Siegel, Cataluña & Espanya
Don Siegel, Cataluña & Espanya
José Luis Raya
Todos los lingüistas, historiadores y sociólogos
distinguen y separan los términos Patriotismo y Nacionalismo. El primero
ha sido denostado por la derecha rancia y obtusa, pero que bien entendido
consiste en amar la tierra donde uno nació: su pueblo, su región y su país.
Mientras que el segundo tiende al enfrentamiento y a la confrontación con otras
naciones o regiones. Siempre se van a defender atacando, siempre se van a
sentir atacados y van a desarrollar un victimismo tan infantil como absurdo, en
unos casos, y en otros puede llegar a bochornosos y vergonzosos extremos. La
nación la defienden atacando y por doquier atisban enemigos o posibles ataques
y expolios. Permanentemente están a la defensiva y cualquier gesto amistoso es
susceptible de análisis por malintencionado . Esto es el nacionalismo, al menos
el que tristemente padecemos en este país.
El Simposio España contra Catalunya es un
ejemplo más que ilustrativo sobre lo anteriormente expuesto. Bien podrían
haberse remontado hasta el Paleolítico para incidir sobre la idea del supuesto
machaque que intentan demostrar. Evidentemente se centrarán en tratados y
guerras pasadas como si hubieran ocurrido ayer mismo. Y responsabilizarán a
reyes y dirigentes de su malestar. Es cierto que el Caudillo frenó su lengua -
lo mismo que ahora ellos hacen con el castellano- pero espero que no se les
olvide que allí fue creando un tejido industrial como no se hizo en ninguna
otra región, excepto en Euskadi. Hasta Cataluña subieron miles y miles de
andaluces para sostener y mantener su industria, la que se les había sostenido
y mantenido en la Dictadura.
Una de sus principales digresiones consiste en
tildar de dominante e imperialista al gobierno central, sea cual sea su
tendencia. Pero resulta que ellos son los que les mueve sus ansias
imperialistas y expansionistas, pues su territorialidad no se reduce a sus
cuatro provincias, ni a sus seis millones de habitantes, sino que reivindican
con descarado disimulo los llamados paisos catalans, desde Valencia,
Tarragona, Alicante, norte de Murcia, Baleares y por pedir que no quede el
Rosellón, Corcega, Cerdeña, la Provenza, Perpiñán y Andorra. Menos mal que ya
esto no se consigue con guerras, ni invasiones. Se hace introduciendo, poco a
poco, obedientes y adocenados funcionarios del Régimen en las administraciones
y diputaciones, como está ocurriendo en las Islas Baleares. Todo esto ya lo
vimos en la estupenda película de Don Siegel La invasión de los ladrones de
cuerpos, en la que unos microorganismos procedentes del espacio infestan –
no es lo mismo que infectar- a los habitantes de una ciudad californiana y los
transforman hasta convertirlos en autómatas sin personalidad y obedientes
ciegos de una fuerza superior. Lo terrorífico de todo esto es que pretenden
transformar y contagiar a todos los demás en fieles y leales servidores. Son
seres dirigidos y programadas desde arriba, pero, aparte de transformar a toda
costa a sus semejantes, desconocemos sus objetivos, diluidos en la más
agobiante NADA. Se obvia el paralelismo y la simbología precisamente por lo
obvio.
El engranaje de la infesta del sistema ha ido
funcionando muy bien, incluso los oriundos de otras tierras han sido abducidos,
y observamos absortos cómo nigerianos, andaluces o madrileños, que viven allí,
apoyan y defienden a ultranza el victimismo y el atropello al que han sido
sometidos desde tiempos inmemoriales e inmemorables, sin cuestionarse nada más.
Sin detenerse a pensar que todos funcionamos mejor estando juntos, que no es el
momento de separatismos porque producirían profundos daños económicos y
sociales en ambos bandos, y no están los tiempos como para perder más de lo que
estamos perdiendo. Las clases dirigentes lo saben perfectamente. Se trata de
que el ciudadano abducido mire hacia otra parte e ignore los verdaderos
problemas de su región, esto es el paro y la corrupción, entre otros muchos. Es
lo que hacía el Caudillo, que ponía a
todos los españoles mirando a Gibraltar, así nos tenía entretenidos y se
olvidaban de los graves problemas internos. Esto es lo más preocupante: que el
pueblo catalán siga a sus líderes ciegamente sin percatarse del perjuicio que
nos acarreará a todos, político y económico, empezando por ellos mismos, y que persigan, como los personajes de Don
Siegel unos objetivos oscuros e inciertos, diluidos en la más angustiante NADA.
Y todo por defender una obsoleta idea
romántica y decimonónica, tan absurda como estéril. Los personajes de Don
Siegel caminaban sonámbulos, sin voluntad, sin capacidad para sentir, ni
pensar, ni decidir. Eran seres
totalmente manipulados por una fuerza superior, oscura y siniestra.
* Dos versiones cinematógraficas sucedieron a la de Siegel ( esta es inigualable, por cierto): la del 78 con Donald Sutherland, que estaba magnífico, y la última protagonizada por Nicole Kidman, mucho más flojita.






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