Historias de amor
El
final
...éstas
son las últimas palabras que pronunció Wigfredo cuando la derrota ya se había
consumado:
...Quiero
que sepas...
...que
muy lentamente estoy acostumbrándome a vivir sin ti...
pero
quisiera que me explicaras por qué echo tanto de menos tus besos,
las
caricias y los abrazos que nunca me diste...
Y
aquella mirada desprovista de ternura, y aquel te quiero mudo y helado.
Quisiera
que me explicaras cómo, al despertarme, nublado todavía por la embriaguez del
sueño siento tu piel pegada a la mía. Me gustaría saber cómo se puede seguir
amando cuando ni tan siquiera hay amor, cuando ni tan siquiera lo hubo, tan
sólo un atisbo, un ademán frenado o un roce seco, si acaso.
Cómo se
puede emplear un tiempo, precioso y joven, en planificar una vida para ahogarla
y arrancar hasta la semilla de la ilusión. No es posible seguir queriendo
cuando ya no se puede querer. Es terriblemente absurdo e inhumano. No se
debería sufrir por un amor que ya no existe y que tal vez nunca existió...
4+4=8 + 1= 9
No es
un título convencional, es una suma de números que representan años.
Estuvimos
unidos ocho años, pero me dijiste que sólo los cuatro primeros fueron
auténticos, por lo tanto tenemos que los ocho se pueden dividir entre dos y dan
cuatro, que sumados, obviamente, resultan ocho nuevamente. Y queda un uno
coleando, que lo añado al ocho restante: la adición global es nueve. Este uno
final agregado hace referencia a un período de tiempo (algo más de trescientos
sesenta y cinco días) que, aunque evitable, hubimos de permanecer unidos, que
no sumados, más bien divididos. Y allí estaba yo, manteniendo el tipo ante tu
compostura fría y matemática. Siempre había sido así. Ya no me amabas. La
computadora no estaba programada para seguir queriendo. La calculadora asumió
que sus circuitos no podían seguir compartiendo su vida con un hombre como yo.
Y el día catorce de enero del dos mil, a las veintidós horas cuarenta y cinco
minutos era el momento exacto en que
debías comunicarme que lo nuestro se acabó. La computadora en el fondo
de sus circuitos debería de tener un dato: que dicha información se
transmitiera pasada la Navidad, para que el receptor – antes llamado amado- no
sufriera durante esta época tan... ( te dejo a ti el adjetivo)
Y ahora
releo el título y me parece espantoso, pero siempre hay – cada vez más-
personajes que son amigos de lo novedoso y de lo arriesgado, he tratado de imbricar la forma y el
contenido, esto es, tu forma y tu contenido. ¿O acaso tu respetable pasión por
las piedras y cactus no son sino un reflejo austero de tu rigidez espiritual?
¡Por Dios¡ ¡Qué cambio tan dilapidante ¡ Pero tu recuerdo se asocia a esta
esencia básica, tus colecciones. Y me
mantuve a tu vera, absolutamente ensombrecido por tu delirante beldad,
eclipsado por tus contubernios y por tus delectantes dosis de inteligencia
fulgurosa y por ese talento adoquinado y pragmático, siempre flagelante y
despreciante, sumiso yo a todos tus reproches, doctos y directos, que me caían
insistentemente como jarros de agua fría y lacerante. Son las espinas de tu
desdén, proceroso, fustigante, que ahoga mi mirada mezquina y huidiza. Tus
abrazos cargados de espinas y tus besos fríos como losas, tus piedras y tus
cactus.
Amor,
aún espero una respuesta a tu inclemencia, sigo sentado al filo de una noche negra
y desolada, porque deseo tener la certeza de que, en algún minuto o
insignificante segundo de esos “cuatro más cuatro”, algún atisbo de ternura pudiera asomar a tus
párpados y derramarlo sin insidia sobre mis labios expectantes.
Después
del 9
Tu
ahora incalculado futuro lo vestiste de fúlgido azul cual tu indistinguible
inteligencia, previsora y atenta. Sin embargo, dama errante, continúas perdida,
sin localizar aquello que soñabas indolente, pues tu prestigiosa y vertebral
figura aspirar podía, sin duda, al hombre que tú habías dibujado. Tú misma te
has engañado. Has confiado en exceso en tus dotes, tu buena dotación genética.
Tu estupendísimo talle y tu simpar donaire. Calculaste que cualquier hombre
accedería a tus pretensiones, incólumes, ensimismados por tus encantos, y
volverías a sentir que tu corazón se laminara gozoso; pero criatura ingenua,
caricatura arcaica, los giros del corazón no los controla la mente, ni siquiera
el propio corazón, tus operaciones algebraicas se han diluido en la nada.
Sigues estando sola. Sólo te tienes a ti misma, a tu cuerpo deseable que se
aja, y a tu atroz inteligencia. Sin embargo puedes continuar con tus sueños de
princesa, eso es lo que te mantiene viva. Si alguna vez nos cruzamos, te pido
por favor que me devuelvas los míos.
Último
amor
Has sido la última en
preguntarme “¿por qué te has fijado en mí?” El amor sigue teniendo ese
misterio, que no se resuelve con una sóla respuesta. Ni tan siquiera con mil.
En el seno de tu pregunta está
la solución: En tu inseguridad, en tu mirada lánguida y esquiva. En tus besos y
abrazos.
En tu absoluta integridad y en
tu lealtad. Te quiero porque me quieres aunque no lo digas y porque trato de
sacarle todo su jugo a estos momentos furtivos y fugaces que me ofreces. En
secreto y a escondidas.
Te quiero porque el mañana es
incierto y porque me aferro al presente y al momento como si fuera un segundo
eterno…
Te quiero, porque sin quererlo, te
has colado en mi alma, de puntillas, sin apenas hacer ruido, y por tu triste
sonrisa de congoja y de sufrimientos pasados. Porque necesitas más amor, porque
te quedaste vacía y desolada y quieres llenarte de la vida que te arrancaron de
cuajo.
Porque lo apostaste todo y todo
lo perdiste. Te quiero porque necesito quererte, porque necesito que recuperes
tu alma, perdida y sola. Porque no quiero que derrames más lágrimas negras, y
porque deseo que despejes ese rumbo cubierto de niebla y fango. Y cuando tu
corazón esté dispuesto para dar y recibir amor, si quieres déjame y vuela
porque al fin serás libre. Yo mismo abriré la puerta de la cárcel de amor en la
que estás presa desde hace muchos años. Cuando te vea volar, libre y feliz,
podré abrazarte y sonreír porque al fin tu pena cesó.
Y si decides volver a mí, estaré
frente a ti con los brazos abiertos y el corazón en llamas.
Te quiero porque sé que me
dejarás, porque tus humanos remordimientos te impedirán continuar. Volverás con
él y a la rutinaria seguridad del hogar: Te amo porque eres de esas mujeres que
vuelven con su familia, te dejaste seducir
por un cuerpo maduro y hermoso, pero debes volver, él te espera y no
sospecha nada. Lo hemos llevado con absoluta discreción, demasiado perfecta. Te
veré cruzar la calle junto a él y te miraré sin remordimientos porque yo te
supe amar.
Te supe amar porque no te pedí
nada y porque te dejé volar…





Comentarios
Publicar un comentario