. Todo un despropósito inhumano y absolutamente vejatorio. Es normal que ante este sangrante panorama surja algún partido que reclame justicia, o quizás venganza, contra todos estos indeseables que merecen estar entre rejas, y que, poco a poco, todos estamos asistiendo a su encarcelamiento. Es posible que tan sólo sea la punta del iceberg, pero que no duerma tranquilo el resto porque la justicia está caminando y cualquier noche llama a su puerta para rendir cuentas. Otra cuestión es el tema de las penas impuestas, que parecen que no se corresponden con el daño causado, por lo que habría que revisar muchas de esas leyes.
Ahora bien, no podemos retroceder en nuestros planteamientos democráticos, ni lanzarnos en brazos del primer libertador bolivariano que pase por nuestro lado, porque  la congoja y la humillación nos invaden. No podemos salir de Guatemala y meternos en Guatepeor, o en Venezuela. Es normal que nuestra reacción vea con buenos ojos a esos Robin Hoods o Curros Jiménez que roban a los ricos para dárselo a los pobres. Es normal que despierten todo tipo de simpatías, e incluso podría ser hasta necesario que existan para que hicieran de freno o de dique a toda esta avalancha de injusticias y robos a mano armada. Hasta cierto punto es comprensible que todos estos jóvenes hayan calado hondo y despierten simpatías y muchas intenciones de voto por doquier, mientras el rico y el poderoso mira de soslayo, temeroso de que sus caudales amasados con tanta premeditación y oscurantismo puedan ser descubiertos y se den de bruces con las mismísimas rejas. El grave problema está en que toda esa sed de venganza se lleve por delante a los que hay, y muchos, que son honrados y su fortuna y riqueza la han trabajado con dignidad y esfuerzo, y tienen todo el derecho a disfrutarla y a que no se les cuestione. Tampoco debemos, ni podemos,  aplaudir a alguien con sed de venganza que grita con espada de Damocles en mano, puesto que en esa Vendetta, como en cualquier revancha, cae gente honrada y decente que puede ser atropellada sin razón, como otros tantos, y pagamos con la misma moneda – ojo por ojo- Caemos en un sinsentido y en un espíritu vengativo que no es positivo en modo alguno para nuestra democracia, y puede crear lamentables precedentes que puedan recordarnos a otras épocas y a otras guerras…
Es normal que nos rebelemos y nos indignemos, pero es mejor frenar y recapacitar y moderarnos – la moderatio-  y que nuestra rabia e indignación no nos ciegue y que nos echemos en brazos de alguien que coquetea con la dictadura, que guiña a los abertzales y que también tiene trapos sucios, aunque no tan contundentes como los de la casta, puesto que aún no se han convertido en casta. Sólo es cuestión de tiempo.

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