Septiembre
SEPTIEMBRE
Septiembre se aproxima silencioso cuando
concluye la feria, luego se convierte en algo tan amenazante como una hecatombe
de cien lunes nublados juntos. Hasta que llega la mañana del día uno, que por
cierto es viernes pero como si fuera lunes, y uno cree que se trata de una pesadilla de la que sólo quiere
escapar y no puede, como cuando corres y no avanzas. La brisa del mar, la piel
bronceada, los baños en la playa, los espetos y la cerveza fría son las
reliquias que uno ha saboreado durante unas semanas y que ha esperado durante
todo un año, especialmente si vives en el interior. Quisiéramos dilatar el mes
de agosto pero dispone de los mismos días que los demás meses infortunadamente
(no desafortunadamente). Sabemos que todo pasa y todo queda, como diría
Machado, y que al menos nos queda el regustillo de lo vivido en nuestra memoria
y podemos redescubrirlo al contarlo a nuestro compañeros tras la vuelta al
trabajo y a la rutina. Esa rutina que a muchos espanta y satisface a unos
cuantos.
Hay algunas personas que desean que concluyan
las vacaciones y que regrese la normalidad, porque tanto desorden e
improvisación las desorientan y en lugar de disfrutarlas las convierten en un
suplicio. El hecho de acarrear con los niños y todo el material playero cada
mañana, y después a preparar algo de comer o de cenar en el apartamento, porque
todos los días no se puede salir a la pizzería o al McDonald´s con toda la
jarca, esto desquicia a cualquiera, sobre todo si después es ella la que tiene
que duchar y vestir a los niños mientras él se echa su merecida siesta. Por eso, se puede entender a todos esos-as, que en
lugar de disfrutar y descansar en este período se dedican a trabajar y a
limpiar y a cocinar. Las carreteras se llenan de vehículos que regresan a sus
hogares, distintos y distantes, mientras unos pocos se alegran, la mayoría sufre por eso que se ha llamado
estrés postvacacional. De todas formas, los papeles siguen repitiéndose con o
sin rutina, lo cual no deja de ser una
pequeña contradicción en sí misma.
Los amantes de la rutina buscan con ganas su
dieta de siempre, o sus hábitos alimenticios, anhelan regresar a sus gimnasios
y recuperar ese peso ideal perdido y normalizar los niveles de colesterol o de
los triglicéridos, que con tanto helado, carnaza, fritos y mojitos varios se
habrán disparado hasta la locura. Prefiramos no saberlo porque los análisis
saldrán disparatados. Qué horror. Y vuelta al sofá de la casa para apropiarse
del mando a distancia de la TV que es un símbolo del poder. Se pone uno a mirar
su programa favorito o la liga que está cada año más interesante, aunque sepamos
que casi siempre ganan los mismos, y que los niños empiecen ya el colegio que
no hay quien los aguante. Y ahora a comprarles un montón de cosas, que si
libretas, carpetas, libros, rotuladores, gomas, lápices, y la ropa que se le ha
quedado pequeña en dos meses. Con todo lo que nos hemos gastado este verano,
estos gastos pueden desestabilizar a cualquiera. Pero cómo vamos a pagar el
IBI, o esas multas de la dichosa zona azul que ahora se han puesto todos de
acuerdo para cobrarlas y nos están estrangulando sin piedad hasta asfixiarnos
¡Vale ya¡ Mientras otros evaden millones de euros y se ríen de todos nosotros
en nuestra narices, y encima se ofende porque se ha destapado el secreto
bancario, como si fuera equiparable al secreto de confesión. Pues resulta que
no ha defraudado tantos miles de millones de euros. Pobrecito. Y nosotros a ver
si llegamos a fin de mes. Más vale que no nos hubiéramos ido de vacaciones.
Total cuatro chapuzones en la piscina de la comunidad y unos tintos de verano
en la terraza hubiera sido suficiente para veranear. Si es que no me salen las
cuentas. Con lo a gusto que se estaba
tumbado al sol sin hacer nada. Ahora a esperar hasta el año que viene. Eso si
no me despiden antes y no tenemos ni para pagar el recibo de la luz, ni el
agua, ni la hipoteca. Para qué nos meteríamos en esta deuda tan tremenda. Se me
tenían que haber caído las manos y al banco haberme echado a patadas. Y por ahí
unos despilfarrando y otros veraneando todos los días porque viven del cuento. Si
es que uno no sabe ya a quién votar con
tanto sinvergüenza a diestro y siniestro. Y aquí estamos los pringaos tirando
del carro y aguantando el chaparrón como podemos, y digo Podemos ¿Qué se creen
estos que nos van a sacar las castañas del fuego? Aquí nos plantan un Fidel, o
algo parecido, y todos muertos de hambre, porque volveríamos a la peseta y
todo. Menudo panorama. Al menos, vamos tirando...
Suena el despertador y volvemos a la rutina.
Parece ser que hay que vivir al día porque tanta incertidumbre nos está
destrozando a todos. Pues sí, y ahora a esperar a ver lo que les sale a esos cuatro egoístas que dicen que ponen demasiado al resto de España. Es que tanta solidaridad (disfrazada de cinismo) "no se pué aguantá". La derechona machacando al pueblo, los de izquierdas juegan a ser de derechas y los independentistas abriendo embajadas a donde no va ni dios, con el gastazo que eso supone, mientras los yihadistas están preparando su nueva fechoría. Empieza septiembre, que Dios o Alá nos coja confesaos.
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